EL HORIZONTE INTELIGENTE.

SI Y NO. La dualidad como cualidad

universal.

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Desde el comienzo de este siglo, la realidad física de nuestro universo ha ido modificándose

hasta ofrecernos un aspecto casi fantasmagórico. Del determinismo de la relatividad,

pasamos al indeterminismo de la mecánica cuántica practicamente sin pararnos a respirar.

El interior del átomo se ha visto invadido súbitamente por cientos de partículas, cuando lo

que se esperaba encontrar era belleza y sencillez. A todo ésto, el comportamiento de la

materia como onda y como partícula, venía a complicar, aún más, el panorama de la física.

Pero esta dualidad manifiesta no es algo aislado, más bien parece que se extiende desde los

cimientos del universo hasta afectar a la totalidad de éste. Con ésto, no pretendemos tratar 

esta cualidad como un hecho banal, sino como algo fundamental en la estructura del

universo. Sin embargo, y a pesar de que la naturaleza nos ha dado innumerables muestras de

la existencia de dos aspectos diferentes que afectan a una misma naturaleza, todavía existen 

luchas acerca de conceptos como: determinismo e indeterminismo, universo finito e infinito,

etc..

Es posible que los conceptos finito e infinito sean utilizados de forma inadecuada, ya que 

generalmente, aquello que no tiene fin aplicado a cualquier concepto, nos da a entender que

tratamos con una cantidad infinita, no sabemos muy bien "cuanto" es infinito, pero es algo 

que no nos entra en la cabeza. Por otro lado, el concepto finito se aplica a todo aquello 

que entra dentro de unos límites más o menos conocidos. Sendos términos son,

aparentemente, irreconciliables. Sin embargo, aplicándolos a conceptos como la materia, la

energía, la temperatura o la velocidad, pretendemos ofrecer una imagen diferente de aquello

que entendemos como finito e infinito. 

Por ejemplo: la dualidad onda-partícula nos presenta dos aspectos diferentes de existencia;

por un lado, la partícula nos da una idea de algo puntual, material, limitado en el espacio y 

afectado por el paso del tiempo; es decir, algo finito. Por otro lado, la onda se nos presenta

como algo sin posición definida, inmaterial, que no ocupa una cantidad de espacio

determinado y no es afectada por el paso del tiempo, por todo ello podríamos definirlo como

algo infinito.

La materia y la energía son otros dos aspectos de una naturaleza única cuya similitud con el 

ejemplo anterior es evidente; de tal forma, que a la materia podríamos considerarla como un

conglomerado de partículas y a la energía como un conglomerado de ondas de fuerza con

frecuencias e intensidades diferentes.

La materia, por ejemplo, puede desaparecer transformándose en energía, lo que la da un

caracter de finita. (E=mc²). En cambio, la energía no puede ser destruida, pudiendo continuar

en este estado indefinidamente, (la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma);

pudiéndose aplicar, al igual que en el ejemplo anterior, el caracter de finito a la materia y de 

infinito a la energía.

La velocidad de la luz es otro concepto al que intentaremos aplicar el término de

finito-infinito. La diferencia es que aquí hablamos de un solo concepto, mientras que

anteriormente hablabamos de dos, pudiendo observar una aplicación más práctica y

diferenciada, pero que en realidad se trataba del mismo concepto manifestándose de dos

formas diferentes. 

Si pensamos en una velocidad de 100 km./hora, en la mente se nos presenta la idea de un

hecho conocido y realizable, es decir, tratamos con un término finito en todos los sentidos.

Sin embargo, en el caso de la velocidad de la luz, aunque el término es bien conocido, nos

encontramos con la imposibilidad de alcanzarla; ya que, según las leyes de la relatividad, al

acelerar un objeto y aproximarnos a dicha velocidad, la aceleración aumenta la energía

cinética de dicho objeto. A velocidades pequeñas dicha aceleración incide directamente

sobre la velocidad del objeto, pero a velocidades próximas a la velocidad de la luz, la

aceleración incide más directamente sobre la masa del objeto. Esto quiere decir que a

medida que lo aceleramos, la masa de dicho objeto se ve incrementada, por lo que

deberemos de aplicar una energía cada vez mayor para acelerarlo, y como predice la teoría

de la relatividad, la masa del objeto en cuestión tiende a ser infinita, anulando toda posibilidad

de alcanzar la velocidad de la luz. 

