|
EL HORIZONTE INTELIGENTE. LA TIERRA Y SU NÚCLEO. Volver a la página principal.
CONSIDERACIONES PREVIAS: Al crear estas ideas, hemos iniciado un camino que se aleja de la física, tanto clásica, como moderna, donde trataremos de dar una visión diferente de la realidad que nos pueda ofrecer, los conocimientos acumulados por la física actual. Sin embargo, y por su propia naturaleza, EL HORIZONTE INTELIGENTE no contradice los principios fundamentales de la física, sino que se complementa con ellos, ampliando la interpretación que podamos hacer de los mismos y hacerlos, si cabe, aún más universales. Este alejamiento se ha ido haciendo perceptible en los dos primeros temas desarrollados. Pero es quizás, a partir de ahora, cuando el alejamiento se haga más palpable y las conclusiones obtenidas sean más dificiles de entender y de aceptar. Lo único que puedo aconsejarles es que lo lean, lo mediten y que extraigan sus propias conclusiones. Hagan un ejercicio de meditación y de libertad, pero sobre todo, disfruten del viaje. LA TIERRA SEGÚN LA CIENCIA ACTUAL: Las hipótesis más modernas apuntan hacia la idea de que la Tierra se formó a partir de un remolino de polvo y de gas, el cual se encontraba junto a otros remolinos, que a su vez, formarían los otros planetas de nuestro Sistema Solar, y en el centro de todos ellos se encontraría el remolino que formaría al Sol. A partir de dichos remolinos comenzaría a condensarse la materia. Primero se crearían pequeños conglomerados de materia, en forma de rocas, con los que se crearían campos gravitatorios de cierta intensidad, los cuales irían atrayendo la materia en forma de polvo y gas situada a su alrededor. A partir de aquí se va generando el proceso de formación del planeta o estrella en sí, por medio de la acreción de materia. Por otro lado, y según estas hipótesis, el proceso que origina a los planetas, estrellas, y así como al propio universo, produce calor. El proceso al completo sería más o menos el siguiente: el remolino de polvo y gas comienza a contraerse a causa de los campos gravitatorios generados, lo que produce un aumento de la temperatura del conjunto, que iría creciendo a medida que el remolino se va condensando. Asi mismo, la temperatura de dicho conjunto no sería homogénea, sino que se incrementaría a medida que nos acercamos a su núcleo, donde la presión sería mayor que en el resto del remolino; ya que, según estas hipótesis, a mayor presión, mayor temperatura. A medida que va condensándose la materia , el planeta o estrella va creciendo y tomando forma, aumentando su temperatura interior. Éste es un proceso que acompaña a la creación de planetas y estrellas en general, pero que dependiendo de las características y constitución de cada remolino, genera un tipo de estrella o planeta diferente. En el caso de la Tierra, el calor que se originó en un principio a causa de las fuerzas gravitatorias, se ve continuado gracias al calor generado por los elementos radiactivos que se encuentran en su interior. Y así es como ha llegado hasta nuestros dias. En la actualidad, y gracias al desarrollo científico y tecnológico alcanzado, podemos conocer una gran cantidad de información sobre la Tierra o el Sol, así como de sus características. Aunque no toda la información que se ha adquirido se ha realizado de forma directa. Esto quiere decir, que dicha información se ha podido adquirir directamente, por medio de la observación, o de forma indirecta, por medio de la deducción, aunque en algunos casos podemos hablar de suposición. Por ejemplo: por medio de la observación podemos conocer la distancia Sol-Tierra, la forma de la Tierra, su tamaño, la longitud de la circunferencia que pasa por su ecuador, su masa, sus velocidades de traslación y de rotación, etc. Sin embargo, cuando se trata de conocer detalles sobre su constitución interna o su composición, nos encontramos con la imposibilidad de adquirir la información de forma directa. En el caso del Sol, por ejemplo, a falta de otras hipótesis que expliquen mejor su constitución interna, o su composición, deducimos o suponemos que esta compuesto en su mayoría de hidrógeno y de helio; que su núcleo, gracias a la enorme presión a la que está sometido, se encuentra a una temperatura aproximada de 15.000.000° C, temperatura suficiente para iniciar las reacciones nucleares, que producirán la energía necesaria