EL HORIZONTE INTELIGENTE.

EL ORIGEN DE LA MATERIA: (1ª parte).

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CONSIDERACIONES PREVIAS.

El asunto sobre el que vamos a tratar a continuación, está íntimamente relacionado con las ideas

desarrolladas en el artículo: "EL UNIVERSO. (2ª parte y final)"; por lo que sería interesante

tenerlo en consideración, sobre todo a la hora de conocer el momento específico en que la

materia es creada.

El origen de la materia y su evolución es un tema que puede abordarse de dos formas diferentes:

por un lado, el origen de la materia en sí: donde podemos estudiar, desde un punto de vista

teórico, el nacimiento de la materia y su evolución, desde el momento en que se produce el

Big Bang hasta nuestros días; y por otro, el descubrimiento de la materia a nivel físico o de

partículas: donde podemos estudiar a nivel práctico y experimental, las características del átomo

y su evolución, desde el momento en que se descubrió en los laboratorios, hasta nuestros días.

Ciertamente las dos historias van paralelas en el tiempo, pues a medida que se fueron

conociendo las características de la materia por los investigadores científicos, se fueron

confeccionando y perfeccionando los modelos diseñados para conocer el origen y evolución del

universo y de la materia, desde el principio de los tiempos; sin embargo, hemos preferido  

estudiarlas por separado.

A partir de los estudios y observaciones que la ciencia ha realizado al respecto, se puede extraer

la conclusión de que prácticamente la totalidad de la materia existente se originó durante los

primeros instantes del Big Bang en forma de átomos de hidrógeno, helio y posiblemente pequeñas

cantidades de litio, y que parte de esa materia fué sintetizada más tarde en el interior de las

estrellas, dando lugar al resto de los elementos que componen la tabla periódica.

Tambien en este artículo vamos a tratar, desde nuestro particular punto de vista, el tema del

origen de la materia desde dos perspectivas diferentes y por separado. En primer lugar

trataremos sobre el origen de todas las cosas: la energía. No podemos hablar en primer lugar

sobre el origen de la materia, puesto que lo primero que se crea no es la materia, sino la energía a

partir de la cual se crea la materia; y en segundo lugar hablaremos del origen propiamente dicho

de los átomos; puesto que, como veremos más adelante, el proceso de formación de los átomos

se realiza de una forma continua y espontanea una vez que el universo haya sido creado.

Seremos como espectadores de excepción, que asistiremos al proceso de la Creación desde el

primer instante en que la Consciencia Creadora decide crear la maravillosa obra del Universo.

A partir de ese momento se pondrá en marcha el elemento sobre el cual se sustentará toda la

existencia conocida por nosotros: el movimiento. Un movimiento concreto y puntual que dará

como resultado una partícula: la partícula elemental. Una partícula que no está hecha de nada,

sólo de movimiento, pero que lleva inscrita en sus entrañas el código de funcionamiento a partir

del cual se regirá el universo y todo lo que éste contendrá; una partícula que contiene en sí

misma, todas las características físicas del futuro universo. Comienza entonces lo que se puede

considerar como el nacimiento de la primera ciencia universal: la geometría dinámica. Comienza

el Universo.

Como venimos haciendo últimamente, y para hacernos una idea del tema que vamos a tratar, en

primer lugar daremos un repaso al conocimiento que la ciencia posee al respecto, luego

rebatiremos algunos puntos de vista y por último, lo abordaremos desde nuestra particular

perspectiva. Pero recuerden, no estamos aqui para convencerles de nada, sólo para que

reflexionen, hagan uso de su libertad y extraigan sus propias conclusiones. Buen viaje.

EL NACIMIENTO DE LA MATERIA Y SU HISTORIA EVOLUTIVA.

Las ideas que existen hoy dia acerca del origen de la materia, van de la mano junto con las que

se refieren al nacimiento del Universo; que como ya vimos en la primera parte del tema:

"EL UNIVERSO", fueron desarrolladas por el astrónomo belga Georges Edward Lemaître, allá

por el año 1.927. Su idea sobre el "átomo primigenio", donde toda la energía y materia del

Universo se encontraban confinados en el interior de una esfera muy condensada y sometida a

unas presiones y temperaturas altísimas, es la más sencilla y básica que podemos encontrarnos

cuando estudiamos el origen del Universo y de la materia. Sin embargo, podría decirse que

tal y como desarrolló Lemaître su hipotesis, la materia no se crea, sino que existía ya de alguna

forma desde el principio de los tiempos.