Para un objeto dicha velocidad no resulta un objetivo alcanzable o finito, sino que resulta

inalcanzable o infinito, a pesar de que podamos estar viajando a una velocidad de 299.900

km./seg. y nos falte una pequeña aceleración para alcanzar nuestro objetivo. (Damos un

valor de 300.000 km./seg para la velocidad de la luz.)

Todo esto sugiere la idea de que aquello que considaramos como infinito, (la energía en la 

que se transformaría la materia en caso de alcanzar la velocidad de la luz), esta situado en 

una dimensión diferente a la conocida, ajeno al paso del tiempo y en un estado contínuo,

(aunque reversible), de energía; pero que se encuentra dentro de unos límites conocidos, 

aunque inalcanzables. Es decir, nos encontramos ante un concepto finito-infinito.

Otro ejemplo aplicable dentro del contexto de lo finito e infinito, es el concepto de

temperatura absoluta, donde sucede algo similar al ejemplo anterior, en el que se observaba

la imposibilidad de conseguir nuestro objetivo. 

En el caso que nos ocupa, al intentar conseguir una temperatura de 0 grados absolutos, nos

encontramos con dos problemas irresolubles. En primer lugar, nos enfrentamos con el

principio de incertidumbre de Werner Heisemberg, según el cual, la posición y la velocidad de

una partícula no pueden ser determinadas simultaneamente y con precisión, manifestándose

siempre una incertidumbre residual; ya que, en teoría, al alcanzar la temperatura señalada, 

los átomos pierden toda energía y permanecen inmoviles. Sus velocidades y sus posiciones

podrían ser determinadas con precisión y el principio de incertidumbre carecería de sentido.

En segundo lugar, en 1.906 el químico alemán Walther Nernst enuncia el tercer principio de

la termodinámica, del cual se deduce que para conseguir el cero absoluto necesitamos de un

esfuerzo contínuo, cualquiera que sea el punto de partida; que es como si estuviésemos a 10

metros de nuestro objetivo y a medida que nos acercamos a él la resistencia se va haciendo

cada vez mayor hasta volverse infinita; lo cual, como es evidente, imposibilita la consecución

de nuestro objetivo. Es por ello que a pesar de que la temperatura de -273,15º C. es bien

conocida, nos encontramos ante un objetivo imposible de conseguir. Pudiendo aplicar,

también en este caso, el concepto de finito-infinito a dicha temperatura.

Si podemos aplicar el término de finito-infinito a conceptos que forman parte inseparable del

universo, es posible que nos encontremos ante una característica implícita aplicable a todos

los conceptos existentes en nuestro universo, e incluso aplicable al propio universo en su

totalidad. 

Podemos observar que el universo no es categórico a la hora de responder a las preguntas 

que se le formulan; si por ejemplo le preguntamos si está compuesto de materia, ¿que

respondería?. Si dijese que sí, nos estaría engañando, puesto que también está formado por

energía, pero al mismo tiempo nos estaría diciendo la verdad, ya que efectivamente, en el 

universo existe la materia. En el caso contrario, si dijese que no, nos estaría engañando,

porque es evidente que está formado por materia, pero por otro lado nos está diciendo la

verdad, puesto que no solo está formado por materia, sino que también hay energía. Es 

evidente que las respuestas que nos ofrece el universo a cualquier pregunta que le

formulemos serán siempre negativas y positivas. De esta forma el universo siempre deja una

puerta abierta a otras posibilidades, a otras preguntas, y a múltiples respuestas.

Esto nos brinda una magnifica oportunidad para poder plantear todo tipo de preguntas al 

universo y tratar de conocerlo mejor. Por ejemplo: ¿el universo es determinista?, sí y no. 

Otra pregunta: ¿el universo es indeterminista?, sí y no. Por lo tanto, nuestro universo es

determinista-indeterminista, dándonos a entender que aunque pueda parecer indeterminado,

en su estructura subyace un funcionamiento determinado aunque oculto para nosotros. En

relación con la velocidad de la luz, las preguntas que podríamos formularle serían: ¿es

constante la velocidad de la luz?, sí y no. Más preguntas: ¿se puede superar la velocidad de

la luz?, sí y no. Aunque pueda parecer que las respuestas a la primera pregunta invaliden la

teoría de la relatividad, esto no es así. Ahora bien, ¿es constante la estructura del

espacio-tiempo?, sí y no. Con ésto queremos decir que la velocidad de la luz siempre es

constante dentro de la structura espacio-temporal a través de la cual se desplaza, o se efectua

la medición; y como al mismo tiempo la estructura del espacio-tiempo no es constante, es

posible que dicha estructura sea un concepto elástico. ¿Que quiere decir ésto?. Imaginemos

que un buen día nos despertamos por la mañana despues de haber tenido un profundo sueño.

