EL HORIZONTE INTELIGENTE.

EL UNIVERSO. (y 2)

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EL UNIVERSO: UN UNIVERSO-ESTRELLA.

Un pequeño apunte antes de comenzar:

Seamos justos. En la primera parte hemos puesto en duda algunas de las teorías más importantes

de la astrofísica moderna. Por lo tanto, no vamos a pedirles que crean las ideas que vamos a

exponer a continuación. Lo que sí vamos a hacer, es pedirles lo que venimos pidiéndoles 

desde el principio: que lo lean, lo mediten, y extraigan sus propias conclusiones. Pero sobre 

todo, disfruten del viaje.

NUESTRO ESPACIO-TIEMPO.

¿Se han preguntado alguna vez, que es lo que caracteriza a los objetos que pertenecen a 

nuestro espacio-tiempo?.

Nosotros, junto con todo aquello que podemos observar a nuestro alrededor, estamos 

inmersos en un océano de energía espacio-temporal. Dicha energía no nos pertenece, 

simplemente nos servimos de ella para existir, tanto espacial, como temporalmente. Aunque 

tampoco es algo de lo que tengamos que preocuparnos, ya que es una característica implícita 

que pertenece a todo aquello que se encuentre en su interior, ya sea animado o inanimado. Asi 

mismo, dicho océano esta creando contínuamente el espacio-tiempo necesario para que 

podamos existir. ¿porqué?. Primero: porque ni nosotros, ni las cosas que nos rodean, tenemos 

la capacidad para hacerlo. Y segundo: porque nosotros, así como todo lo que nos rodea, 

necesitamos de ese océano, sin el cual no podríamos existir; ya que es el soporte que sirve de 

base a todo lo que se encuentra en su interior, el cual posee unas características físicas 

determinadas, las cuales ha ido adquiriendo por medio de una lenta transformación que ha 

durado miles de millones de años. Es decir, que no es algo fortuito, ni algo que exista porque sí. 

Ahora bien, ¿cómo sabemos que un objeto (animado o inanimado), pertenece a nuestro 

espacio-tiempo?. Porque emite las radiaciones o las refleja. Ya sea en forma de calor, luz, 

ondas sonoras, gravitatorias, electromagnéticas, etc.

Todos los objetos que pertenecen a nuestro espacio-tiempo, poseen esta característica; sin

excepción. De tal forma que de un modo u otro, les hace observables, o detectables. 

Podemos considerar a cada uno de los objetos que pertenecen a nuestro espacio-tiempo,

como pequeñas condensaciones de energía espacio-temporal relativa; las cuales se 

encuentran en el interior de una gran condensación de energía espacio-temporal absoluta.

(El océano de energía del que hablábamos). 

Las pequeñas condensaciones obedecen a las leyes de la física clásica y de la relatividad,

que en su día dieron a conocer Newton y Einstein, respectivamente; de ahí, el que sean 

objetos relativos. Sin embargo, la gran condensación no obedece a estas leyes; ya que no 

posee una diversidad de formas, ni se desplaza a una velocidad determinada, ni emite o 

refleja las radiaciones, como es el caso de las pequeñas condensaciones; sino que es un objeto

único, ya que dentro de sí mismo, no existirá otro objeto que tenga sus mismas características

físicas, ni espacio-temporales. Así mismo, es un objeto que esta detenido en su propio espacio

y en su propio tiempo; pero al mismo tiempo está creando el espacio y el tiempo universales,

de forma constante.

Y por último, es impermeable a todo aquello que pueda proceder del exterior de él mismo; 

impidiendo de esta forma que sus características físicas o espacio-temporales puedan variar, y

puedan afectar de alguna manera, a las pequeñas condensaciones que se encuentran en su 

interior. De ahi, el que sea un objeto con características absolutas.

La suma de la gran condensación, junto con todas las pequeñas condensaciones que contiene,

es lo que habitualmente conocemos como Universo.

Las pequeñas condensaciones, tienen delimitada su existencia espacial y temporal (existencia

física), por medio de factores como la velocidad, la temperatura, la masa o la densidad; de 

forma que si sobrepasamos ciertos límites, pasarían al estado de energía, o desaparecerían de 

nuestro espacio-tiempo. Esto quiere decir, que al variar los factores físicos mencionados, 

estamos modificando sus dimensiones espaciales y su existencia temporal. Por lo tanto, las 

pequeñas condensaciones poseen cierta flexibilidad que les permite desenvolverse en el interior 

de la gran condensación.

Las radiaciones que emiten o reflejan las pequeñas condensaciones, nos envían información

sobre las mismas. De esta forma es como llegamos a conocer cuanto nos rodea. Sin embargo,

no podemos llegar a conocer a la gran condensación de forma directa, ya que ni emite, ni

refleja las radiaciones; es decir, que es transparente a todo lo que existe en su interior. Por 

consiguiente, no podemos observarla, detectarla, ni recibir información de ella; sólo podemos

intuir que esta ahí. 

