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EL HORIZONTE INTELIGENTE. LA PARADOJA DE OLBERS. Volver a la página principal.
CONSIDERACIONES PREVIAS. Para llegar a conocer al Universo junto con todo lo que éste contiene, no basta con estudiar a los objetos en sí, dado que esta forma de observación nos daría una visión muy limitada sobre sus cualidades y características; sino que hay que estudiar a los objetos dentro del contexto en el que se encuentran. Así mismo, los sucesos que ocurran en el interior del Universo, necesitarán encontrarse en el interior de un contexto determinado para que tengan su razón de ser. De tal forma, que por un lado se estudiaría al objeto o suceso en sí, por otro al contexto en el que se encuentran, y por último a la relación existente entre ambos. (Aunque no necesariamente en este orden). Sin embargo, la paradoja de Olbers es un suceso donde la ciencia ha centrado todos sus esfuerzos en estudiar el contexto del problema, prestando poca o ninguna atención al hecho en sí. Así mismo, al estudiar dicho contexto no se han tenido en cuenta todos los factores que entran en juego, por lo que la visión que nos ofrecen es la de un problema que no es tal; pero como veremos más adelante el problema es real, pero el Universo creará los mecanismos necesarios para que sus consecuencias no sean graves. La paradoja de Olbers plantea la problemática del porqué de la noche y del día. Aunque en apariencia pueda parecer que ésta es una cuestión facil de responder, a lo largo de las siguientes lineas comprobaremos que ésto no es así; de hecho es un problema que ha traido de cabeza a los científicos durante casi un siglo. Para aquellos más familiarizados con todo lo relacionado con esta problemática, cabe preguntarles si están satisfechos con las respuestas que les ofrece la ciencia moderna, cosa que sería muy encomiable; pero en ese caso les invito a leer este artículo, quizás al final del mismo puedan pensar que lo que han leído no tiene sentido, o por el contrario extraigan alguna experiencia positiva de todo esto. Pero para eso estamos aquí, para hacerles reflexionar y encontrar, entre todos, el verdadero conocimiento.
LA PARADOJA DE OLBERS EN LA FÍSICA MODERNA. Hacia el año 1.800, cuando todavía no se sabía a ciencia cierta cual era el tamaño aproximado del Universo, comenzó a tomar fuerza la idea de que éste fuese infinito. A pesar de que ésta era una posibilidad a la que se resistían los científicos de la época, todas las pruebas aportadas por éstos indicaban un aumento progresivo del tamaño del Universo, así como de las estrellas que contenía, que parecía no tener fin. En una noche despejada se pueden contar hasta 6.000 estrellas. Con el invento del telescopio hacia el año 1.600, este límite se fue ampliando. Cuando Galileo Galilei dirigió por primera vez su telescopio hacia el cielo nocturno, descubrió una gran cantidad de estrellas nunca antes observadas, y cada nueva mejora realizada en el telescopio provocaba un aumento en el número de estrellas, así como en el tamaño del Universo observable. Todo esto parecía indicar que la cosa nunca se detendría, y que siempre se podrían descubrir nuevas estrellas en un Universo cuyo tamaño aumentaba a golpe de telescopio. Pero este modelo de Universo presentaba ciertas contradicciones, que poco a poco iban a ser puestas en evidencia. Uno de los primeros en hacerlo fue el astrónomo alemán Wilhelm Matthäus Olbers, allá por el año 1.826; dando a conocer lo que más tarde se ha dado en llamar: "La paradoja de Olbers". Para comprender el sentido de esta paradoja el astrónomo partió del siguiente supuesto: el Universo tiene un tamaño infinito, y por lo tanto contiene una cantidad infinita de estrellas, que se encuentran diseminadas en su interior, las cuales emiten energía de forma constante. Como resultado de todo esto, nos encontraríamos ante un Universo donde la energía irradiada por la suma de todas las estrellas sería infinita. Esto significa que el Universo entero irradiaría luz y calor, debido a la enorme cantidad de energía que circula por su interior, y que hechos como la diferencia de luz entre la noche y el día no tendrían lugar. De tal forma que la energía recibida por la Tierra desde el exterior del sistema solar, sería superior a la que recibimos desde el Sol; ya que estaríamos recibiendo la energía de un número infinito de estrellas. Otra consecuencia derivada de este hecho, aparte de someter a la Tierra a un