Uno de los defensores más entusiastas de esta teoría fué el astrofísico de origen ruso Georges

Gamow; quien desarrolló las primeras hipótesis más o menos razonables acerca de cuales eran

las condiciones físicas que existían en el interior de la esfera original, y cual era el estado de la

materia en su  interior. A la posterior explosión de dicha esfera es a lo que se denomina: Teoría

del Universo en explosión o "Big Bang".

Gamow dedujo que en un principio, el Universo debía de estar formado por hidrógeno y energía.

Pero este no sería el final del camino. Si seguimos retrocediendo en el tiempo, el hidrógeno junto

con la energía van comprimiéndose cada vez más. A medida que nos acercamos al momento de

la explosión inicial la materia se simplifica; los átomos de hidrogeno tienden a ser cada vez más

simples y al final sólo quedarán átomos de hidrógeno compuestos por un protón y un electrón.

Pero la presión no cesa de aumentar y los átomos comienzan a apretarse los unos contra los

otros, hasta que la enorme presión obliga a los electrones y protones, de los que están formados

cada uno de los átomos de hidrógeno existentes, a fusionarse entre ellos y transformarse en

neutrones. Así, la energía y la materia en forma de neutrones convivían en el interior del huevo

cósmico, cuyo interior estaba sometido a una densidad  y temperaturas extremas antes de

producirse el gran estallido. A este estado de la materia Gamow lo denominó neutronio, o

Ylem. (Obsérvese en este primer esbozo del origen de la materia y del universo, el parecido

significativo entre el huevo cósmico y las estrellas de neutrones, a partir de las cuales en la 2ª

parte de: "EL UNIVERSO", recreamos las condiciones necesarias para la creación de un

universo).

Una vez que se produce el Big Bang, la presión, la densidad y la temperatura existentes van

disminuyendo hasta que los neutrones se desacoplan y cada uno de ellos se escinde en dos

partículas: un protón y un electrón. Así mismo, la alta temperatura a la que se encuentra todavía

el universo, separará a estas dos partículas creando: por un lado, masas de protones y neutrones,

y por el otro, nubes de electrones libres; creando un estado de la materia al que se denomina:

plasma.

Los protones se irán uniendo en núcleos que formarán los futuros átomos, por medio de la

captura de neutrones, gracias a las múltiples colisiones que se producen entre estas dos

partículas; dando lugar a las diversas variedades que existen de un mismo elemento. En el caso

del hidrógeno, por ejemplo, un sólo protón constituiría la base del átomo de hidrógeno simple;

un protón y un neutrón la base del deuterio; y un protón y dos neutrones la base del tritio, siendo

este último el más inestable. La inestabilidad del tritio hace que uno de sus neutrones tienda a

emitir un electrón, transformándose en un protón, lo que hace que dicho átomo se transforme en

un átomo de helio3, con dos protones y un neutrón. Mediante el choque con otro neutrón el

helio3 se transformaría en helio4, siendo esta variedad del helio de una estabilidad asombrosa.

Así, mediante las sucesivas colisiones que se producen con los protones y neutrones, los átomos

de hidrógeno darían lugar a átomos de mayor complejidad hasta completar, de forma progresiva,

toda la gama de elementos que existen en la actualidad.

Todo esto se produce en el interior del huevo cósmico cuando aún está muy caliente, lo que

permite este tipo de reacciones; pero al estar en expansión, la temperatura del conjunto va

disminuyendo; el Universo se va enfriando, permitiendo que los núcleos de los átomos que se

formaron en la etapa anterior, capturen los electrones que necesitan para formar átomos

totalmente constituidos.

Sin embargo, esta hipótesis presentaba un obstáculo insalvable. Al llegar al helio4 la cadena se

estanca. Este elemento es, como ya dijimos, de una estabilidad asombrosa, y no permite que se le

acerque ningún protón ni ningún neutrón; pero si por casualidad se le anexionase alguna de estas

partículas, los nuevos elementos se desintegrarían instantáneamente, volviendo al estado anterior

de forma automática. Ni siquiera se podría continuar con las reacciones de fusión entre átomos

de helio4, dado que los nuevos elementos creados se desintegrarían igualmente y el resultado

final seguiría siendo helio4. La excepción que confirma la regla en esta caso es el litio, que se

genera en pequeñísimas cantidades. Esta hipótesis, por lo tanto, fué descartada.