Durante la noche, la estructura de la materia, y por tanto, los átomos que constituyen la

estructura de todo el universo, se han modificado hasta tener un tamaño doble que el día

anterior. Las cosas son más grandes: nosotros, la habitación donde nos encontramos, la

propia Tierra y el universo que nos rodea tienen un tamaño doble; y por supuesto, el espacio

que debe de recorrer la luz, y el tiempo que tarda en recorrerlo, es el doble que el día anterior.

¿Nos daríamos cuenta del cambio?. A pesar del aumento de tamaño los dos universos son

iguales, porque aunque el mayor de los dos posea una estructura donde el espacio ha

aumentado hasta el doble, tambien posee una estructura temporal que se ha ralentizado hasta

el doble; por lo cual, sería imposible darse cuenta del cambio. A efectos prácticos podríamos

suponer dos haces de luz que parten de sendos universos al mismo tiempo. Al universo normal

le denominaremos por la letra A, y al universo con un tamaño doble que el anterior por la letra

B. En un momento dado los dos haces de luz parten de cada uno de los universos. Cuando la

luz recorra 300.000 kms. en el universo A, empleando un tiempo de un segundo, en el

universo B habrá recorrido una distancia de 150.000 km. empleando un tiempo de ½

segundo. Al cabo de otro medio segundo, la luz habrá alcanzado los 300.000 kms. en el

universo B, pero como nuestras reglas de medir tienen un tamaño doble y nuestros relojes se

retrasan el doble, no habrá forma humana de comprobar el cambio. Como podemos observar,

la velocidad de la luz es constante en los dos universos, pero si comparamos tanto el espacio

recorrido como el tiempo empleado, podemos observar que son diferentes.

En estos momentos podemos volver a plantearnos la pregunta formulada anteriormente, a 

saber, ¿se puede superar la velocidad de la luz?. Evidentemente sí, puesto que,

comparativamente hablando, en el universo B la luz ha recorrido el doble de distancia que en

el universo A; pero por otro lado, en los dos universos sendas velocidades son iguales, por lo 

que la luz nunca podrá desplazarse más rápida que ella misma.

La elasticidad del espacio-tiempo es consecuencia directa de la elasticidad de la estructura

del átomo, que es como decir que el volumen del espacio-tiempo es consecuencia directa 

del volumen de los átomos que lo constituyen. Pero al mismo tiempo, como dichos átomos

están constituidos por estructuras menores (protones, neutrones, quarks, etc.), se produce

una variación en el volumen de todos y cada uno de los elementos que constituyen dichos

átomos.

Existe cierta similitud entre la dilatación temporal que desarrolla la teoría de la relatividad y

la que exponemos aquí, solo que en este caso la dilatación que se produce es

espacio-temporal. De hecho, la estructura de los átomos se puede modificar por múltiples

factores: como la temperatura, los campos gravitacionales, los campos electromagnéticos,

por la presión, por la velocidad, etc.. De tal forma que la estructura de los átomos es

infinitamente elástica y por lo tanto, también lo es la estructura del espacio-tiempo, ya que,

como hemos visto, lo infinito es algo que está implicito en la estructura del universo, aunque

siempre estrechamente ligado al concepto finito.

El Universo en su totalidad tampoco escapa a la definición de finito-infinito, y no solo ésto,

sino que todos los universos que se adaptan a la definición de finito-infinito existen en el

mismo espacio y al mismo tiempo. Por ejemplo: un universo que nace, se desarrolla y muere a

intervalos más o menos regulares, cuyo ciclo se repite hasta el infinito. Otra posibilidad sería

aquella en la que el universo se encuentra dentro de otro más grande, que a su vez se

encuentra dentro de otro, y así sucesivamente. Otra posibilidad es aquella en la que el universo

contiene otros universos más pequeños en su interior, que a su vez contienen otros universos,

y así sucesivamente.

El ser humano, (y en general, todos los seres animados), también entra dentro del concepto

de finito-infinito. El concepto de finito es trasladable a cada uno de nosotros, que nacemos,

nos desarrollamos y morimos; empezamos y terminamos. Sin embargo, la humanidad, es

decir, la totalidad de los seres humanos, trasciende las individualidades, transformándose 

en un gran ser humano que no nace ni muere, pero que tiene vida propia, evolucionando y 

desarrollándose a medida que pasa el tiempo. La humanidad como concepto infinito es algo

real, ya que nadie podrá afirmar nunca en que preciso instante no existía la humanidad, y en

que preciso instante comenzó a existir; ya que la humanidad es fruto de una evolución y

como tal, era algo que estaba implícito en la estructura del universo.