día continuo sin noches, sería que la temperatura de la Tierra se elevaría inexorablemente debido al exceso de energía recibida, lo que impedirá que la vida, en cualquiera de sus formas, se pueda desarrollar sobre su superficie. Por lo tanto, en la hipótesis del Universo infinito debía de existir algún error. Anteriormente, hacia el año 1.784, comenzó a realizarse el recuento de estrellas por regiones estelares. Al principio dicho recuento se realizaba a ojo, y directamente a través del telescopio. Uno de los primeros en diseñar mapas estelares realizados de esta manera, fue el astrónomo británico de origen alemán: Sir William Herschel; para lo cual elegía varias zonas del cielo y realizaba el recuento de estrellas. A pesar de los rudimentarios medios de que disponía, logró descubrir que nuestro sistema solar se encuentra en el interior de un cúmulo de estrellas con forma de lente. A la vista de los resultados, Herschel consideró que las estrellas se encontraban en el interior de un cúmulo finito en extensión (nuestra galaxia), lo cual de momento, alejaba el fantasma del Universo infinito. A partir de entonces las observaciones se fueron refinando. Una vez que se fueron conociendo la distancia que nos separaba de las primeras estrellas, hacia el año 1.838, y posteriormente con el nacimiento de la fotografía, se crearon mapas detallados del cielo con los cuales poder ajustar el tamaño de nuestra galaxia a la realidad. La fotografía facilitaba enormemente la ardua tarea de contar las estrellas a ojo, ya que la zona observada quedaba "congelada" en la foto; con lo que se podía crear un archivo fiable al cual recurrir, para hacer cualquier tipo de comprobación o verificación. Gracias a esta técnica, el astrónomo holandés Cornelius Kapteyn logró calcular con mayor precisión que Herschel el tamaño de la galaxia; considerando en un primer momento que éste era de unas 235 veces superior al de Herschel, para luego aumentarlo hasta el doble de esta cantidad, alcanzando un diámetro de 55.000 años luz y un espesor de 11.000 años luz (algo más de la mitad de las dimensiones reales). Este era el tamaño que tenía el "Universo" hacia el año 1.920; y es precisamente por estas fechas, un siglo despues de que Olbers diese a conocer su paradoja, cuando vuelve a aparecer el fantasma del Universo infinito. Los astrónomos comienzan a descubrir objetos estelares que se encuentran muy alejados, fuera de nuestra galaxia La galaxia de Andrómeda fue el primer objeto estelar, no perteneciente a nuestra galaxia, del que se pudo conocer la distancia que le separaba de nosotros. Por entonces se les conocía como nebulosas, y hacia el año 1.925 el astrónomo americano Edwin Hubble, determinó en 800.000 años luz la distancia que le separaba de nosotros (en realidad se encuentra situada a una distancia de 2.000.000 de años luz de nosotros). Pero ya se conocían un sinnúmero de objetos semejantes a la nebulosa de Andrómeda, y que estaban catalogados como nebulosas espirales, que se suponía debían de encontrarse a distancias superiores, dado que eran objetos que se veían más difusos en el telescopio, que la propia nebulosa de Andrómeda. Otra vez las fronteras del Universo comenzaban a alejarse, y esta vez parecía que la cosa iba en serio. Las distancias ya no se medían en cientos de miles, o millones de años luz, sino en cientos de millones y miles de millones de años luz, en una progresión que parecía imparable. Pero ocurrió una cosa curiosa, al mismo tiempo que el tamaño del Universo aparentaba crecer y crecer sin parar, y descubrirse que las nebulosas que se observaban no eran tales, sino galaxias como la nuestra, se fue forjando lo que sería la solución a los problemas de los astrónomos. Los estudios realizados sobre los espectros de dichas galaxias, indicaban que las más alejadas presentaban un desvío hacia el rojo que no era normal. Esto significaba dos cosas: en primer lugar, cuanto más alejada se encontraba la galaxia, mayor era el desvío hacia el rojo que se observaba en su espectro, y por tanto, menor era la cantidad de energía que recibíamos de ella, y en segundo lugar, significaba que el Universo se encontraba en espansión. Los trabajos realizados en este sentido se deben al astrónomo Hubble, y fueron publicados hacia 1.929. En un Universo en expansión, la energía irradiada por las estrellas, así como el tamaño del Universo, ya no pueden ser infinitos. La energía que recibimos de las galaxias, va siendo menor