EL HORIZONTE INTELIGENTE.

INTRODUCCIÓN.

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El horizonte inteligente representa la forma en que el hombre interacciona con el Universo.

Dicha interacción puede considerarse como un proceso que comienza con la búsqueda y

adquisición de información. Para ello nos servimos de nuestros sentidos y de la observación

más o menos atenta y dirigida. Dicha información es procesada por nuestro cerebro gracias

a su capacidad de razonamiento. El cerebro organiza, clasifica y compara la información

recibida valiéndose de herramientas como la memoria, el sentido común y la lógica.

Por último, el cerebro deduce y extrae conclusiones, siendo entonces cuando adquirimos el 

conocimiento de la cosa observada o estudiada. Por tanto, podríamos decir que la información

no se transforma en conocimiento hasta que no sufre este proceso. Pero esto no siempre es

así. Hay veces en que el conocimiento se salta dicho proceso o parte del mismo y en nuestra

mente se produce lo que conocemos como intuición.

Una intuición es un conocimiento adquirido o la solución a un problema pero que no ha sido

buscado ni deseado, es decir, es una respuesta no condicionada. Dicha respuesta puede

aparecer de forma voluntaria y provocada o involuntaria e imprevista. En caso de que

deseemos una respuesta provocada el proceso sería más o menos el siguiente: se acumula 

toda la información relacionada con la posible solución del problema y se concentra toda 

la atención en el problema, no en la solución. Si la información acumulada es suficiente, la 

respuesta llegará, pero eso sí, hay que armarse de paciencia, ya que algunas respuestas 

pueden tardar años en llegar.

Ya sea razonado (buscado) ó intuido, el conocimiento adquirido es nuestro nexo de unión 

entre nosotros y el Universo, es decir, es nuestra forma de contactar con el Universo. Pero 

este nexo es, como bien dice la palabra, de unión, y no una frontera que nos separe del 

Universo, ya que éste forma parte de nosotros y nosotros formamos parte de él. Sin 

embargo, y a pesar de que pueda parecer paradógico, el conocimiento es lo que nos une, 

pero tambien lo que nos separa del Universo; puesto que, aunque estamos unidos a él por 

el conocimiento, estamos separados del mismo por la falta de conocimiento.

Independientemente de los medios que utilicemos a la hora de buscar el conocimiento, la 

mente más o menos preparada arrastra una serie de condicionantes que influyen poderosamente

en el conocimiento adquirido. Quizás estemos pensando en cualidades como el coeficiente

intelectual o la preparación cultural, pero si así fuese, el conocimiento sería algo objetivo;

prácticamente todos extraeríamos las mismas conclusiones ante un mismo hecho. Sin

embargo rara vez ésto es así. Nuestra mente investigadora va unida a nuestra estructura 

psicofísica, con sus características propias: la forma de ser, la forma de entender la vida, el 

caracter, los deseos, los miedos, etc., y en definitiva, todos los rasgos que constituyen nuestra

personalidad. A todo esto hay que añadir las ideas preconcebidas que hemos ido adquiriendo

sobre la ciencia, así como de los elementos que constituyen el universo. Todo ello hace que

tanto la forma en que asimilamos el conocimiento, como la forma en que entendemos dicho

conocimiento, sean diferentes de una persona a otra; y por tanto, hace que el razonamiento

se transforme en un proceso subjetivo de adquisición de conocimientos, que transforma al

mismo conocimiento en algo subjetivo.

Inconscientemente estamos fabricando un universo hecho a nuestra medida, a nuestra

capacidad de entendimiento. El universo se transforma, en definitiva, en un reflejo de nosotros

mismos y de nuestra forma de razonar, con sus defectos y sus virtudes.

Sin embargo, el conocimiento adquirido a través de la intuición trasciende el proceso de 

razonamiento. De tal manera que se evita el tener que asimilar el conocimiento por medio 

de un proceso de razonamiento que funciona a base de ideas preconcebidas, deseo de

respuestas razonables, y muchas veces, esperadas o vaticinadas. Por otro lado, en el proceso 

de razonamiento raras veces se cuestionan las bases del conocimiento. Los elementos de 

partida suelen ser inamovibles, lo que provoca una respuesta muy limitada y ceñida a dichos

elementos, los cuales, de ser poco exactos, provocarán respuestas alejadas de la realidad.

Al cuestionarnos las bases de nuestro conocimiento, provocamos un abanico de respuestas

mucho más amplio, pudiendo, a través de las respuestas obtenidas, mejorar dichas bases y,

así mismo, mejorar nuestro conocimiento de la realidad.

El horizonte inteligente debe de tomarse como una experiencia personal, que representa la 

forma en que se ha ido adquiriendo el conocimiento. Así mismo, dicho horizonte debe de 

entenderse como la frontera existente entre el conocimiento razonado y el conocimiento 

intuido. De forma que el conocimiento adquirido por nuestros propios medios y utilizando 

nuestra inteligencia, representa todo lo que se encuentra dentro del radio del horizonte 

observable y razonable; y al otro lado de dicho horizonte, hay un oceano de conocimientos 

que posee su propia inteligencia, pero que no puede ser observado ni razonado, solo 

puede ser intuido. A veces una pequeña ola se acerca a dicho horizonte, rompiendo en 

nuestra mente en forma de intuición e iluminando fugazmente nuestro camino en busca del 

conocimiento.

El resultado de esta búsqueda se irá plasmando en diversos temas en los que se hablará 

principalmente de física y de astrofísica, y que irán apareciendo progresivamente en las 

páginas de la web.

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