para transformar al Sol en una estrella incandescente, con una temperatura superficial de 6.000° C, tal y como lo conocemos en la actualidad. Pero en realidad, lo único que conocemos sobre su constitución, por medio de la observación directa, es su temperatura y su constitución superficial, el resto, como dijimos, solo puede ser deducido o supuesto. En el caso de la Tierra, el calor generado en su núcleo produce corrientes térmicas que recorren su interior y terminan saliendo al exterior, creando volcanes y expulsando materiales a altas temperaturas. Por otro lado, se sabe que a medida que se desciende en dirección al núcleo de la Tierra, la temperatura va en aumento. Por todo lo cual, se deduce o supone que el centro de la Tierra debe de ser el punto más caliente de la misma. De hecho, se piensa que en el núcleo de la Tierra se pueden alcanzar temperaturas del orden de 5.000° C. En este caso, al igual que ocurría con el Sol, partimos de unos hechos conocidos en la superficie de la Tierra, para deducir o suponer, su constitución interna. (Hay que tener en cuenta, que a pesar de estar situado sobre la Tierra, el hombre no ha podido descender a más de 4 kms. a través de su superficie terrestre, o a más de los 11 kms. de profundidad que tienen las Fosas Marianas, situadas en el Oceano Pacífico; y que la única información que podemos adquirir del interior de la Tierra, es la que recibímos a través de las ondas sísmicas que la atraviesan y que son detectadas por la extensa red de sismógrafos existente a lo largo y ancho de su superficie). A continuación, les daremos algunos detalles acerca de las principales características de la Tierra, como su tamaño, su masa, etc.; de esta forma se harán una idea aproximada del objeto del que vamos a tratar. La Tierra no es una esfera perfecta, es un geoide de revolución, (esto quiere decir, que es una esfera deformada debido a su movimiento giratorio), aunque teniendo en cuenta su tamaño, puede decirse que las diferencias son mínimas; ya que si tomamos los 6.378,4 kms. de longitud de su radio ecuatorial y le restamos los 6.356.9 kms. de su radio polar, podemos comprobar que los 21,5 kms. que quedan, afectan mínimamente a su esfericidad. Su diámetro medio es de 12.735,2 kms.. Con un volumen de 1.083.000.000.000 kms.³, posee una masa de 5,976 x 10²¹ toneladas, o lo que es lo mismo, 5.976 trillones de toneladas. Esta enorme masa comprime su núcleo hasta alcanzar una presión de 3.500.000 atmósferas, ( la presión existente a nivel del mar es de una atmósfera), una densidad de unos 17 gr/cm³, y una temperatura, como ya señalamos, de unos 5.000° C. Podríamos continuar indefinidamente ofreciendo datos acerca de la Tierra y su constitución, pero nuestro objetivo no es ese. Lo que pretendemos hacer, es poner en tela de juicio, no ya la existencia de calor en el interior de la Tierra, ya que esto es indiscutible, sino la idea de que las altas presiones existentes en su núcleo generen calor. Y la tarea no es facil, ya que éste es uno de los pilares sobre los que se apoya la astrofísica moderna, puesto que a partir de dichas hipótesis se explica el funcionamiento del Sol, (donde la enorme presión existente en su núcleo produce altísimas temperaturas y provoca reacciones nucleares, como ya vimos), el nacimiento y expansión del universo, (a partir de un huevo cósmico de densidad y temperatura infinitamente altas, que explotó y comenzó a expansionarse hasta llegar a ser lo que és en la actualidad), o el calor existente en el interior de los planetas. (Como es el caso de la Tierra). Para que se hagan una idea acerca de las razones que nos inducen a pensar que dichas hipótesis no son correctas, lo primero que vamos a hacer es explicar los conceptos de calor y temperatura. CALOR:- El calor es una forma de movimiento vibratorio que se produce a nivel molecular y atómico. Dicho movimiento está en proporción directa con la temperatura de la materia, de forma que a mayor temperatura, mayor movimiento vibratorio. De esta forma, al calentar cualquier cantidad de materia, las moléculas que la componen aumentan sus movimientos vibratorios. En el caso de los sólidos, al aumentar su temperatura, la intensidad de los movimientos vibratorios de sus moléculas se incrementa, rompiendo las uniones existentes entre ellas y fundiéndose, pasando al estado líquido. Este es el estado de la