A pesar de existir infinitos universos, lo más normal es que sólo nos demos cuenta de que

existe el nuestro. Ahora bien, el universo que nos ha tocado vivir y que observamos todos

los dias, ¿es el mismo para todos y cada uno de nosotros?. Si estamos todos dentro del

mismo universo, ¿porqué hay tanto desacuerdo y tanta disparidad de opiniones?. Aquí

intervienen múltiples factores, pero no por ello podemos tratarlos separadamente, ya que

forman un todo íntimamente relacionado e inseparable. Por lo pronto, el universo es un

conjunto de verdades(aquello que nos parece cierto ó verdadero) superpuestas, que al ir

descubriéndolas se transforman en puertas que nos abren el paso a otras verdades. Por otro

lado, dichas verdades no son continuas, es decir, no se manifiestan de forma continua en la

naturaleza, sino que se manifiestan en ciertos momentos, bajo ciertas condiciones. Nosotros, 

mediante nuestras observaciones, provocamos un despliegue de verdades en la naturaleza

que se exponen ante nosotros. Ahora bien, dichas verdades no son absolutas o infinitas, es

decir, no son incuestionables, sino que son relativas, o lo que es lo mismo, discutibles;

aunque también podríamos decir opinables. De tal forma que aquellas verdades que no nos

parecen ciertas las consideramos falsas, construyendo de esta forma la idea que nos hacemos

de todo cuanto nos rodea. Por lo tanto, las verdades de la naturaleza que se despliegan ante

nosotros, dejan de ser verdades para transformarse en verdades y falsedades (aquello que

nos parece cierto o nos parece falso); de entre la cuales, dependiendo de factores como 

nuestra preparación cultural, nuestros medios técnicos, nuestros prejuicios, y otros factores

como los que conforman e integran la personalidad de todos y cada uno de nosotros,

escogemos y con las cuales construimos nuestras verdades, y con las que, en cierta manera ,

nos identificamos. Pero en la medida en que cada uno de nosotros somos diferentes, las

verdades se vuelven limitadas, restringidas; pero no por ello las verdades en las que pueda

creer una persona son mejores o peores que las que pueda creer otra, simplemente es una

verdad incompleta, que forma parte de una verdad mayor y más completa. De tal forma que

el universo que se despliega ante los ojos de una persona, es diferente al que se despliega ante

los ojos de otra, adaptándose a infinitos puntos de vista y transformándose en un universo

diferente ante cada uno de nosotros.

A aquellos que han comprendido las ideas desarrolladas sobre los conceptos finito e infinito,

quizás pueda resultarles relativamente sencillo asociar dichos conceptos como elementos

inseparables o indisolubles. Es posible que ésto sea debido a que estén familiarizados con

conceptos como la materia y la energía, o las partículas y las ondas; pero aquellos otros que

no estén tan familiarizados con dichos conceptos, quizás lo vean desde otro ángulo y se

pregunten, como es que existiendo conceptos o elementos finitos, no existen conceptos o

elementos infinitos independientes. Hay que tener en cuenta que la materia, y los átomos en

particular, están compuestos de elementos y partículas que interaccionan entre sí. Así mismo,

el radio de interacción de las fuerzas que producen es limitado; de tal forma que si

sobrepasamos ciertos límites, la estructura del átomo desaparece. 

Lo que pretendemos hacer no es demostrar que lo infinito no existe (por sí solo), sino dar a 

entender que es algo que no tiene razón de ser, que no tiene sentido. 

Imaginemos por un momento que queremos calentar un objeto hasta una temperatura

infinitamente alta. Para ello debemos comenzar por aplicarle energía en forma de calor, y para

conseguir energía deberemos lograr que cierta cantidad de materia se combustione, deflagre,

se fisione, se fusione, etc.. A mayor necesidad de temperatura, mayor cantidad de materia

deberemos de transformar en energía para aumentar dicha temperatura. Por lo tanto, para

conseguir una temperatura infinitamente alta, deberemos conseguir que toda la masa del

universo se transforme en energía. Esto significa que todo tipo de materia, animada o

inanimada, se tranformaría en energía, ya que en caso contrario, si alguna cantidad de materia,

por pequeña que fuese, no se transformase en energía, sería suficiente para que la temperatura

final alcanzada no llegase a ser infinita. 