cuanto más alejadas están, por lo que llegará un momento en que la energía recibida por aquellas más alejadas sea nula; donde ocurre lo mismo que ocurría con el ejemplo del tren y la diana, al que hacíamos referencia en el artículo: "EL UNIVERSO. (1ª Parte)", que la luz no llega hasta nosotros. Así mismo, la expansión postulada por Hubble significaba que el Universo debía de haber tenido un principio en el tiempo; un momento en el cual, la materia que formaría a las futuras galaxias se encontraría concentrada en una especie de esfera de materia y energía (teoría del "Big Bang"); lo que significa que el Universo no pudo existir eternamente. Por otro lado, el tamaño del Universo vendría limitado por la propia expansión de las galaxias, aunque más en concreto por la velocidad de expansión del espacio, que obliga a las propias galaxias a alejarse las unas de las otras, hasta alcanzar una velocidad de recesión igual a la velocidad de la luz; momento en el cual dejamos de recibir información de ellas. Por lo tanto, el Universo tiene un principio en el espacio y en el tiempo, pero no un final espacial ni temporal, a pesar de que pueda parecer que el Universo esté limitado espacialmente. Esto significa que el límite más alejado del Universo, sólo significa el fin del Universo observable. De hecho el Universo real es más grande que el que nos ha tocado observar. Hasta aquí, hemos expuesto de una forma muy resumida, todo lo relacionado con la paradoja de Olbers y el Universo infinito, y a partir de aquí, nos vamos a realizar la siguiente pregunta: ¿Es necesario que el Universo sea infinito en el espacio y en el tiempo, para que un planeta como la Tierra reciba una cantidad de energía tal, que impida el nacimiento y desarrollo de la vida?.
LA ENERGÍA QUE CIRCULA POR EL UNIVERSO. La ciencia ha encontrado la solución a un problema que parecía que no era tal. Pero, ¿y si el problema fuese más real de lo que parece, y la solución ofrecida no sea la más acertada?. Para ir entrando en materia, en primer lugar realizaremos un pequeño experimento imaginario. Vamos a encerrar al Sol y a la Tierra en el interior de un espejo esférico que refleja el 100 % de la energía recibida. Así mismo el Sol se encontrará situado exactamente en el centro de dicha esfera, y ésta tendrá un radio de 5 años luz. Por último, la Tierra se encontrará girando alrededor del Sol, a la misma velocidad y a la misma distancia, y por supuesto, estará rotando sobre sí misma, al igual que lo hace en la actualidad. El experimento comienza en el mismo instante en que la esfera queda instalada alrededor del Sol. Al mismo tiempo éste se encenderá, y comenzará a emitir energía al mismo ritmo y con la misma intensidad que lo hace hoy día. En ese momento la energía irradiada por el Sol comenzará a alejarse de éste a la velocidad de la luz, alcanzará la esfera al cabo de cinco años, se reflejara en el espejo y volverá sobre sus pasos en dirección al Sol, alcanzándolo cinco años más tarde. El recorrido total entre la ida y la vuelta, durará 10 años. Pero en su viaje de vuelta y casi al final, se encontrará con la Tierra, y comenzará a calentarla. En nuestro experimento imaginario, no tendremos en cuenta el recalentamiento que se produciría en un espacio cerrado, por efecto de la acumulación de energía; ya que al estar encerrada de esta manera, la energía saturaría rápidamente el espacio y la temperatura en el interior de la esfera se elevaría al cabo de poco tiempo hasta alcanzar millones de grados. Por tanto la Tierra recibirá: por un lado, la energía del Sol; y por el otro, estará recibiendo el equivalente a la energía emitida por una estrella situada en el exterior de nuestro sistema solar; sólo que en lugar de recibir la energía de dicha estrella cada vez que pase por delante de ella, la Tierra la estará recibiendo en todo momento. Desde el momento en que la Tierra comience a recibir la energía reflejada en la esfera, su temperatura comenzará a elevarse. Al cabo de sólo un día, la temperatura media de la Tierra se habrá elevado hasta los 55 o 60° C. En las zonas más tropicales la temperatura se elevará hasta los 80 o 90° C, y en algunas zonas especificas llegará hasta los 100° C. Al cabo de cinco o seis meses los casquetes polares se habrán derretido casi por completo. El nivel de las aguas se elevará decenas de metros, desapareciendo del mapa la mayoría de las ciudades costeras. La superficie de los oceanos estará tan caliente, que