Pero a medida que pasa el tiempo y se van conociendo mejor los entresijos de la materia, se van

creando modelos más perfectos y complejos, que nos acercan de una forma más detallada y

precisa a lo que sucedió en los primeros instantes de la existencia del Universo, y por tanto, de la

existencia de la materia.

La hipótesis de Gamow adolecía de otros fallos, como la escasa densidad de partículas existentes

en el seno de la materia que se expande a causa de la explosión inicial. Cosa nada favorable para

que los protones pudiesen colisionar con otros protones o neutrones con los que producir

elementos más pesados; dado que a una mayor densidad de partículas, mayores son las

probabilidades para que se produzcan colisiones entre dichas partículas.

Para solventar estos inconvenientes, el astrofísico británico Fred Hoyle desarrolló una serie de

teorías, que incluía a las estrellas como elementos participantes en la producción de elementos de

masa superior a la del helio4; elemento que se producía en los primeros instantes de la existencia

del Universo, junto con el hidrógeno y a partir de éste.

Hoyle fué el precursor de las teorías sobre las que se apoya la astrofísica moderna, para explicar

la existencia de los átomos en todas sus variedades. Sin embargo, nunca estuvo de acuerdo con

las ideas acerca del Big Bang. Para él, el Universo no tuvo un principio, simplemente existe desde

siempre y su estructura es y ha sido siempre la misma.

Las ideas acerca de un Universo cuya estructura sea idéntica allá donde se mire, fueron

desarrolladas por el cosmólogo inglés Arthur Milne; y parten de la siguiente idea: supongamos

un observador que mira a su alrededor desde un punto determinado del Universo. Mediante los

instrumentos apropiados, estudia las velocidades de regresión de las galaxias que se encuentran a

su alrededor, y deduce que las galaxias se alejan de su posición a velocidades proporcionales a

la distancia a la que se encuentran, sea cual sea la dirección en que mire. El observador tiene en

cuenta factores como el corrimiento al rojo y por supuesto, la perdidad de información que se

produce al aumentar las galaxias de velocidad, hasta que dejan de ser detectadas al alcanzar la

velocidad de la luz. Por lo que el observador llega a la conclusión de que a su alrededor, el

espacio se distribuye de forma esférica, y que él está situado precisamente en el centro de dicha

esfera. Si ahora dicho observador se trasladase 5.000 millones de años luz en cualquier dirección

y efectuase un estudio silmilar sobre las velocidades de regresión de las galaxias que tiene a su

alrededor, obtendría exactamente los mismos resultados: el tamaño del Universo observable, la

distribución de las galaxias, las velocidades de regresión de las mismas; todo sería prácticamente

igual, a excepción claro está, de las galaxias que tiene a su alrededor, que serían de características

diferentes; es decir, que la esfera observable de un principio, se ha trasladado de lugar junto con

el observador, que sigue ocupando el centro de dicha esfera. A ésto se le denomina el "principio

cosmológico".

Una idea más completa que se basa en el mismo principio, pero en la que se incluía el factor

tiempo, fué la que desarrollaron los astrónomos Hermann Bondi y Thomas Gold junto con Hoyle;

para los cuales la estructura del Universo es prácticamente la misma se mire hacia donde se mire,

tanto espacial (sea cual sea la distancia o la dirección hacia donde miremos), como

temporalmente (ya sea hacia el pasado, al presente o hacia el futuro); es decir, que la estructura

espacio-temporal del Universo es idéntica independientemente de la posición del observador. A

esta idea la denominaron el "principio cosmológico perfecto". Ni que decir tiene que esta hipótesis

niega implícitamente la existencia de un comienzo: un Big Bang que ponga en juego la energía y la

materia necesarias para que el Universo pueda existir y desarrollarse. Así mismo acepta de forma

implícita la idea: tanto de un espacio infinitamente grande, dado que poseerá una estructura

idéntica allá donde se pueda encontrar un observador; como de una existencia infinita, puesto que

dicha estructura permanecerá constante a través del tiempo.

Ahora bien, la expansión del espacio, con el consiguiente alejamiento de las galaxias entre sí,

implica que el espacio que va quedando entre ellas debe de llenarse de materia con la que

formar futuras galaxias, de forma que el Universo continue teniendo un aspecto y unas

características cosmológicas similares según pase el tiempo. Para solventar este inconveniente

Hoyle, Bondi y Gold desarrollaron la "teoría de la creación contínua"; que consiste en suponer

que la materia se crea de la nada. Los estudiosos del tema piensan que ésto sería posible y

podría realizarse a partir de fluctuaciónes del vacío cósmico o de fluctuaciones cuánticas.