En condiciones normales, la información que recibimos de las pequeñas condensaciones es

bastante amplia. Podemos observar su forma, su textura, sus colores, si es orgánico o 

inorgánico, si es un ser autónomo o no, etc.. Ahora bien, cualquier variación de sus

características físicas, como su velocidad, temperatura, masa o densidad, puede provocar una

disminución de la información que recibimos de ellas. Un ejemplo de ello es el que se produce

como consecuencia de la expansión del Universo. Donde la información que recibimos de las

galaxias, se va reduciendo a causa del aumento de velocidad que se produce por efecto de la

dilatación del espacio. Al principio, a las galaxias más cercanas podemos observarlas directamente,

por medio de los telescopios; más tarde, a medida que su velocidad de alejamiento se 

aproxima a la velocidad de la luz, sólo las podemos detectar por medio de las ondas radio, 

infrarojo, etc. ,que emiten; y las denominamos: radiogalaxias. Y por último, desaparecen 

completamente de nuestro espacio-tiempo. (Por lo tanto, podríamos decir que nuestro Universo

se compone de varios universos unidos, pero separados entre sí por barreras espacio-temporales;

las cuales se generan como consecuencia de la dilatación del espacio. De tal forma, 

que un hipotético ser inteligente que estuviese situado en un sistema solar análogo al nuestro, 

pero en el interior de una galaxia que estuviese situada a 30.000 millones de años luz de 

nosotros, observaría un Universo diferente al nuestro, cuyo tamaño sería idéntico al nuestro, y

cuyos bordes lindarían el uno con el otro. Por consiguiente, el Universo podría subdividirse en 

una gran cantidad de esferas, cada una de las cuales tendría un diámetro de 30.000 millones de

años luz. Pudiendo considerar a cada una de estas esferas, como un universo local; y en el 

centro de una de ellas, estaríamos situados nosotros).

Otro ejemplo de pérdida de información, es el que se produce cuando se varía la temperatura

de las pequeñas condensaciones. Un bloque de hierro servirá para ilustrarnos. A temperatura

ambiente podemos observar su forma, su color, sentir la textura de su superficie y de sus 

bordes. A 100º C la información tactil desaparece; ya no lo podemos tocar. A 800º C 

comienza a tornarse de un color rojizo. A 1.535º C se funde y la forma original desaparece.

Y a 3.000º C se vaporiza; quedando la información restringida a la radiación emitida por el

vapor de hierro y detectada por un espectroscopio.

Si continuásemos aumentando la temperatura, llegaría un momento en que el vapor de hierro

alcanzaría una temperatura de varias decenas de millones de grados. A esta temperatura los

átomos de hierro (y los de cualquier otro tipo de materia), rompen sus ligaduras internas y 

pasan al estado de energía, perdiéndose la información del bloque de hierro original para 

siempre. (Al transformarse en energía, la materia pierde sus cualidades espacio-temporales, y 

por lo tanto, desaparece de nuestro espacio y de nuestro tiempo, pero dicha energía no desaparece

de nuestro Universo -al que a partir de ahora denominaremos como universo local-, sino

que se desplazará por el espacio o la atmósfera; pudiendo ser reabsorbida por la materia).

Esto quiere decir, que las pequeñas condensaciones nos envian información, y por lo tanto, 

permanecen como parte integrante de nuestro espacio-tiempo (que estaría comprendido 

dentro de nuestro universo local), siempre y cuando no sobrepasen ciertos valores de velocidad

o temperatura. De tal forma que no existe ningún objeto perteneciente a nuestro espacio-tiempo,

del cual no podamos recibir información.(La masa y la densidad, serán casos específicos

que veremos a continuación).

Ahora bien, no todos los objetos que se encuentran localizados en el interior de nuestro universo

local, pertenecen a nuestro espacio-tiempo; ya que en el interior de nuestro universo local, 

existen objetos que permanecen ajenos a nuestro espacio-tiempo. Son objetos totalmente 

autónomos, cuya existencia se mantiene en una dimensión diferente a la nuestra. Sin embargo,

estos objetos emiten radiación durante una parte de su existencia, aunque como veremos más

adelante, dicha radiación no nos informará nada acerca de su naturaleza o contenido.

El proceso que siguen este tipo de objetos, desde que comienza su gestación, hasta su nacimiento,

ha sido descrito por la ciencia moderna, aunque no completamente; por lo que deberemos

de echar mano de los conocimientos que la ciencia moderna tiene al respecto, para 

iniciar nuestra aventura. De esta forma será más comprensible para todos.

UN COMIENZO ACCIDENTADO.

Nos encontramos a 10 años luz de distancia de Delta Pegasus, una gigantesca estrella infraroja

de clase espectral K5, situada en la constelación de acuario. A pesar de tener un tamaño de 

3.000 veces superior al del Sol, es invisible a cualquier telescopio, y su emisión en la banda 

infraroja es tan debil, que sólo su gigantesco tamaño la ha salvado de pasar desapercibida. 

La distancia elegida es más que prudencial, ya que la naturaleza de los acontecimientos que se

avecinan, así lo aconsejan. Pero ya el tiempo se ha acabado. Una serie de reacciones internas,

provocan una enorme explosión que pone fin a la vida de la estrella infraroja que hace un 

segundo existía majestuosa en el espacio. Se ha transformado en una supernova. 

Aunque en realidad la explosión ocurrió verdaderamente hace diez años, la emisión de energía

es tan grande, que deberemos de protegernos convenientemente de la energía y radiación 

residuales. 

Una vez pasado el peligro, podemos observar que la explosión ha generado una enorme nube

de materia que se va dispersando lentamente en el espacio. Pero la energía cinética de dicha

explosión, afectó a la estrella infraroja de dos formas diferentes. Por un lado, y como ya hemos

indicado, gran parte de la masa de la estrella se dispersó alrededor de la misma; y por otro, 

parte de la masa central de la estrella ha sido comprimida de forma tan violenta, que se ha 

generado una nueva estrella, justo en el centro de la anterior. 

La nueva estrella generada, posee unas características físicas especiales. Su densidad es tan 

elevada, que si trajésemos un decímetro cúbico (1 litro), de materia a la Tierra, no existiría grúa

alguna que pudiese moverla. Es lo que conocemos hoy día como: estrella de neutrones, o 

pulsar. Su masa equivale a una vez y media la masa de nuestro Sol, pero concentrada en una

esfera de unos 14 kms. de diámetro, aproximadamente. Las características de la materia que 

se encuentra en su interior, son las que prevalecen en el interior de un núcleo atómico.