su evaporación se producirá violentamente, generándose tormentas en forma de ciclones con una fuerza inusitada, y descargando decenas de miles de litros de agua por metro cuadrado, al llegar a las plataformas continentales. La mayoría de las especies vivientes desaparecerán, y los únicos lugares donde el hombre tendrá alguna posibilidad de sobrevivir será en las zonas polares, antes cubiertas de hielo. Esta es la imagen desoladora que quedaría de la Tierra, en el caso de que aparte de la energía del Sol, estuviese recibiendo el equivalente a la energía emitida por UNA sóla estrella y de forma constante, desde el exterior de nuestro sistema solar. Si trazamos una esfera con un radio de 10 años luz alrededor del Sol, en su interior se encontrarían unas 35 estrellas, las cuales están enviando constantemente su energía hacia nuestro sistema solar; sin embargo, y contrariamente a lo que cabría esperar, sus efectos sobre la Tierra no es que sean leves, sino que son prácticamente nulos. Nuestro sistema solar se encuentra situado en el interior de una galaxia de proporciones gigantescas. Con forma de disco, tiene un diámetro de 100.000 años luz, cuyo máximo espesor se encuentra situado en el centro del disco galáctico, alcanzando los 20.000 años luz. Contiene alrededor de 100.000 millones de estrellas, las cuales emiten energía de forma constante. Sin embargo, toda la energía que emiten los miles de millones de estrellas que contiene nuestra galaxia, sólo representa el 30 % de la luz que recibe la Tierra durante la noche; del resto, un 20 % corresponde a la emitida por las galaxias dispersas por el Universo, y el 50 % restante se debe a la radiación lumínica generada por nubes que se encuentran situadas en la ionosfera, a una altura de entre 200 y 500 kms., que liberan la energía que han acumulado durante el día, en forma de radiación durante la noche. De tal forma que la energía generada por 100.000 millones de estrellas, sólo sirve para iluminar menos de la tercera parte de nuestras noches. Si ahora se apagasen todas las estrellas de nuestra galaxia, apenas si se notaría la diferencia. Por otro lado, y según estudios realizados sobre la luz emitida por las estrellas, se estima que aproximadamente la mitad de la luz emitida por una estrella se dispersa al cabo de 2.000 años luz de viaje a través del espacio (recuérdese que existen unas 35 estrellas situadas en un radio de 10 años luz, alrededor del Sol). Esto quiere decir que, teóricamente, la energía que recibimos desde las estrellas más alejadas, situadas en el borde opuesto de nuestra galaxia, y a una distancia aproximada de 80.000 años luz, han reducido su intensidad unas 85.000 veces; o lo que es lo mismo, que la luz emitida por dichas estrellas nos llega 85.000 veces más debil que si estuviesen en las proximidades de nuestra sistema solar. Pero estos cálculos deben de contener algún error, ya que de ser ciertos, y dada la cantidad de estrellas que contiene nuestra galaxia, ahora nuestro sistema solar estaría recibiendo la luz directa de mas de 1.000.000 de estrellas. Pero aún debilitándose un millón de veces la energía emitida por cada una de las estrellas de nuestra galaxia, ahora nuestro sistema solar estaría recibiendo la energía directa de 100.000 estrellas, cosa que no es así. (Para hacer estos cálculos partimos de la siguiente suposición: si una galaxia estuviese compuesta por un millón de estrellas, y cada una de ellas envía la millonésima parte de su energía sobre un planeta como la Tierra, la suma de todas las cantidades de energía recibidas desde dichas estrellas, dará como resultado la energía emitida por una estrella situada en las cercanías de nuestro planeta -como si fuese otro Sol-. Sin embargo estos datos los hemos falseado, puesto que recibimos mucha más energía de la cantidad que hemos reflejado, aparte de que cuanto más cerca esté una estrella de la Tierra, mayor será la proporción de energía que ésta reciba). Por otro lado, resulta una contradicción que el interior de nuestra galaxia sea tan oscura, y sin embargo al observar una galaxia lejana, de la impresión de estar inundada de luz. Si observa cualquier fotografía realizada a alguna galaxia situada en nuestra vecindad, podrá comprobarlo. Si pudiésemos observar nuestra galaxia desde la galaxia de Andrómeda, veríamos una galaxia brillante y luminosa, que aparentemente nada tiene que ver con la que observamos desde su interior. Sin embargo, el Universo no acaba