materia donde las uniones moleculares son más fuertes y necesitan de una mayor temperatura para romperse. Por supuesto, hablamos de la mayoria de sólidos que se encuentran en este estado a temperatura ambiente. En el caso de los líquidos, al ser un estado fluido, las uniones moleculares no tienen apenas consistencia, pudiendo decirse que se mantienen unidas gracias a que están contenidas en un recipiente en las que se aglutinan merced a la fuerza de gravedad; por lo que necesitarán de una menor temperatura para romper los débiles lazos que las unen y pasar al estado gaseoso. Aunque según la física actual, sería más correcto decir que se transforma en vapor. En el estado gaseoso no se observa ninguna transformación física, como las observadas en los dos casos anteriores. El hecho más conocido que se produce por efecto del aumento de su temperatura, es el aumento de volumen, donde es posible apreciar con mayor facilidad el efecto del calor. Dicho aumento de temperatura provoca el aumento del espacio que ocupa cada molécula, ya que sus vibraciones las obligan a chocar con sus vecinas y apartarlas, por así decirlo, de sí mismas; obligando al gas a ocupar un mayor espacio. Este es, a grosso modo, lo que la ciencia entiende actualmente por el concepto de calor. TEMPERATURA:- Al medir la temperatura de un cuerpo, lo que hacemos es, simplemente, medir la cantidad de movimiento que poseen sus moléculas. Antes de continuar con la exposición de estas ideas, queremos dejar bien claros algunos puntos respecto a lo que es el calor. Primero: no existe calor sin materia, estos dos conceptos no se pueden disociar. Es decir, el vacio más absoluto no puede generar, absorber o transmitir calor; y segundo: la temperatura de un cuerpo está directamente relacionada con la cantidad de movimiento que poseen sus moléculas, existiendo un relación estricta entre la una y la otra; de forma que no se puede elevar la temperatura de un cuerpo, ni obtener calor del mismo, a menos que el movimiento de sus moléculas se incremente. Por otro lado, tambien queremos aclarar que en muchos libros, o incluso aquí, quizás podamos oir hablar de materias sólidas, líquidas o gaseosas, como si fuesen tipos de materia diferentes. Sin embargo, esto no es muy correcto; ya que todos los diferentes tipos de materias existentes, (léase, elementos de la tabla periódica y sus combinaciones), son susceptibles de alcanzar cualquiera de los tres estados citados. Para ello, solo es necesario elevar o disminuir su temperatura. Por ejemplo: a una temperatura de 6.000° C, toda materia se encuentra en estado gaseoso. En el extremo opuesto, a una temperatura cercana a los cero grados absolutos, (-273,15° C), toda materia se encuentra en estado sólido, ya sean líquidos o gases. Entre estas dos temperaturas, todos los diferentes tipos de materia pasan por los tres estados, pero hay que tener en cuenta que no todos los materiales absorben de igual manera el calor, y por lo tanto, cambian de estado a diferentes temperaturas. El que ciertas materias las hayamos conocido en estado sólido, líquido o gaseoso, depende única y exclusivamente de las condiciones de presión y temperatura existentes sobre la superficie de la Tierra, y más concretamente, de las citadas condiciones que se den en cada latitud. Y ahora sí, vamos a retomar el hilo desde el principio de la creación de la Tierra y poner en tela de juicio algunos aspectos importantes sobre las hipótesis existentes al respecto. Imaginemos un enorme remolino de materia que está compuesto de polvo y de gas, y que por efecto de las fuerzas gravitatorias comienza a contraerse lentamente. Al contraerse, la materia se comprime, aumentando de presión y temperatura. Ahora bien, las fuerzas que entran en juego son las que producen, única y exclusivamente, las moléculas que componen dicho remolino, que se van condensando y creando nuestro planeta; es decir, es un sistema de fuerzas autosuficiente. Si lo que tratamos de hacer es comparar los efectos que se produce en este sistema de fuerzas, con los que se producen en el interior del cilindro de un compresor, estamos cometiendo un grave error. Por lo pronto, cuando se comprime un gas por medio de un compresor, el gas se encuentra recluido en el interior de un cilindro. Al mismo tiempo, un pistón le obliga a comprimirse, lo que provoca el recalentamiento del gas; es decir, el