Aunque esta idea podría parecer descabellada, está apoyada por la experiencia de científicos

que trabajan con la física cuántica y experimentan con partículas microscópicas. La idea principal

es que el Universo es un oceano en ebullición, lleno de particulas virtuales que aparecen y

desaparecen en el vacío. Sin embargo la idea de vacío puede llevarnos a engaño, dado que está

demostrado que posee cierta energía potencial. Energía latente que genera partículas virtuales que

vuelven a transformarse en energía; y así sucesivamente, intercambiando sus papeles de forma

continua. Las partículas así creadas tienen una vida de una duración determinada, que depende

de la cantidad de energía que posea el vacío en cuestión; de forma que a mayor energía, mayor

será la vida de dichas partículas. Por lo que es de suponer, que en el vacío intergalactico deberían

de haber regiones del espacio que generen la suficiente energía, como para crear grandes

cantidades de átomos de hidrógeno con los que producir estrellas y seguir generando galaxias.

De esta manera, a partir de fluctuaciones del vacío cósmico o fluctuaciones cuánticas, se crean los

átomos de hidrógeno que van llenando los huecos que se forman entre las galaxias ya existentes,

para crear otras en el futuro. (De hecho se piensa que nuestro Universo pudo crearse igualmente

a partir de una fluctuación del vacío cósmico).

A la idea del principio cosmológico perfecto también se la denominó: "teoría del universo

estacionario", dado que dicho principio establece que la distancia que separa a las galaxias es

invariable, a pesar de que el universo aumente de tamaño y provoque la separación de las

galaxias; pero como se van creando otras en los espacios que van quedando entre ellas, el

aspecto general del universo no variaría con el paso del tiempo.

Posteriormente a la aparición de estas ideas se corrigieron una serie de errores relativos a la

edad y tamaño del universo, observándose que éstos eran superiores a lo que se pensaba, cosa

que al parecer las perjudicó en beneficio de la teoría del Big Bang, que es la que prevalece hoy

día como la teoría más aceptada y plausible, y que nos sirve de modelo para acercarnos al

pasado y conocer de una manera aproximada los primeros instantes de la existencia del Universo.

Los conocimientos que existen actualmente, tanto de las fuerzas y partículas que existen en el

universo así como de sus estructuras, nos permiten acercarnos al principio de los tiempos de una

manera más precisa y objetiva. Las modernas teorías que tratan sobre la materia incluyen

diversas fuerzas que intervienen en los procesos nuclares, atómicos y gravitacionales denominadas

fuerzas fundamentales. Existen cuatro tipos de fuerzas fundamentales: la fuerza nuclear fuerte, que

es la responsable de la unión entre protones y neutrones (nucleones) en el seno de los átomos así

como de la unión entre los quarks que constituyen los nucleones; la fuerza nuclear debil, que es la

que interviene en el proceso de la desintegración radiactiva; la electromagnética, que es la

responsable de la atracción que existe entre el núcleo de los atomos y los electrones que le

rodean y de la atracción existente entre los átomos entre sí, y por último la gravedad, que es la

responsable de la atracción existente entre planetas y estrellas, galaxias, etc.

Ya tenemos todos los elementos necesarios para que podamos viajar al pasado, al momento en

que se produjo el Big Bang, y saber cuales eran las condiciones en las que la materia se creó.

La expansión que se observa en el universo y que hace que las galaxias se alejen unas de otras a

medida que pasa el tiempo, sirvió de base para crear la historia del universo. La separación

progresiva observada en las galaxias, nos induce a pensar que en el pasado las distancias que las

separaban era menores; de tal forma que a medida que retrocedemos en el tiempo se produce un

acercamiento lento y progresivo entre ellas. Lógicamente el tamaño del universo va disminuyendo

en la medida en que el espacio que ocupan las galaxias va siendo menor.

El universo disminuye de tamaño, pero al hacerlo va comprimiendo toda la materia y la energía

que contiene y al comprimirse, se calienta. La temperatura general del universo aumenta a medida

que retrocedemos hacia el pasado. La materia va perdiendo la estructura que observamos en la

actualidad. Cada una de las galaxias que nos rodea va cambiando su forma y sus características

hacia estados más primitivos hasta llegar a transformarse en un quasar brillante y luminoso donde

nacen estrellas jovenes. Más atrás en el tiempo, los quasars se desintegran en nubes gigantescas

de hidrógeno y de helio; desapareciendo la luz generada por las estrellas y sumiendo al universo

en la oscuridad. Un poco más atrás, la materia, transformada en un plasma, convive

estrechamente con la energía. La densidad de la materia es lo suficientemente importante como

para que los fotones interaccionen con la materia e iluminen intensamente el universo. Cuando

dicha densidad disminuya sensiblemente, los fotones no encontrarán materia con la que

interaccionar. Al verse libres del acoso constante de los fotones, lo electrones podrán ser

capturados por los diferentes núcleos y formar átomos de hidrógeno y de helio. Será entonces

cuando se producirá la oscuridad que comentabamos anteriormente. Oscuridad que durará hasta

que nazcan las primeras estrellas en el interior de los quasars e iluminen nuevamente el universo

con su luz.