en nuestra galaxia. Existen miles de millones de galaxias, dispersas en el interior del Universo que nos ha tocado observar, y cada una de ellas envía su energía hacia nosotros. El Universo tiene aproximadamente, un radio de 12.500 millones de años luz, y contiene alrededor de 100.000 millones de galaxias; las cuales se alejan de nosotros a diferentes velocidades, dependiendo de la distancia a la que se encuentren (recesión de las galaxias). Si tenemos en cuenta que van perdiendo energía a medida que su velocidad de alejamiento aumenta, podríamos saber aproximadamente, cuanta cantidad de energía recibimos de ellas, dependiendo de dicha velocidad de alejamiento. Para ello emplearemos como medidas de referencia, la velocidad de la luz, y el tamaño del Universo. Ahora dividiremos los 12.500 millones de años luz que tiene el Universo de tamaño por 100, de manera que cada una de las cantidades resultantes, corresponderá a un porcentaje de la velocidad de la luz. De forma que a las galaxias más próximas, les corresponderá un porcentaje de entre el 0 y el 1 de la velocidad de la luz; ¿esto que quiere decir?, pues que las galaxias situadas en un radio de 125 millones de años luz, alrededor de la nuestra, se alejan a una velocidad de entre el 0 y el 1 % de la velocidad de la luz.; por lo cual estaríamos recibiendo entre el 100 y el 99 % de la energía que emiten (teniendo siempre en cuenta el debilitamiento de la luz, que se produce con la distancia). De las que se encuentren entre los 125 y los 250 millones de años luz de distancia, estaremos recibiendo entre el 99 y el 98 % de la energía emitida; y así sucesivamente. Teniendo en cuenta que existen aproximadamente, 100.000 millones de galaxias en el Universo, podremos hacer un cálculo aproximado de cuanta energía recibimos de cada una de ellas. Para que se hagan una idea de la cantidad de energía que recibimos del Universo, vamos a calcular la cantidad de galaxias de las cuales recibimos entre el 100 y el 90 % de la energía que emiten, para lo cual sólo tenemos que dividir 100.000 millones entre 10, obteniendo como resultado: 10.000 millones. Esta es la cantidad de galaxias que se encuentran en un radio de 1.250 millones de años luz alrededor de la nuestra, y todas enviándonos su energía casi a plena potencia. La energía que emiten la totalidad de estrellas que contiene el Universo, es descomunal. Algunos científicos han especulado acerca de la posibilidad de que el Universo pueda ser cerrado o abierto. La cuestión aunque no lo parezca, es bastante trascendente. En el caso de que fuese cerrado, la energía emitida por las estrellas que contiene no podría abandonarlo, pudiendo llegar a saturar el espacio con el tiempo y elevar peligrosamente la temperatura de los planetas y materia que contiene. En el caso de que fuese abierto, teóricamente nunca se podría saturar, dado que siempre tendría una puerta abierta hacia el exterior, por la cual la energía podría escapar; disminuyendo el riesgo de saturación. Si la posibilidad de un Universo cerrado fuese cierta, la cuestión estaría zanjada y el Universo terminaría saturándose; siempre y cuando la vida de éste fuese lo suficientemente larga. Por el contrario, si fuese abierto, el Universo podría saturarse o no, dependiendo de las características internas de éste; dado que aparentemente, no existe ningún elemento que nos haga pensar que la energía deba obligatoriamente abandonar el Universo; o por lo menos ningún elemento conocido por la ciencia actual. Pudiendo decirse que la cantidad de energía que podría salir del Universo sería del 50 %, la misma que tendería a quedarse dentro. Con lo que volvemos a lo de antes, si esta cantidad fuese lo suficientemente grande y el Universo durase lo suficiente, terminaría saturándolo igualmente.
LA CURVATURA DEL ESPACIO Y LA RADIACIÓN SOLAR. Todo esto sería intrascendente si realmente se hubiesen tenido en cuenta todos los elementos que entran en juego. Si esto fuese así, podría decirse que el Universo es tal y como lo vemos en la actualidad, y que las características observadas son producidas única y exclusivamente por la energía que circula por las galaxias y el Universo. Sin embargo esto no es así, existe un elemento que aparentemente no ha sido tenido en cuenta: La curvatura del espacio. En su teoría de la relatividad, Einstein establecía la equivalencia entre la masa y la energía a través de su fórmula: E = mc²; la cual establece que la energía posee