gas se sobredilata. Pero al producirse este hecho, el gas comprimido y recalentado no permanece de forma comprimida, sino que haciendo presión sobre las paredes del cilindro y del pistón, obligará a éste a recuperar su posición inicial. Es decir, en estas condiciones, al comprimirse el gas, se sobrecalienta, ofreciendo una resistencia creciente a ser comprimido, y por tanto, ejercerá una presión hacia el exterior del mismo, mayor que la que realizaría si estuviese frio. Si lo vemos desde la perspectiva de las moléculas, podremos observar estos hechos más en detalle. Las moléculas que forman dicho gas se encuentran a presión y temperatura ambientes al entrar en el cilindro. En este momento, el gas se encuentra en equilibrio, ya que la presión que el gas realiza contra las paredes del cilindro es nula; es decir, se encuentra en reposo. El volumen que ocupa dicho gas vendrá determinado por el movimiento vibratorio de sus moléculas, en relación con la temperatura del mismo. Si comenzamos a comprimir dicho gas por medio del pistón, su equilibrio desaparece, (Ver, "COMO SUPERAR LA VELOCIDAD DE LA LUZ: Sistemas de fuerzas en desequilibrio"), ejerciendo presión sobre las paredes del cilindro. Pero sus moléculas, lejos de disminuir su movimiento vibratorio, lo aumentan, ya que éstas se han recalentado; lo que provoca que el volumen que el gas tenía inicialmente estando en reposo, aumente ostensiblemente. Es decir, que el volumen real del gas, a pesar de encontrarse comprimido, es superior al que tenía en un principio, produciéndose un efecto rebote que obligará al pistón a volver a su posición inicial, una vez que alcance el final de su recorrido. Pero aún en el caso de que el gas no se recalentase, el resultado sería muy parecido. El único modo de conseguir que el gas redujese su volumen, sería consiguiendo que disminuya el movimiento de sus moléculas; y ésto solo se consigue, disminuyendo su temperatura, es decir, enfriándolo. Como vemos, el sistema de fuerzas que se produce en el interior de un compresor no es autosuficiente, ya que el gas se comprime por un medio ajeno a él mismo. Las leyes que rigen en el interior del remolino que originó a la Tierra, son las mismas que rigen en el interior de un compresor. Sin embargo, son dos procesos donde las condiciones de partida son diferentes, y por lo tanto, el resultado final será diferente; aunque en estos dos casos en particular, podemos decir que los resultados serán totalmente opuestos. Por un lado, el remolino que originó a la Tierra está en movimiento; es decir, es un sistema de fuerzas dinámico, y que al tener como resultado una esfera en movimiento, obtenemos como resultado un sistema de fuerzas en equilibrio dinámico; (Ver: "COMO SUPERAR LA VELOCIDAD DE LA LUZ: Sistemas de fuerzas en equilibrio dinámico"); esto es, un sistema de fuerzas autónomo que evoluciona y se transforma, alcanzando el más alto grado de equilibrio posible. Por otro lado, el gas introducido en el interior del cilindro de un compresor, no posee movimiento propio; es decir, es un "Sistema de fuerzas en equilibrio estático", el cual se desequilibra al accionar el pistón; transformándose en un: "Sistema de fuerzas en desequilibrio". La misma resistencia que ofrece un gas a ser comprimido por un pistón, es la que ofrecería un remolino compuesto de moléculas de polvo y/o gas, que se recalienta al ser comprimido por efecto de las fuerzas gravitatorias; ya que llegará un momento en que la temperatura de dichas moléculas será tal, que su movimiento vibratorio impedirá que el remolino continúe comprimiéndose, produciéndose un efecto rebote que dilatará a dicho remolino, aumentando su volumen hasta que se enfrie, y vuelta a empezar. Si tenemos en cuenta que dicho remolino no dispone de un pistón que le obligue a comprimirse, y que a sí mismo, las fuerzas gravitatorias que se producen, dependen única y exclusivamente de las fuerzas generadas por las moléculas que lo componen, podemos comprobar que no habrá forma humana de condensar dicho remolino mientras esté caliente, ya que no se pueden sacar fuerzas de donde no las hay. Por otro lado, las fuerzas gravitatorias son generadas por la totalidad de moléculas que forman dicho remolino, y si estas, por medio de su movimiento vibratorio, impiden el aumento de densidad del remolino, éste no podrá generar las fuerzas gravitatorias