La temperatura del conjunto va elevándose lentamente a medida que retrocedemos en el tiempo.

Si el universo actual tiene una temperatura media de 3 grados por encima del cero absoluto, en el

pasado su temperatura llegó a ser de muchos millones de millones de veces esta cantidad. Esta

elevación de la temperatura que el universo sufrió en el pasado tuvo su utilidad, ya que fueron los

diferentes estados térmicos por los que pasó el universo, los que permitieron que ciertas

reacciones pudiesen darse en el seno de la materia. Por ejemplo, para que los núcleos atómicos

pudiesen formarse el universo tuvo que enfriarse hasta aproximadamente los 100.000 millones de

grados kelvin. Esta es la época en que la materia del universo estuvo formada por un plasma

donde se sintetizaron los núcleos de hidrógeno y de helio.

Como vemos, en la medida en que retrocedemos hacia el pasado las energías son mayores y las

diversas estructuras materiales se van descomponiendo en estructuras más simples. Las galaxias

se descomponen en átomos simples, éstos se descomponen en nucleones y más tarde los

nucleones terminan descomponiéndose en quarks y otras partículas elementales. Llegados a

este momento, la temperatura del universo se ha elevado hasta un billon de grados.

Las etapas por las que pasó el universo están calculadas hasta la trillonésima de segundo. Cuando

se formaron los nucleones el universo tenía solo cinco minutos de edad; y este proceso lo realizó

en 3 minutos y 20 segundos, por lo que nos encontramos muy cerca del final. Anteriormente a la

época en que se formaron los quarks, en el interior del universo no existían partículas, sólo  

convivían las fuerzas fundamentales. La fuerza electromagnética, junto con la fuerza nuclear debil,

se unieron para formar una sola fuerza: la electrodebil. Éstas a su vez, se unieron con la nuclear

fuerte y crearon la fuerza electrofuerte unificada. La gravedad tambien está presente y al final se

unirá con las demás fuerzas para crear una sóla fuerza unificada, llamada TGU (fuerza cuya base

teórica está todavía en fase de desarrollo y a la que se denomina como "Teoria de la Gran

Unificación"). Es el tiempo cero, donde la temperatura posiblemente alcance los 10³° millones

de grados.

Sólo un pequeño apunte antes de continuar. Aparte del estudio de las fuerzas y la forma en que

las particulas se generaron en la génesis del universo, el investigador científico tambien estudia

factores como la simetría y la supersimetría que se produjeron en las diferentas etapas por las que

pasó el universo, desde el momento en que nació hasta nuestros días. La simetría se utiliza para

designar los factores que permanecen invariables al producirse alguna transformación en un

sistema físico. El ejemplo más sencillo y socorrido que se suele utilizar para ilustrar el significado

de la simetría es el de la esfera; donde se puede observar que al girarla en cualquier dirección

su forma no cambia, siempre nos parecerá redonda. Puede decirse que la simetría de la esfera es

geométricamente perfecta. En este caso hemos transformado la orientación de la esfera en el

espacio, pudiendo observar que el factor que no ha cambiado es su forma geométrica.

La simetría aumenta a medida que descendemos por la escala de los elementos componentes

de un sistema. En el caso de los átomos podemos observar que existen unas 115 especies

diferentes entre átomos naturales y los creados artificialmente en los laboratorios. Con estos 115

átomos nuestro universo ha fabricado 10.000 millones de galaxias y ninguna es exactamente igual

a la otra. Así mismo cada uno de estos átomos se ha creado sólo a partir de tres partículas: el

protón, el neutrón (denominados nucleones) y el electrón; y los nucleones se han creados a partir

del quark

El mismo recorrido que estamos haciendo ahora al descender por la escala de la materia, fué el

que hizo el universo al principio de los tiempos. Ahora existen galaxias, pero antes sólo existían

átomos; y antes de los átomos fueron los protones, los neutrones y los electrones, y antes los

quarks. Las simetrías aumentan igualmente a medida que retrocedemos. Antes de las partículas

fundamentales, cuando el universo sólo contaba algunas trillonesimas de segundo de vida, sólo

existían las cuatro fuerzas fundamentales: la gravitación, la electromagnética, la fuerza nuclear

fuerte y la nuclear debil. Éstas terminaron uniéndose entre ellas y al final sólo quedó energía de

radiación y una fuerza: la suma de las cuatro anteriores y a la que se denomina fuerza unificada.