En condiciones normales, los átomos que forman la materia se mantienen separados y

diferenciados entre sí, gracias a la suma de las fuerzas generadas por los protones, neutrones y 

electrones que se encuentran en su interior. Así mismo, el volumen que ocupan esta directamente

relacionado con la cantidad de dichas partículas que contiene; de forma que a mayor 

número de éstas, mayor es el volumen del átomo; y por lo tanto, se necesitará de una menor

cantidad de átomos para llenar un volumen dado. Sin embargo, en el interior de la estrella de 

neutrones la enorme presión ha fundido a los electrones con los protones, formando neutrones;

eliminando de esta forma las barreras que separaban a los átomos entre sí. Por consiguiente,

desaparecen los motivos que impedían que los núcleos de los átomos pudiesen unirse entre

ellos; creandose un enorme núcleo atómico donde el significado de la palabra átomo desaparece.

Esto es, en resumidas cuentas, lo que sucede en el interior de una estrella de neutrones. Ahora

bien, este no es el final del camino en la vida de la estrella recien nacida. Parte de la materia

que se dispersó como consecuencia de la explosión, será absorbida por la estrella de neutrones;

ya que su elevada densidad genera un fortísimo campo de gravedad que atrae a todo lo

que se le aproxima, ya sea en forma de materia o de energía. Incrementando lenta, pero

inexorablemente la masa de la estrella. A consecuencia de ello, la presión en su interior se va

incrementando, provocando un acercamiento progresivo entre los neutrones que se encuentran

en su interior, y por lo tanto, un aumento de su densidad. 

Todo esto repercutirá en el campo de gravedad de la estrella, que se intensificará; lo que 

generará un circuito cerrado que en el futuro llevará a la estrella hacia un estado de mayor masa,

mayor densidad, menor diámetro, y por último, una mayor intensidad de su campo gravitatorio.

A estas estrellas tambien se les conoce con el nombre de pulsar, que es la contracción de las

palabras inglesas: pulsating star, que significa estrella pulsante.

Aparte de las características que hemos indicado anteriormente, las estrellas de neutrones 

poseen otra, como es la de emitir energía en forma de microondas de forma intermitente, o en

forma de pulsos. Esta emisión de energía tan peculiar se produce gracias a que giran muy 

rápidamente sobre sí mismas; a causa de lo cual, el campo gravitatorio -que se genera en el

ecuador de la estrella- evita que la energía emitida por la misma escape por esta zona. Pero

no ocurre igual en los polos, donde la fuerza de gravedad es lo suficientemente debil como 

para que la energía pueda escapar, produciendo un efecto de luz intermitente; cuya emisión de 

energía es detectada cada vez que su eje polar se encuentra en prolongación con la Tierra.

De tal forma que recibimos la energía de los dos polos, el norte y el sur, de forma alternativa.

La velocidad a la que gira esta estrella esta directamente relacionada con su masa,de forma

que a mayor masa, mayor velocidad de giro. Como consecuencia de ello, la continua emisión

de energía produce una lenta pero continua disminución de su masa, lo que a su vez provoca

una disminución de su velocidad de giro. Pero si tenemos en cuenta que de una pequeña 

cantidad de materia podemos extraer una gran cantidad de energía, y dado que la masa de la 

estrella es considerable, podemos observar que la pérdida de masa es mínima, y por lo tanto,

la pérdida de velocidad de giro es muy pequeña. Sin embargo, cuando cierta cantidad de 

materia es atraida y absorbida por la estrella, el incremento de masa que se produce provoca

un aumento inmediato en su velocidad de giro. Pero si tenemos en cuenta, por un lado, la

extrema lentitud con la que la estrella va perdiendo su masa, y por otro, el fortísimo campo

gravitatorio que genera, podemos observar que el aumento de masa, debido a la caida de 

objetos en su interior, compensa con creces la pérdida de masa por emisión de energía; lo que

a largo plazo provocara un aumento progresivo de su masa.

Con el tiempo, dicho aumento de masa habrá producido un aumento de la densidad insoportable

para los neutrones que se encuentran en su interior. La enorme presión existente obligará

a éstos a acercarse tanto entre ellos, que literalmente invadiran el espacio físico que ocupan,

por lo que desaparecerá el concepto de neutrón como partícula, y emergerá el quark como

partícula constituyente de la estrella, pasando de ser una estrella de neutrones a ser una estrella

de quarks. 

Los mecanismos que intervienen en este proceso son relativamente fáciles de comprender, al 

menos conceptualmente: es la detención progresiva de todo movimiento relativo de las partículas,

hasta alcanzar su detención absoluta. Esta idea quizas choque con el principio de 

indeterminación de Heisemberg, que nos indica que es imposible determinar simultaneamente

la velocidad y la posición de una partícula, quedando siempre una incertidumbre residual sobre

uno u otro parámetro.

Este principio nos dice: por un lado, que toda partícula debe de encontrarse siempre en

movimiento y por otro, que las condiciones físicas que deben de imperar mientras se realizan las

pruebas pertinentes para conocer las constantes físicas de una partícula, deben de ser siempre

las óptimas; de forma que permitan a una persona conocer los resultados.

Ahora bien, ¿que pasa cuando una persona, debido a las condiciones físicas reinantes, no 

puede llegar a realizar las pruebas necesarias, que le permitan conocer las constantes físicas de

una partícula?. Puede darse el caso, como ocurre en el interior de un pulsar, que resulte imposible

trasladar el personal y el material necesario para realizar las pruebas citadas.