necesarias para continuar comprimiendose; ya que, como se ha comprobado, los sistemas gravitatorios más densos son los que producen los campos gravitatorios más intensos, como ocurre con las estrellas de neutrones y los agujeros negros. A modo de analogía, podemos imaginar una caja de velocidades donde muchos engranajes pequeños, (las moléculas), mueven a uno grande, (la fuerza gravitatoria). Si los engranajes pequeños giran despacio, el grande girará despacio; por lo tanto, el grande nunca podrá girar más deprisa de lo que le permitan los pequeños, que son los verdaderos generadores de fuerzas. La inercia de los sistemas de fuerzas, tambien es un elemento importante a tener en cuenta a la hora de analizar lo que ocurre dentro de los citados remolinos. Y más, teniendo en cuenta que la inercia genera calor. Ahora bien, aunque la definición de inercia la aplicamos normalmente a la relación existente entre masa y movimiento, creemos que es una definición insuficiente, que habría que aplicar a cualquiera de las constantes físicas características de la materia. De esta forma, la definición de inercia quedaría como sigue: resistencia que ofrece la materia a variar cualquiera de sus constantes físicas; ya sea su velocidad, dirección, temperatura, masa, volumen, densidad, así como a ser atravesada por una corriente eléctrica o variar cualquiera de sus características magnético-eléctricas, etc.. Así mismo, cualquier intento de variar dichas constantes genera calor, al igual que un cable de cobre al ser atravesado por un corriente eléctrica, o como en el caso de un gas que se comprime en el interior de un compresor. Por otro lado, las leyes de la inercia solo son aplicables a los sistemas de fuerzas en equilibrio estático y en desequilibrio, no obedeciendo a dichas leyes los sistemas de fuerzas en equilibrio dinámico, ya que estos sistemas de fuerzas son autosuficientes, de forma que son ellos mismos los que generan las propias fuerzas que les modifican, al contrario que ocurre con los sistemas de fuerzas en equilibrio estático y en desequilibrio, que dependen en exclusiva de los estímulos exteriores para modificar sus constantes físicas. Por lo tanto, si la temperatura de un remolino de polvo y/o gas que se comprime aumenta, se incrementa la resistencia que ofrece a variar sus constantes físicas; es decir, aumenta su inercia, e igualmente, su resistencia a ser comprimido. (Al igual que un cable que se ha calentado en exceso ofrece una mayor resistencia a ser atravesado por la corriente eléctrica). La inercia total del sistema de fuerzas en forma de remolino debe de disminuir, y para ello, la temperatura total del sistema debe de descender. De esta forma, el movimiento vibratorio de las moléculas de dicho sistema disminuye, permitiendo que el volumen del mismo disminuya, comprimiéndose y aumentando de densidad. Un sistema de fuerzas en equilibrio dinámico posee una estructura organizada, capaz de generar campos de fuerzas cuyas características serán diferentes a las de los elementos que lo componen. En el caso de un remolino de polvo y/o gas, las moléculas que lo constituyen generan un campo gravitatorio que facilita la compresión del mismo, permitiendo que los movimientos vibratorios de sus partículas disminuya y descienda su temperatura. A su vez, al disminuir dichos movimientos, las moléculas permiten el aumento de densidad del remolino, que a su vez, intensifica la fuerza de su campo gravitatorio, creándose un circuito cerrado en el que todos los esfuerzos realizados van encaminados a equilibrar el sistema. La inercia de este tipo de sistemas tiende a ser nula. Son sistemas organizativos dinámicos donde el tiempo transcurrido entre una acción y su reacción se anula; es decir, en un sistema de fuerzas como nuestro remolino, donde existen dos tipos de fuerzas que interaccionan entre sí, como son: por un lado, las que generan cada una de las moléculas que lo componen, y por el otro, el campo gravitatorio que genera el conjunto de moléculas, o lo que es lo mismo, la totalidad del remolino, el tiempo que tarda cada una de las fuerzas en reaccionar ante los estímulos de la otra, tiende a desaparecer. ( Les recordamos que la inercia de un objeto viene determinada por la cantidad de tiempo que se necesita para modificar alguna de sus constantes físicas, de forma que a mayor cantidad de tiempo, mayor será