Llegados a este momento la simetría del universo es total; geométrica y físicamente el universo

presenta una simetría perfecta. Tanto es así que a este estado se le denomina estado de

supersimetría. A partir de radiación y esta única fuerza se inicia nuestra historia.

Hemos llegado al final de nuestro recorrido y al principio de nuestra historia; de donde en el

futuro surgirán los átomos de hidrógeno y de helio, a partir de los cuales se crearán las futuras

estrellas jóvenes en el interior de los quasars.

A partir de aqui entran en juego las ideas desarrolladas por Fred Hoyle, que nos adentran en los

misterios de las estrellas y su participación en la producción de los diversos elementos que existen

en la naturaleza. En el año 1.957 editó un artículo en el que desarrollaba una serie de ideas,

donde explicaba la forma en que las estrellas producían toda la gama de elementos que dan

sentido y vida a nuestro Universo, desde el helio hasta los más pesados.

En el seno de las estrellas el hidrógeno entra en fusión debido a la presión y temperaturas

existentes, lo que significa que las partículas, los protones que forman los núcleos de los átomos

de hidrógeno, se aceleran. La densidad del medio en el que se encuentran dichos núcleos, hace

que se produzcan una infinidad de colisiones entra ellos; sin embargo el proceso que permite a un

protón acercarse a otro protón para fusionarse con él y crear así elementos más pesados es

increiblemente lento. Por término medio un protón no tarda menos de treinta millones de años en

fusionarse con otro protón y generar de esta manera un nuevo elemento atómico. El hecho es que

existe una barrera, un impedimento físico que hace que los protones se rechacen unos a otros; ya

que al estar cargados positivamente, los protones se repelen entre sí: ésta es la barrera de

Coulomb.

En teoría, dado que los protones son partículas de carga positiva, nunca deberían de entrar en

contacto entre ellos; deberían de mantenerse a distancia unos de otros repeliéndose; pero ésto

sólo es cierto si lo miramos a través de los ojos de la física clásica; sin embargo, si lo hacemos a

través de la física cuántica la cosa cambia. En este caso las predicciones que podamos hacer

sobre el futuro del protón, sólo podrán realizarse por medio de probabilidades; lo que viene a

decir que una de cada x colisiones (un número enorme de colisiones) que se producen entre dos

protones, tendrá suerte y logrará superar la barrera de Coulomb, fusionándose entre ellos y

generando un elemento de peso atómico superior. Éste es el motivo por el cual el proceso de

producción de átomos es tan lento. Pero en el núcleo de las estrellas, la razón de ser de la materia

no sólo depende de las colisiones que se producen entre los protones: tambien depende del calor.

Importantísimo elemento a tener en cuenta, si queremos que funcione nuestra fabrica de

elementos atómicos.

Gracias al desarrollo científico alcanzado, se sabe que en la actualidad, la abundancia de los

diferentes elementos que existen en la naturaleza se debe a que en las estrellas, debido a la

presión y a las altas temperaturas que existen en su interior, el hidrógeno se fusiona dando lugar

al helio, y éste lo hace a su vez, dando lugar a elementos más pesados, y así sucesivamente. Los

elementos más pesados se originan a partir de los más ligeros y con el tiempo van generando toda

la gama de elementos que conocemos hoy día; de forma que con el tiempo, los más pesados

aumentan en proporción. Aunque como veremos, la abundancia relativa de los diferentes

elementos que existen en la naturaleza es de lo más variopinta y no sigue una proporción uniforme

como cabría esperar; hay elementos como el hidrógeno y el helio que son los más ligeros y los

más abundantes; y otros como el carbono, el nitrógeno y el oxígeno que son más pesados que el

litio, el berilio y el boro y sin embargo son más abundantes que estos.