Por el contrario, de querer alcanzar una temperatura infinitamente baja, deberemos de lograr

que toda la masa del universo descienda de temperatura, es decir, nadie podría estar ahí,

observando y midiendo como desciende la temperatura del universo, ya que estaría

absorviendo temperatura del universo que le rodea, y le impediría a éste conseguir una

temperatura infinitamente baja.

Otro ejemplo podría ser una línea con una longitud infinitamente larga. Podríamos considerar

a una línea: como una sucesión de puntos espaciales que ocupan un espacio lineal. Teniendo

en cuenta que el universo se compone de puntos espaciales, esta claro que tendríamos que 

aportar todos los puntos espaciales que contiene nuestro universo, para crear una línea

infinitamente larga; porque en caso contrario, nuestra línea dejaría de ser infinita. (Si

sustituimos la palabra: "punto", por la palabra: "átomo", el resultado no variaría.). Es decir, el

universo desaparecería y lo único que existiría sería una línea con una longitud infinita.

Otra cosa ocurriría al intentar aumentar o disminuir el tamaño de un objeto hasta el infinito. En

el caso en el que aumentamos el tamaño de un objeto, podemos observar cómo sus partículas

o elementos constituyentes se alejan unos de otros. Teniendo en cuenta que la separación

entre partículas no puede exceder de cierta distancia, llegaríamos a un límite, que una vez

sobrepasado nuestro objeto se desintegraría o desaparecería en el espacio. Pero aún en el

caso de que podamos evitar que la materia pierda su estructura y se desintegre, nos

encontraríamos con otros inconvenientes. Por ejemplo: al aumentar de tamaño, sus partículas

estarían tan separadas entre sí, que sería imposible observarlo en su totalidad, estudiar su

composición, ó conocer sus cualidades. Pero lo que es aún peor, es que nuestro objeto

ocuparía todo el espacio existente, no pudiendo existir otra cosa que no fuese nuestro objeto;

ya que, como bien hemos indicado, tendría un tamaño infinitamente grande.

Otro tanto ocurriría en el caso de un objeto que disminuye de tamaño. En este caso las

partículas o elementos constituyentes de la materia se aproximan las unas a las otras hasta

fusionarse y transformarse en energía. Pero existen otros inconvenientes, ya que de no

transformarse en energía, las partículas de nuestro objeto estarían tan juntas entre sí, que una

de dos, o desaparecería de nuestro espacio dimensional, ó sería imposible llegar a conocer

alguna característica o cualidad de nuestro objeto. Pero el inconveniente más importante con

el que nos encontraremos, llegará de la necesidad de tener que utilizar toda la masa del

universo para poder disminuir el tamaño de dicho objeto hasta el infinito y conseguir de esta

manera nuestro propósito; ya que al reducir su tamaño debemos de comprimirlo, y para ello

debemos de utilizar toda la masa del universo y todo la energía del universo a modo de

compresor.

Por último, vamos a aplicar la característica de infinito a nuestro universo. En este caso,

podríamos suponer un universo con características infinitas: como el tamaño, la densidad, la

temperatura, etc.. Un universo con un tamaño infinitamente grande, implicaría una densidad

infinitamente alta o infinitamente baja. En cualquiera de los dos casos nos encontraremos con

los mismos inconvenientes que los mencionados en el ejemplo anterior, donde aumentabamos

y disminuiamos el tamaño de un objeto; y no hablemos de la temperatura. 

Como podemos observar, aquello que denominamos infinito no tiene razón de ser, no tiene 

sentido por sí mismo, sino que formará parte inseparable del concepto finito, no pudiendo 

existir una cualidad sin la otra.

Para dar una idea de las cualidades que debería reunir el universo para adaptarse a la

definición de finito-infinito, no bastaría con imaginar, por ejemplo, un universo con un tamaño

infinito pero con una densidad finita. Por el contrario, para que un universo se adapte a la

definición de finito-infinito, deberemos de conseguir que todas sus cualidades se adapten a

dicha definición; es decir, su tamaño debe de ser finito-infinito, su temperatura debe de ser

finita-infinita, así mismo, su densidad debe de ser finita-infinita, etc.. Todas estas cualidades

existen actualmente en nuestro universo, y las iremos descubriendo y desarrollando en su

momento.

Por lo tanto, y a modo de resumen, podemos decir que la dualidad como cualidad universal,

es algo que afecta a la totalidad del universo y a cada una de las partes o conceptos que

contiene; respondiendo si y no a cada una de las preguntas que se le formulan; es decir, lo

negativo y lo positivo esta implicito en cada parte o concepto del universo; y así mismo, cada

parte o concepto posee cualidades finitas e infinitas.

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