Por lo tanto, ¿como podemos saber cuales son las constantes físicas de las partículas existentes

en el interior del pulsar, si las condiciones físicas no lo permiten?. Cabe la posibilidad de 

que en su interior, las partículas puedan llegar a limitar su movimiento hasta detenerse por 

completo, sin que podamos percatarnos de ello. (Por esta razón, cabría establecer un pequeño 

matiz en cuanto al alcance del principio de indeterminación de Heisemberg; diciendo que éste 

será válido, siempre y cuando las condiciones físicas permitan conocer los resultados de las 

pruebas. En caso contrario dicho principio dejaría de tener sentido, ya que sería imposible 

saber cuales son los parámetros de una partícula, y conocer así su estado. De hecho, la 

mayoría de las leyes físicas que conocemos y que funcionan en nuestro entorno, no son válidas

en el interior de este tipo de estrellas, dadas sus especiales características).

Podemos considerar a la materia como un conglomerado constituido por pequeños sistemas 

vibratorios, a los que llamamos átomos. Siendo la variación de la temperatura, uno de los 

elementos (no el único), capaz de producir variaciones en la amplitud de las vibraciones de 

dichos sistemas; de forma que el calor las aumenta y el frio las disminuye.

La pérdida de temperatura significa una disminución de las vibraciones producidas por el 

átomo. Esto provoca una reducción del volumen espacial del átomo; y por lo tanto, un aumento

de la densidad de la materia. (El volumen espacial de un átomo viene dado en función de las

vibraciones que genera, de manera que si redujésemos dichas vibraciones al mínimo, un átomo

dado ocuparía un volumen que podría considerarse como 1, lo que generaría la mayor densidad

posible de la materia; siendo éste -1- el tamaño real de dicho átomo. Si aumentásemos ahora la 

temperatura, aumentarían sus vibraciones y comenzaría a ocupar un volumen de 2, 3, o mas 

veces superior al real, pero el tamaño del átomo siempre sería el mismo: 1). Si el átomo del que 

estamos hablando fuese de hidrógeno, se transformaría en líquido a una temperatura de 

-252,76º C, y posteriormente en sólido a una temperatura de -259º C.

Al disminuir de temperatura, los átomos disgregados en forma de gas disminuyen sus vibraciones,

estabilizando su posición en el espacio (como una peonza), y aumentando de masa. (El frío

siempre baja y el calor sube). Así mismo, al estabilizar sus posiciones, tienen la posibilidad de 

establecer uniones más sólidas entre ellos, pasando al estado líquido. Pero para conseguir ésto,

habrá que ayudarse de la presión; ya que algunos gases, como el hidrógeno, poseen una

temperatura crítica por encima de la cual, sería imposible licuarlos, y por debajo, sólo se consigue 

encerrandolos en el interior de un depósito a presión. 

Ayudándonos de la temperatura y de la presión, conseguiremos al final el estado sólido, donde

los átomos permanecen fuertemente unidos entre sí.

En el interior de un pulsar, aunque la ciencia diga que su interior posee una temperatura uniforme

de 10.000.000º C, su temperatura real está cercana a los cero grados absolutos; ya que la 

temperatura de un cuerpo depende directamente de las vibraciones de sus partículas, ya sean 

atómicas o no; y en el interior del pulsar las partículas están tan apiñadas entre sí que no 

pueden vibrar. Y cualquiera que diga lo contrario esta violando las leyes de la física más 

elementales, ya que el aumento de densidad de un objeto, implica necesariamente la disminución

de las vibraciones de sus partículas, y por ende, la disminución de la temperatura de dicho 

objeto.

Por consiguiente, la densidad de un objeto siempre será inversamente proporcional a las

vibraciones de las partículas que lo componen (a mayor vibración, menor densidad); siendo la

temperatura directamente proporcional a las vibraciones de dichas partículas. (A menor 

vibración, menor temperatura). De tal forma, que no existe nada, ni nadie en el Universo que 

posea la capacidad de aumentar la densidad de un objeto, sin antes disminuir las vibraciones de 

sus átomos o partículas componentes.

Por otro lado, la amplitud de las vibraciones que producen las partículas, son menores cuanto

menor es el tamaño de éstas; de forma que la mínima vibración que pueda producir un átomo, 

siempre tendrá una amplitud mayor que la que pueda producir un protón o un neutrón; y así

sucesivamente, hasta llegar al quark. (Suponiendo que ésta sea la última partícula constituyente

de la materia).

Este tema es muy interesante, ya que entra de lleno en el terreno de la física de las bajas

temperaturas. Efectivamente, en los laboratorios que trabajan con estas temperaturas, se han

hecho intentos por conseguir alcanzar los cero grados absolutos (-273.15º C). De tal forma que

se han acercado hasta la millonésima de grado, pero todavía no lo han alcanzado.

Pero todo este esfuerzo busca algo más. Se trata de verificar cual sería el comportamiento de la

materia al alcanzar dicha temperatura. Pero tambien, y porqué no, poner a prueba el principio

de indeterminación de Heisemberg.

Actualmente, para conseguir una temperatura de cero grados absolutos (a partir de ahora lo

designaremos como: 0º K), se utiliza el helio o compuestos químicos a base de fluoruros, 

sulfatos, etc. Todos estos elementos y compuestos tienen una cosa en común: están compuestos

por átomos, lógico. Pero el problema es que éstos, a su vez, están compuestos por otras partículas

más pequeñas que tambien vibran, transmitiendo su vibración al átomo. Lo cual hace que

éste continue vibrando y absorbiendo temperatura; impidiendo que se alcance la temperatura 

deseada.

Para conseguir nuestra meta, lo primero que deberemos de hacer es impedir toda vibración. 

Para ello tendremos que encontrar los medios necesarios para aumentar la presión, ya que para

la temperatura ya los tenemos. Pero las presiones que necesitamos están fuera de nuestro alcance.