cierta masa, y por lo tanto, sería afectada por los campos gravitatorios generados por las estrellas; como ya fue comprobado en el año 1.919 por el astrónomo británico Sir Arthur Stanley Eddington al observar como eran desviados los rayos luminosos de una estrella, al pasar cerca del Sol durante un eclipse solar. Los planetas, estrellas, galaxias y todo sistema capaz de crear un campo gravitatorio, tiene la capacidad de desviar la luz emitida por las estrellas. Así un agujero negro curva tanto el espacio sobre sí mismo, que impide que la luz pueda escapar de su campo de gravedad. Esto es debido a la elevada densidad de dicha estrella, que intensifica hasta el extremo su fuerza de gravedad. En el caso de nuestra galaxia, donde la gran mayoría de estrellas que la componen son similares a nuestro Sol, no existe el elemento de la densidad material del ejemplo anterior. Sin embargo, la elevada densidad de estrellas existente en el interior de las galaxias, suple en su conjunto la falta de densidad material de sus estrellas, transformándolas en algo así como agujeros negros de baja intensidad pero con forma de galaxias, donde cada una de las estrellas que las componen van curvando el espacio hasta transformar a las propias galaxias en auténticas jaulas gravitatorias, que impiden que el 90 % de la energía emitida por las estrellas que contiene, pueda escapar de su campo de gravedad. Al contrario que en los agujeros negros, donde la concentración de materia está muy localizada, en el interior de las galaxias, cada una de las estrellas que contiene va curvando el espacio y desviando ligeramente los rayos luminosos que pasan cerca de ella. Ese mismo rayo, cuando pase cerca de otra estrella cercana volverá a desviarse, y así sucesivamente. Al final, los rayos luminosos emitidos por todas las estrellas de una galaxia se curvan tanto, que terminan cerrándose sobre sí mismos, creando una gigantesca jaula gravitatoria que impide que la luz y la energía generada pueda salir de las galaxias. A la vista de las observaciones y pruebas aportadas por la astronomía moderna, y que hemos resumido someramente aquí, Vd. pensará, con toda la razón, que todo esto es un sinsentido; sin embargo es la realidad, y tiene su razón de ser. Me explico: al igual que la materia tiene como componentes básicos a los átomos, la luz tiene como componentes básicos a los fotones, que son como pequeños puntos de energía. Al entrar en los campos gravitatorios de las estrellas, dichos fotones son desviados de su trayectoria merced a la fuerza de dichos campos, como ya explicamos; sin embargo, existe un segundo elemento que entra en juego, y que influye poderosamente en la trayectoria de dichos fotones. Este mecanismo se origina en las mismas estrellas, y gracias a él se pueden explicar hechos como la oscuridad de la noche y la luminosidad observada en las lejanas galaxias. Este mecanismo es: La radiación solar. Todas las estrellas, incluido nuestro Sol, emiten energía en forma de radiación. Un suceso que pone en evidencia la existencia de dicha radiación, es el paso de los cometas cerca del Sol. Los cometas suelen estar constituidos por hielo y polvo. Al acercarse a nuestro sistema solar, un cometa entra en contacto con la radiación emitida por nuestro Sol, lo que provoca que el hielo contenido en dicho cometa comience a derretirse. En condiciones normales, el hielo derretido junto con el polvo que arrastra, tenderían a permanecer cerca del cometa, debido a la fuerza gravitatoria generada por éste; sin embargo, la fuerza de la radiación es tal, que le ofrecerá una fuerte resistencia a su paso, pero al tener menos peso específico, el agua junto con las partículas en suspensión se verán frenadas en su recorrido, generándose las conocidas colas de los cometas, que pueden alcanzar millones de kilómetros de longitud. Al acercarse al Sol, la fuerza de la radiación obligará a la cola del cometa a permanecer siempre perpendicular a la superficie de aquel; de forma que al dar la vuelta completa alrededor del Sol y alejarse de éste, la cola del cometa nunca permanecerá detras del mismo, sino que siempre ira por delante. Esta propiedad de la radiación solar, ha servido a los ingenieros astronáuticos para idear naves espaciales a modo de veleros, con gigantescas velas hechas de finísimo material, que aprovecharían ese viento solar en forma de radiación que emana del Sol, para acelerar dicha nave y explorar nuestro sistema solar. La radiación solar se origina en la superficie del Sol, gracias a la energía que sale del mismo (vease: EL UNIVERSO. 