la inercia de dicho objeto). Por lo tanto, podemos decir que la comunicación entre las diferentes partes del sistema aumenta en rapidez, hasta tal punto, que todo el conjunto se pone en comunicación directa y reacciona instantáneamente ante los estímulos que se producen en su interior. Al final, todos los esfuerzos producidos por este sistema, irán encaminados a equilibrar su volumen, su densidad, su presión interna, su temperatura, y su velocidad angular, generando con el tiempo un planeta, como es la Tierra. Una vez que se forma la Tierra, su núcleo alcanza una presión de 3.500.000 atmósferas. A esta presión, las moléculas se encuentran tan juntas y hacen tanta fuerza las unas contra las otras, que impiden todo movimiento vibratorio; es decir, desaparece el espacio físico necesario para que puedan vibrar y generar calor, ya que para poder generarlo, las moléculas necesitan de cierta cantidad de espacio. Como se ve, son muchas las razones que nos inducen a pensar que el núcleo de la Tierra está frío. Ahora bien, en el interior de la Tierra se genera calor, no en su núcleo, pero se genera calor, y eso es lo que vamos a intentar explicar ahora. En la revista Nature del mes de julio de 1.996, apareció un artículo firmado por dos sismólogos norteamericanos: Paul Richards y Xiadong Song. En él se hacía referencia a nuevos descubrimientos sobre la estructura interna de la Tierra. Después de estudiar durante varios años las ondas sísmicas que atraviesan la Tierra, y el tiempo que tardan en llegar a ciertos lugares, llegaron a la conclusión de que el núcleo de la Tierra gira independientemente del resto de la misma. Avanza en el mismo sentido que lo hace la Tierra, pero su velocidad es algo superior. Se ha especulado mucho acerca de esta velocidad, pero el hecho es que el núcleo de la Tierra gira a diferente velocidad que el resto, y ésto, produce una fricción entre las dos partes. El que el núcleo recorra en un año, 20, 10, o 5 kms. más que su superficie, es importante, pero no para el resultado final. El núcleo de la Tierra es una esfera sólida que tiene 1.220 kms. de radio, la longitud de su circunferencia es de 7.665 kms., por lo tanto, tiene una superficie de 18.703.829 kms². Toda esta superficie rozándose contra el resto de la Tierra genera fuertes campos magnéticos y eléctricos. A pesar de que la diferencia de velocidades es escasa, hay que tener en cuenta que su superficie está sometida a una presión de 3.000.000 atmósferas, transformándose en un efecto multiplicador de la fricción producida. Lo cual, genera el campo magnético-eléctrico necesario para calentar la zona que rodea a dicha esfera y que denominamos núcleo externo, situado entre los 1.220 y los 3.480 kms. alrededor del núcleo; ya que el calor generado no puede ir en dirección a dicho núcleo, debido a las altas presiones existentes, sino que buscará el camino más facil, donde las presiones sean menores y las moléculas tengan más espacio libre para poder vibrar, es decir, hacia la superficie de la Tierra. Por otro lado, la temperatura del núcleo de la Tierra es muy baja, siendo muy posible que la temperatura alcanzada lo transforme en un enorme superconductor, debido a las fuertes corrientes magnético-eléctricas generadas. (Recordemos que está compuesto de hierro y de niquel). Así mismo, su baja temperatura contribuirá poderosamente, para que no aumente su temperatura a causa de la fricción generada en su superficie. Así mismo, el núcleo de la Tierra no es como un cubito de hielo, que se derrite al calentarlo. Un cubito de hielo obedece a las leyes de la inercia y se dejará afectar por los estímulos exteriores. Por lo tanto, la temperatura de un cubito de hielo no es algo que le pertenezca, sino que es algo que le ha sido otorgado, ya que el frío que le transformó en un sólido le vino del exterior; es decir, que el cubito de hielo no genera su propia temperatura, sino que solo la mantiene. Sin embargo, el núcleo de la Tierra está generando contínuamente su propia temperatura, impidiendo que el calor generado debido a la fricción, le pueda afectar. En estas condiciones, la imagen de la Tierra quedaría de la siguiente forma: una esfera central, a la que denominamos núcleo interno, con un radio de 1.220 kms., y que gira independientemente del resto de la Tierra. Está constituido principalmente por hierro y niquel. Su temperatura hay