Sólo para reducir los átomos y transformarlos en neutrones, necesitaremos conseguir una

presión de varios miles de billones de atmósferas. Siendo de cientos de miles de billones de

atmósferas, la presión necesaria para que los neutrones se descompongan y emerjan de las 

profundidades los quarks. 

Pero no nos quedemos aquí. Supongamos por un momento que tenemos a nuestra disposición,

la técnica y los medios necesarios para comprimir la materia y llegar hasta el quark; veamos 

entonces que es lo que ocurre. En nuestro laboratorio virtual dispondremos de una pequeña 

cantidad de helio, y los aparatos necesarios para detectar el estado de la materia en todo 

momento.

Primero comenzamos por enfriar el helio hasta una temperatura inferior a -250º C. A partir de 

aquí, comenzamos a comprimir el helio fuertemente hasta licuarlo a una temperatura de 

-270º C.

Nuestra siguiente escala se encuentra situada a algo más de -272º C, temperatura a la que el 

helio se solidifica. Los aparatos de comprobación han detectado una disminución constante del

volumen del gas, y por consiguiente un aumento de su densidad, hasta alcanzar el estado sólido.

Así mismo, se ha observado que la amplitud de las vibraciones atómicas ha ido reduciéndose,

acorde con el descenso de la temperatura. (La materia ha ido reduciendo el espacio que ocupaba

a medida que reducía sus vibraciones; pero todavía vibra, y por lo tanto, todavía ocupa 

espacio).

A partir de ahora la temperatura ya no juega un papel tan importante, pero si la presión; por lo 

que realizaremos un incremento muy rápido de la misma para estudiar el comportamiento del 

helio.

A una presión de 5.000 atmósferas el helio utilizado en nuestro experimento, tendría el tamaño

de una roca esférica de unos 10 cms. de diámetro. Si ahora aumentamos la presión hasta alcanzar

varios miles de billones de atmósferas, el helio se contraería y perdería sus propiedades 

físicas, perdiéndose para siempre la información que teníamos del helio original; ya que éste se 

ha reducido hasta convertir sus protones en neutrones y transformarse en una minúscula esfera

de menos de una milésima de milímetro, compuesta totalmente de neutrones. (Al perderse la 

información del helio, no podríamos realizar marcha atras y obtener helio de igual pureza que el

original, a partir de estos neutrones).

Nuestros comprobadores han detectado una drástica disminución de las vibraciones y un 

aumento espectacular de la densidad. Sin embargo, se ha detectado un incremento importantísimo

de las fuerzas que genera la esfera a su alrededor. De tal forma que los electrones lanzados

por nuestros aparatos de comprobación hacia la esfera, con el objeto de recabar información, 

fueron inmediatamente absorbidos por ésta. Solamente a partir de los haces de fotones 

enviados hacia la misma en forma de radioondas, fué posible obtener la información que antes 

hemos reflejado. (Al ser mas livianos que los electrones, los fotones pueden acercarse hasta la 

esfera para recabar información sin que sean absorbidos por ésta).

El fortísimo campo de fuerzas generado por nuestra esfera de neutrones, dificulta nuestros intentos

por obtener información de la misma. Pero aún así, los fotones nos indican que todavía 

existe vibración por parte de los neutrones. Es decir, que nuestra estructura esférica todavía 

absorbe temperatura y no hemos alcanzado nuestra meta; pero nos hemos acercado hasta la 

billonésima de grado. ( Cabe preguntarse si el estado de la materia que se ha alcanzado en el 

interior de nuestra esfera, es lo que la ciencia considera hoy día como fusión fría).

Al aumentar ahora la presión hasta varios cientos de miles de billones de atmósferas, los neutrones

se reducen hasta que toda la esfera queda constituida sólo por quarks. La temperatura de la

esfera ha descendido, por fin, hasta los 0º K, y toda vibración ha desaparecido; sin embargo, 

no es posible detectarlo por medio de nuestros aparatos de comprobación, ya que el fortísimo 

campo de fuerzas que generaba la esfera de neutrones, se ha intensificado de tal manera que 

absorbe toda la gama de frecuencias de la luz, así como las emisiones electromagnéticas a base 

de electrones. Es como si de repente la minúscula esfera hubiese desaparecido del espacio y 

no hubiese forma humana de localizarla. De hecho, no emite ni refleja las radiaciones: ha 

desaparecido de nuestro espacio-tiempo. 

La minúscula esfera se ha transformado en un agujero negro en miniatura, y su tamaño se ha 

reducido hasta no ocupar ningún espacio, ya que las vibraciones han desaparecido totalmente.

(Esto quiere decir que mientras la materia vibre, ocupará espacio; pero en el momento en que

deje de vibrar completamente, su volumen espacial se reducirá a un punto no dimensional. De 

tal forma que si no hay vibración no hay espacio, y viceversa).

A una temperatura de 0º K el concepto de espacio desaparece, y la materia no puede existir 

como tal, en ninguna de sus formas. Sólo la energía puede soportar estas condiciones de 

presión y temperatura. 

Este tipo de energía todavía no ha sido conocida por la ciencia en la actualidad. Hoy día se 

trabaja con las energías que se encuentran por encima de los neutrones y los protones, y no con

las que se encuentran por debajo. Por lo que sería contraproducente liberar dicha energía de 

forma espontánea. Con los apenas 250 gramos de masa de helio con los que comenzamos, 

podríamos producir tanta energía como la que generarían cien bombas termonucleares. Por lo 

tanto, y por si acaso, sería conveniente que en los laboratorios de física que trabajan con bajas 

temperaturas, tuviesen en cuenta esta información; ya que las consecuencias que se podrían 

derivar de las pruebas realizadas con el fin de alcanzar los 0º K, podrían ser catastróficas.