Para saber cómo es el proceso mediante el cual se crean átomos pesados a partir de otros más

ligeros en el interior de las estrellas, comenzaremos por imaginarnos una gigantesca esfera

compuesta en su mayor parte de hidrógeno, que se contrae y se calienta por efecto de la presión

gravitatoria; es decir, y en resumidas cuentas: una estrella joven. La presión y la temperatura no

son uniformes en el interior de nuestra esfera, sino que aumentan a medida que descendemos

hacia el interior de su núcleo; dado que con la profundidad aumentan la presión y la temperatura.

Por tanto, el lugar donde los átomos contenidos en nuestra esfera tendrán mayores posibilides de

fusionarse y producir átomos más pesados será precisamente en su propio núcleo. Gracias al

calor existente en dicho núcleo, los átomos y las partículas subatómicas como protones y

neutrones, se aceleran. Así mismo la alta densidad existente propicia los choques que se

producen entre las diferentes partículas, aumentando las probabilidades de producir elementos

pesados.

Las estrellas jovenes, compuestas en su mayor parte de hidrógeno, comienzan a generar calor en

su núcleo debido a la presión gravitatoria de su masa. Entonces el hidrógeno entra en fusión y

comienza a generar helio. A medida que la provisión de hidrógeno del núcleo se va acabando,

éste se va contrayendo y aumentando de temperatura. Llegado el momento la temperatura

alcanzada será lo suficientemente alta para que el helio, que ahora ocupa el núcleo de la estrella,

alcance la temperatura de fusión y comience a producir elementos más pesados. Por medio de la

fusión el helio puede formar átomos de carbono, oxígeno y neón; sin embargo no puede formar

átomos de berilio, boro y litio; lo cual explica la mayor abundancia de los primeros en detrimento

de los segundos. A medida que se consume el helio, el núcleo de la estrella continua calentándose

y contrayéndose; lo cual favorece al helio para que se fusione con núcleos de neón y forme

átomos de silicio, azufre, magnesio y calcio. A medida que van entrando en fusión los elementos,

el núcleo de la estrella va siendo ocupado por átomos cada vez más pesados. Al principio fué

el hidrógeno, luego el helio, luego le tocó al carbono, más tarde al oxígeno y en penúltimo lugar al

silicio. (Hablamos de los elementos preponderantes que se sintetizan en la cadena de producción

atómica).. Así mismo, no todos los átomos creados terminan transformándose en otros más

pesados, sino que siempre se produce un excedente. El material sobrante va formando capas

alrededor del núcleo como si fuese una cebolla; de forma que los elementos pesados que se van

creando van empujando al elemento que le precede hacia el exterior. De esta forma la imagen que

tenemos es la de una estrella formada por diversas capas concéntricas donde cada una de las

cuales está formada principalmente por una variedad de átomo en particular. La capa situada más

al exterior está compuesta principalmente de hidrógeno, la siguiente de helio, un poco más abajo

la de carbono, luego vendría la de oxígeno y en el núcleo tendríamos al silicio principalmente; que

debido a la presión y a la temperatura que se ha generado está empezando a producir átomos de

hierro.

La cadena funciona de forma perfecta generando átomos pesados hasta llegar al hierro. Pero con

el hierro se produce una situación muy particular Si antes dijimos que el helio posee una

estabilidad asombrosa la del hierro le supera con creces. Es el elemento estable por excelencia.

Ahora la situación en el núcleo de la estrella es diferente. Debido a la aparición del hierro la

cadena de producción atómica se rompe. El hierro consume energía en vez de generarla, y en vez

de producir energia, y por tanto calor, lo que hace es absorver la energía y el calor que le

rodea, lo que provocará el desequilibrio de todo el sistema de una forma catastrófica.

La estabilidad de una estrella está sustentada en el delicado equilibrio que se establece entre la

presión gravitatoria, que genera la masa de la estrella en dirección a su núcleo, y las reacciones

nucleares que se producen en el mismo. Mientras que la estrella tiende constantemente a

desplomarse sobre sí misma, las reacciones nucleares que se producen en el núcleo generan la

cantidad de energía y calor suficientes para que esto no suceda; contrarrestándose la presión

gravitatoria que la estrella ejerce hacia adentro, mediante la presión que ejerce la energía y el

calor generados en su núcleo hacia afuera. Sin embargo, con la llegada del hierro se producen

dos hechos importantes; por un lado las reacciones nucleares del hierro son endotérmicas; es

decir, que absorven calor en vez de producirlo, y por el otro se produce un hecho denominado

fotodesintegración del hierro; que no es sino la desintegración del núcleo de hierro, causada por

la enorme cantidad de fotones que se están generando en el núcleo debido al exceso de calor.