que situarla muy por debajo de los cero grados centígrados, lo que le transformará en un enorme superconductor. Un núcleo externo situado entre los 1.220 y los 3.480 kms. alrededor del núcleo central, constituido principalmente, aunque en una proporción menor que en el núcleo interno por hierro, y una temperatura que se podría situar entre los 3.500 y 4.000°C. Una capa que rodea al núcleo externo que denominamos manto inferior y que posee un espesor de de 1.900 kms. aproximadamente. Alrededor de éste, y con un espesor aproximado de 970 kms., se encuentra el manto superior. Y por último, la corteza terrestre, con un espesor de unos 33 kms.. Como vemos, la estructura interna de la Tierra cambia, y lo hace de tal manera que podríamos decir que el enfriamiento de los polos podría verse influido, en gran medida, debido a la forma en que el calor es generado en su interior. Es decir, al igual que la Tierra gira sobre sí misma alrededor de un eje polar, su núcleo lo hace alrededor de su propio eje, el cual se encuentra casi alineado con el eje polar de la Tierra. De esta forma, el ecuador de la Tierra se encuentra casi en el mismo plano que el ecuador de su núcleo, lo que provoca que la mayor cantidad de calor generado se produzca en dicho ecuador; ya que la velocidad tangencial del núcleo de la Tierra, es mayor en su ecuador que en el resto de su superficie, y por lo tanto, la fricción es mayor. Así mismo, la mayoría de volcanes, así como las zonas de mayor actividad sísmica, están situados en las zonas donde se genera mayor cantidad de calor; es decir, que están alejados de las zonas polares, ya que estas dos actividades son consecuencia directa del calor producido en el interior de la Tierra. En otras palabras, parte del calor generado en el interior de la Tierra sale a su superficie, allí donde se produce. (Si el núcleo de la Tierra estuviese efectivamente caliente, calentaría toda la Tierra por igual, el frío generado en los polos no sería tan intenso; y por otro lado, los volcanes, así como la actividad sísmica, estarían distribuidos por igual por toda su superficie). Sabemos que las bajas temperaturas existentes en las zonas polares, son generadas por la escasa cantidad de energía que reciben del Sol, eso es cierto; pero dichas temperatura tambien se verán afectadas por las siguientes causas: por un lado, al generarse una menor cantidad de calor en la zona polar del núcleo de la Tierra, la cantidad de calor que pueda ascender hasta su superficie será menor, y por lo tanto, su temperatura será inferior a la del resto del planeta. Por otro lado, la zona de mayor actividad térmica puede actuar de escudo, impidiendo que el frío generado en el interior de su núcleo salga hasta su superficie, pero al no existir dicho escudo térmico en las zonas polares, el frío existente en el núcleo sale hasta la superficie, enfriándola. Aunque lo más seguro es que las causas se deban a una combinación de estas dos posibilidades. Por lo tanto, podríamos decir que las condiciones térmicas existentes sobre la superficie de la Tierra no solo son debidas a la actividad del Sol, sino tambien a la actividad térmica existente en el interior de la Tierra, y a la forma en que ésta es generada. Pero Ustedes se preguntarán, y con razón: ¿existe alguna prueba o precedente que pueda confirmar estas hipótesis?. Pues si: el planeta Urano. Al contrario que la mayoria de los planetas de nuestro Sistema Solar, que mantienen sus ejes polares perpendiculares al plano de su órbita, el planeta Urano mantiene su eje polar prácticamente paralelo a dicho plano; es decir, que sus polos, tanto el sur como el norte, apuntan de forma periódica hacia el Sol a lo largo del año. Sin embargo, y a pesar de que reciben el calor del Sol de forma más directa, los polos del planeta permanecen a una temperatura inferior a la de su ecuador. Esta es la imagen que queremos dar de la Tierra. Una imagen más acorde con los principios más elementales de la física; ya que están ahí para respetarlos y aplicarlos. En cuanto a la forma en que se generan, tanto el universo, como las estrellas, les podemos decir de antemano, que si les ha sido dificil de entender o asimilar, la forma en que se creó la Tierra, más dificil les resultará comprender el proceso de formación de universos y estrellas. Pero eso será en la próxima entrega. Volver a la página principal. |