En las condiciones en las que se encuentra la energía así conseguida, el principio de indeterminación

de Heisemberg tampoco tendría sentido. No podemos observar ni detectar el estado en

que se encuentra dicha energía; y por lo tanto, no podemos conocer ninguno de sus parámetros.

El químico francés Joseph Gay-Lussac, experimentando con los gases, descubrió hacia el año 

1.800, que éstos se contraían a un ritmo constante acorde con la temperatura y calculó que una 

vez alcanzado los 0º K, su volumen se reduciría a cero. Razón no le faltaba, ya que es eso lo 

que ocurriría en la realidad.

El punto de energía no dimensional conseguido, no emite ni refleja las radiaciones, y se 

encuentra fuera de nuestro espacio-tiempo. Pero es un objeto que se encuentra en el interior de 

nuestro universo local, y por lo tanto, en su interior esta creando contínuamente el espacio y el 

tiempo necesarios para poder seguir existiendo, independientemente del espacio y del tiempo 

que le rodea; de manera que pueda tener una existencia propia pero ajena a nuestro 

espacio-tiempo.

Gracias al progresivo aumento de su masa, en el interior del pulsar se darán las condiciones físicas

de presión y temperatura, necesarias para conseguir transformar toda su masa en energía, 

a una temperatura de 0º K, y con las mismas características físicas que las obtenidas en nuestro 

laboratorio virtual. 

La estrella de neutrones que surgió como consecuencia de la supernova, se transformó, gracias

al aumento progresivo de su masa, en un agujero negro, y por último, termina por convertirse en

un punto de energía no dimensional extremadamente denso y extremadamente frío.

El intenso campo de fuerzas que genera la estrella de neutrones tiene una particularidad: su radio

de acción se reduce a medida que se contrae y se vuelve más masiva. Así mismo, dicho 

aumento de masa produce un aumento de intensidad en su campo gravitatorio. Esto hace que 

dicho campo se cierre gradualmente a su alrededor, consiguiendo que la emisión de energía 

que se pierde por los polos disminuya lentamente. Con el tiempo, la estrella de neutrones 

cerrará totalmente el campo de fuerzas a su alrededor y dejará de emitir energía, transformándose

en un agujero negro. 

Poco a poco su enorme masa se va condensando cada vez más; y a su vez, el radio de acción

de su intenso campo gravitatorio va disminuyendo. Llegado el momento, el tamaño del agujero

negro se habrá reducido hasta el de un punto de energía no dimensional, y el radio de acción 

de su campo gravitatorio se habrá reducido hasta desaparecer por completo. (Aunque esto no 

es totalmente cierto. En realidad, el campo gravitatorio sigue existiendo, pero éste se encuentra 

confinado en el interior del punto de energía; de forma que sus efectos dejarán de sentirse en el 

exterior del mismo). 

Justo en ese instante, el punto en el que se ha convertido la estrella de neutrones, o el pulsar, 

como queramos llamarlo, desaparece totalmente de nuestro espacio-tiempo; pero en su 

interior, el espacio y el tiempo adquieren una nueva dimensión. 

Una dimensión con un espacio y un tiempo propios, pero ajenos al espacio y al tiempo que le

rodea; es decir, aquellos que imperan en el interior de nuestro espacio-tiempo. 

La energía existente en su interior ha cristalizado merced a la enorme presión y a la baja

temperatura generada. Su dureza supera en millones de veces a la del diamante, pero dentro de sí 

misma su transparencia es total, debido a que el entramado de su estructura es el más fino que

pueda existir, puesto que esta formado por los elementos más pequeños que existen en el Universo:

puntos de energía. 

El espacio y el tiempo que rigen en el interior de nuestro punto de energía no dimensional, es 

diferente al que existe en el interior de nuestro espacio-tiempo, pero son diferentes sólo 

comparativamente; ya que en el interior de dicho punto el espacio y el tiempo se encuentran 

increiblemente condensados. Tan condensados que su interior ya tiene el tamaño de un 

Universo; de hecho, en su interior ya ha sido generada la gran condensación absoluta (El 

oceano de energía espacio-temporal del que hablamos), que en el futuro albergará y regulará el 

espacio y el tiempo de un Nuevo Universo.

La estructura de la gran condensación esta constituida por puntos de energía, donde cada uno 

de ellos se encuentra absolutamente detenido en el espacio que genera la suma de todos los

puntos que constituyen la gran condensación (Es decir, el Universo).

De esta forma es como nació nuestro Universo, a partir de un punto de energía no dimensional

de densidad infinita, en cuyo interior el espacio y el tiempo están increiblemente condensados.

(El concepto de infinito no debe de ser interpretado como algo que no tiene fin, o inconmensurable,

sino como algo que por sus especiales características físicas, se encuentra fuera de nuestras

posibilidades. La densidad existente en el interior de la gran condensación, es infinita en cuanto

a que es la máxima densidad que puede existir en el interior de nuestro espacio-tiempo).

EL UNIVERSO: UN UNIVERSO-ESTRELLA.

Comenzar esta historia tal y como lo hemos hecho, ayudándonos de la ciencia moderna, es lo

más práctico y descriptivo que hemos podido encontrar para hacer más comprensible el camino

y llegar a nuestra meta. Nuestra meta esta alcanzada, puesto que ha nacido un Nuevo 

Universo, pero el camino que hemos utilizado no es el verdadero.

El veradero camino comenzaría por intentar hacer comprender, que la gigantesca estrella infrarroja,

a la que llamábamos Delta Pegasus, era en realidad un Universo. Pero un Universo que 

se ha consumido con el paso del tiempo. En su interior, las miriadas de estrellas que formaban

las galaxias, se han consumido igualmente. Sólo quedarán como testigos mudos del antiguo 

esplendor universal, varias centenas de miles de millones de agujeros negros.