2ª Parte); generando una cantidad de energía, equivalente a la explosión de varios centenares de miles de billones de bombas termonucleares por segundo. Esto genera una continua y tremenda onda expansiva en forma de radiación, que provoca los efectos antes mencionados. La radiación que genera nuestro Sol, así como cualquier otra estrella similar, esta originada por la energía que emana desde su interior, y ésta a su vez, está compuesta por una infinidad de fotones que son, como ya dijimos, pequeñísimos puntos de energía que poseen cierta masa. Un fotón es como un minúsculo proyectil que se desplaza a 300.000 kilómetros por segundo. A escala humana son prácticamente indetectables e inofensivos; ya podemos estar tumbados en la playa todo el tiempo que sea, que no notaremos el impacto de ninguno de ellos; sin embargo a pequeña escala es diferente. El principio de incertidumbre de Heisemberg establece que por el sólo hecho de intentar conocer la realidad, estamos cambiándola. Como ejemplo utiliza a un electrón del cual necesitamos conocer su dirección y velocidad, pero para ello es necesario lanzarle un fotón, de esa manera podremos "verlo" y conocer dichos parámetros. Pero al hacerlo estamos cambiando la realidad del electrón; ya que el fotón debera de impactar en dicho electrón, y este hecho modificará instantaneamente su dirección o su velocidad. De este hecho se deduce, que si un fotón puede impactar contra un electrón y desviar su trayectoria, tambien podrá impactar contra otro fotón y desviarle de la suya; pero nunca podrá variar su velocidad, dado que la velocidad de un fotón siempre es constante (la velocidad de la luz). Si esta cualidad de los fotones la aplicamos al Sol, podremos observar que la colosal cantidad de energía que genera, está formada por fotones que se comportan a modo de proyectiles, que impactan contra los fotones emitidos por otras estrellas, apartándolos de su trayectoria e impidiendo que la mayoría de ellos penetre en el interior de nuestro sistema solar. De esta forma el 99,9 % de la energía que recibe la Tierra en su recorrido alrededor del Sol, es la que recibe de éste, y desde el exterior de nuestro Sistema Solar no recibimos prácticamente energía, porque ha sido rechazada por la energía en forma de fotones emitida por el Sol. Este es el motivo por el cual existen la noche y el día. La energía emitida por el Sol, crea una presión de dentro hacia afuera de nuestro sistema solar, que se denomina presión de radiación. Esta presión no sólo impide el paso a la mayor parte de la energía emitida por otras estrellas, sino que tambien impide que partículas con el tamaño de unas micras y menores, puedan entrar en nuestro sistema solar. La energía así rechazada por nuestro sistema solar, recibe el mismo trato al acercarse a cualquier otra estrella, por lo que la mayoría de la energía emitida por éstas se dedica a recorrer el espacio interestelar, hasta salir de nuestra galaxia; siendo la propia presión de radiación generada por la suma de todas las estrellas que contiene, la que obliga a la mayor parte de la energía generada en su interior a salir, y dar a nuestra galaxia las características de brillo y luminosidad observadas. Si no existiese esta presión de radiación, nuestra galaxia, al igual que las otras, se saturaría de energía al cabo de sólo algunas decenas de años. Los efectos de dicha presión superará con creces a los generados por la gravedad de las estrellas, que tienden a atraer a la energía. Por otro lado, la onda expansiva generada por todas las estrellas que contiene una galaxia, provoca una segunda y más grande onda expansiva en el exterior de ésta, que impide que la mayoría de la energía emitida por otras galaxias pueda entrar en el interior de la nuestra, por lo que dicha energía circulará por el espacio existente entre las galaxias, y recorrerá todo el espacio hasta alcanzar el borde del Universo y salir de él, generando una tercera onda expansiva. (Vease: EL UNIVERSO. 2ª Parte). Por lo que el Universo deberá ser, necesariamente, un Universo abierto, para poder dar salida a toda la energía generada en su interior. Hemos estudiado el suceso en sí, el contexto en el que se encuentra, y a la relación existente entre ambos, procurando tener en cuenta todos los factores que entran en juego.
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