Pero el viejo Universo debe de dar paso a otro nuevo. La pérdida de densidad de su masa 

resulta insoportable y estalla. Parte de los agujeros negros que contenía la estrella infrarroja, 

estallarán junto con la porción de la estrella que se dispersó a su alrededor. Pero otros muchos 

quedarán confinados en el interior del pulsar, que se originó como consecuencia de la explosión.

(En este caso ya no podemos seguir utilizando la denominación de estrella de neutrones, sino

simplemente: pulsar; dado que la estrella resultante de la supernova no esta constituida por 

elementos derivados de la materia, sino por un estado de la energía que tiende a cristalizarse 

gracias al incremento de su masa).

El incremento de su masa debido a la caida de objetos en su interior, transformará al pulsar en 

un agujero negro; para finalmente conseguir que toda la masa de éste cristalice y se transforme

en un punto de energía no dimensional.

Justo en este instante, las comunicaciones existentes entre el punto de energía y su exterior se 

rompen. El intenso campo de gravedad que existía a su alrededor desaparece, y el punto de 

energía comienza su andadura como Nuevo Universo. Al mismo tiempo se generará la gran 

condensación, que servirá de base para que las pequeñas condensaciones puedan existir tanto

espacial, como temporalmente. 

Desde el mismo momento en que se transforma en un punto de energía no dimensional, el 

proceso mediante el cual incrementaba su masa se detiene, y entonces ocurre un hecho 

singular: la energía se abandona a sí misma. 

Mientras existía el intenso campo de fuerzas, el agujero negro estaba comprimiéndose. El

progresivo incremento de su masa obligaba a la energía, de la cual esta constituido, a aumentar su

densidad. Pero cuando se transforma en un nuevo Universo, el campo de fuerzas desaparece,

su interior se encuentra de pronto liberado de toda presión, y la energía que se encuentra en su 

interior, tratará de liberarse de las ataduras impuestas por las fuerzas existentes en el interior del 

Nuevo Universo. Es entonces cuando el Nuevo Universo estalla. 

En realidad, desde que nace el nuevo Universo la estructura de la gran condensación está

explosionando. Cada uno de los puntos de energía que forma dicha estructura trata de liberarse 

de las ataduras que le unen a los otros puntos de energía que le rodean. Pero tanto la masa 

como la densidad del Nuevo Universo son enormes, y la explosión se prolonga durante cientos 

de miles de millones de años. Sin embargo, cuanto más tiempo pasa, más rápidamente pierde 

su densidad, lo cual afecta a su presión interna; y al final a su temperatura. (Recuerden: a menor

densidad, mayor vibración, y por tanto, mayor temperatura).

Aunque no lo parezca, el Nuevo Universo se esta calentando. Dicho calor provocará la dilatación

progresiva de su estructura, de ahí la dilatación del espacio y la expansión de las galaxias.

Ahora bien, el aumento de temperatura es insignificante, pero suficiente para provocar un 

aumento en la velocidad de la explosión. Al final, la pérdida de densidad acelerará la explosión

de tal manera, que los puntos de energía de su estructura comenzarán a liberarse realmente de 

sus ataduras, siendo entonces cuando se produce la supernova. Y vuelta a empezar.

Pero entre el nacimiento y la explosión de la supernova se suceden muchas cosas. 

La dilatación del espacio se debe, mayormente, a la pérdida de densidad de la estructura que 

forma la gran condensación absoluta. Prácticamente el 100 % de la masa de un universo está

concentrada ahí precisamente; ya que soporta la mayor densidad de masa imaginable. 

Sin embargo, dicha dilatación no afectará única y exclusivamente a su interior. Aunque el 

tamaño del Nuevo Universo siempre sea el mismo interiormente, éste se dilata, por lo que 

repercutirá en su tamaño exterior, que irá aumentando. 

Por otro lado, y como comentamos anteriormente, cuando se produjo la supernova varios 

cientos de miles de millones de agujeros negros quedaron aprisionados en el interior del pulsar.

Cada uno de estos agujeros negros será comprimido junto con la estrella, debido al 

incremento de su masa. Cuando ésta se transforme en un punto de energía no dimensional, en 

su interior se generará la gran condensación absoluta, los agujeros negros que se encontraban 

en su interior comenzarán a eclosionar, y cada uno de ellos dará lugar, mediante un proceso 

largo y laborioso, a una nueva galaxia, con sus estrellas. 

A medida que comienzan a nacer dichas estrellas en su interior, aumenta la cantidad de energía 

irradiada por éstas; lo cual hace que el nuevo Universo comience a llenarse de energía que 

recorre el espacio en todas direcciones. Pero hay un problema: la cantidad de energía liberada 

por todas las estrellas del nuevo Universo es muy superior a la que éste puede absorver, y de

no existir un mecanismo regulador, dicha energía comenzaría a saturar el espacio, de manera 

que la materia que contiene comienzaría a absorber dicha energía y se recalentaría hasta alcanzar

temperaturas altísimas; transformándose en energía a su vez. Sin embargo, el nuevo 

Universo dispone de un ingenioso mecanismo regulador de la energía emitida por las estrellas.

(En realidad, el Universo no crea un sólo sistema que impide la saturación de energía en su 

interior, sino dos. El que desarrollamos aquí es uno de ellos; el que afecta a la totalidad del 

mismo. Sin embargo, existe otro sistema regulador que es generado por cada una de las 

estrellas que contiene, pero que será explicado en el próximo tema: La paradoja de Olbers).

Al igual que todos los universos, nuestro recien nacido es un universo cerrado y abierto a la 

vez. Ésto se debe a que su densidad es infinitamente superior a la del universo que le contiene, 

y se comporta como un objeto sólido rodeado por una atmósfera gaseosa. El gas no puede 

penetrar en el interior del objeto sólido, pero éste sí puede desprenderse de algunos átomos y 

lanzarlos a través de la atmósfera gaseosa que le rodea. 

Algo similar ocurre con el nuevo Universo, pero en lugar de lanzar átomos, lo que lanza es 

energía. La energía que irradian todas las estrellas que se encuentran en su interior, y que 

recorre todo el espacio hasta que sale del Nuevo Universo, iluminándolo poco a poco, como

una estrella; o mejor dicho, como un Universo-estrella. De esta forma es como un universo se 

libera de su excedente de energía.

Podemos observar que el proceso de formación de las nuevas galaxias con sus 

correspondientes estrellas, se realiza al mismo tiempo que el Universo-estrella aumenta de 

tamaño. Si observáramos el Universo-estrella desde el exterior, justo desde su nacimiento, 

podremos comprobar que en un primer momento, la ausencia total de energía emitida por éste, 

nos impide ver, o localizar a la esfera que contiene el nuevo Universo-estrella. Sin embargo, a

medida que aumenta de tamaño, la energía emitida por las estrellas, que van naciendo en su 

interior, sale al exterior del Universo-estrella y comienza a iluminarlo, muy levemente al 

principio. 

Alrededor del Universo-estrella va creándose una debil capa de energía. Su tamaño todavía es 

pequeño, siendo muy dificil que se le pueda detectar por medio de un radiotelescopio, o un 

espectroscopio, pero ya comienzan a manifestarse en el interior de nuestro espacio-tiempo. Le 

designaremos con el nombre de: enana infrarroja. Son las primeras señales de vida de un recién

nacido.

A medida que nacen más estrellas en su interior, la energía emitida es mayor y el Universo-

estrella irá pasando por diferentes etapas de color y tamaño. Primero como enana infrarroja, 

luego como enana roja, con un tamaño algo mayor; donde ya pueden ser detectados. Más 

tarde como una estrella de color naranja, y más adelante como una estrella de tamaño medio y 

de color amarillo; donde la estrella ya es totalmente detectable por medio de un telescopio, o 

incluso a simple vista. 

De momento la temperatura de su superficie aumenta con el tamaño, y continuará aumentando

hasta tener el tamaño de una estrella gigante blanco-azulada; pero antes deberá de haber 

pasado por las etapas de gigante amarilla y gigante blanca. A partir de aquí, la temperatura 

superficial del Universo-estrella comienza a disminuir, pero no así su tamaño, que continua 

aumentando. 

A partir de este momento, la vida interna del Universo-estrella comienza a apagarse. 

Parte de la energía que absorbió la estrella en sus etapas de pulsar y agujero negro, fué absorbida

por los agujeros negros que se encontraban en su interior. Éstos a su vez, utilizaron parte de

la energía absorbida para generar materia y crear nuevas estrellas, perdiéndose energía en 

dicho proceso.

A medida que las estrellas van naciendo y desarrollándose en su interior, el proceso continua. 

Las estrellas irradian energía y al final estallan como supernovas; y los pulsares que restan necesitan

de la materia para desarrollarse y transformarse en nuevos universos; pero al transformarse

en un Universo-estrella, la mayor parte de la materia absorbida se transformará en energía. 

Por lo que cada vez se generará menos materia que puedan utilizar los pulsares para poder 

desarrollarse.

Al final, la mayor parte de la materia que genera un Universo-estrella, es transformada en 

energía que nunca se recupera. (De hecho, practicamente el 99.9 % de la energía emitida por 

un Universo-estrella es irradiada hacia su exterior; el 0,1 restante es transformada en materia y 

parte de ésta es absorbida por los pulsares y agujeros negros que se encuentran en su interior, 

para ser de nuevo transformada en energía). 

El resultado es que cada vez se tarda más en generarse nuevas estrellas, ya que en todos estos 

procesos se pierde energía (Entropía). Al final, y por medio de la continua emisión de energía, 

el Universo-estrella va vaciándose de materia, de estrellas, y de energía; por lo que irá 

disminuyendo progresivamente el número de estrellas (universos-estrella), que contiene. 

La falta de estrellas provocará una disminución de la energía irradiada por éstas, lo que 

repercutirá en la energía irradiada por nuestro Universo-estrella, que tambien disminuirá.

Por esta causa, la estrella blanco-azulada comenzará a disminuir la cantidad de energía que irradia,

disminuyendo su temperatura superficial y transformándose en una supergigante amarilla,

posteriormente en una supergigante roja, y finalmente en una supergigante infrarroja.

Gracias a su gigantesco tamaño, las estrellas infrarrojas son detectables por medio de un

espectroscopio desde la Tierra; sin embargo, las enanas infrarrojas son muy dificiles de detectar 

debido a su pequeño tamaño. Pero a pesar de que no podemos detectarlas, las enanas 

infrarrojas junto con las supergigantes infrarrojas, representan el principio y el fin de la incursión 

del Universo-estrella en nuestro espacio-tiempo.

Dicha incursión se realiza por medio de la energía que emiten, y como ya comentamos

anteriormente, la energía que emiten los universos-estrella, no nos dirá nada acerca de la naturaleza

o contenido del objeto del que proceden. Éstos siguen sin pertenecer a nuestro espacio-tiempo y 

sólo se dan a conocer gracias a la capa de energía de la que se rodean. 

Ahora sí, hemos llegado al final de nuestro camino. 

Nuestro Universo, el Universo que le contiene, el Sol, y las estrellas que nos rodean, son 

Universos-estrella; que a su vez contienen, o son contenidos por otros Universos-estrella. De 

tal forma que nada ni nadie es exclusivo, ni ocupa un lugar dominante. 

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