Los dos absorven calor, lo que provocará la contracción súbita del núcleo metálico de la

estrella. Si tenemos en cuenta que el núcleo de la estrella tiene un tamaño de dos o tres veces el

tamaño de la Tierra y que al contraerse su tamaño se reduce hasta el de una ciudad en menos de

un segundo, podremos observar la magnitud de los hechos que se avecinan. El núcleo alcanza

una velocidad enorme, casi un cuarto de la velocidad de la luz. Pero llega un momento en que

el hierro no puede contraerse más. Los átomos de hierro no pueden interpenetrarse; es decir, no

pueden entrar unos dentro de los otros; así que llega el momento en que chocan unos contra

otros y la contracción, debido a las fuerzas repulsivas que se generan a estas distancias, se

detiene un momento para a continuación rebotar. Debido a su gran masa el núcleo contraido

genera una cantidad de energía cinética enorme. El efecto rebote ha generado ondas de presión

que se dirigen ahora hacia el exterior en todas direcciones. Mientras tanto el resto de la estrella no

se ha quedado quieta. Al verse privada de su soporte central, la estrella ha empezado a caer en

un movimiento acelerado hacia su núcleo alcanzando velocidades supersónicas, pero en su

camino se encuentra con que las ondas de presión generadas se le vienen encima tambien a

velocidades supersónicas; produciéndose un choque violentísimo que genera temperaturas mucho

más elevadas que la necesaria para la fusión del hierro. En su camino hacia el exterior de la

estrella, la onda de choque va elevando la temperatura de las diversas capas de la estrella,

generando enormes cantidades de elementos más pesados que el hierro, a partir de los ya

existentes, y enormes cantidades de energía procedentes de la fusión de elementos que se está

produciendo. Se producen toneladas de plata, hierro, cobre, estaño, oro, yodo y plomo. Un

instante despues la estrella estalla transformándose en una supernova y esparciendo su preciada

carga de elementos atómicos por todo el espacio.

Ésta es, a grandes rasgos, la historia de la evolución de la materia a través del tiempo, según el

estado del conocimiento actual.

MITOS Y LEYENDAS.

Hemos expuesto la parte de la historia que afecta a la materia y a su evolución histórica. Más

adelante continuaremos contando la historia de la materia, vista a través de los investigadores

que descubrieron las características del átomo y sus partículas componentes en los centros de

investigación científica. Pero antes queremos hacer un paréntesis y exponer algunas dudas

respecto a las ideas que hemos descrito anteriormente.

Simetrías y asimetrías. En este apartado vamos a hablar de las simetrías y las asimetrías que se

dan en el universo. La simetría se define como la armonía resultante de ciertas combinaciones y

proporciones regulares. Proviene del griego "symmetria", que significa: justa proporción. La

definición de simetría que se acepta en física es la que designa los factores que permanecen

invariables al producirse alguna transformación en un sistema físico; definición que ya apuntamos

anteriormente. Ahora veremos cuan importante es la simetría en el universo.

Como comentamos nuestro universo parte de un estado supersimétrico, donde sólo existe energía

de radiación y una fuerza llamada fuerza unificada y a partir de los cuales se desarrolla todo lo

que conocemos hoy día. Siendo un estado supersimétrico sus características deben de ser las

mismas tanto geométrica, como fisica, como espacio-temporalmente se mire por donde se mire.

Ahora vamos a detenernos a estudiar algunas de las características geométricas que podemos

observar en los objetos naturales que forman parte del universo; y más en concreto sobre las

simetrías y asimetrías que podemos observar en ellos. Comenzaremos por las simetrías.

En la naturaleza se dan dos tipos de simetría fundamentalmente: la simetría dinámica evolutiva y

la simetría estática evolutiva. La simetría dinámica evolutiva es la que adquieren los objetos a

través del movimiento. Es la forma de simetría que adoptan la inmensa mayoría de los objetos que

contiene el universo; de hecho hay que considerarla como una cualidad universal. ¿Que no hay

objetos que hayan adquirido una forma simétrica a traves del movimiento?. Cuente el número

galaxias que existen en el universo, sumele ahora el resultado de multiplicar el número de galaxias

existentes por el número de estrellas que hay en cada una de esas galaxias, continue con el

número de sistemas solares, ahora súmele el número de planetas que constituye cada sistema

solar, siga con los satélites naturales que giren alrededor de dichos planetas... La cantidad total

es abrumadora; y estos son sólo los objetos que podemos observar a simple vista o con un

telescópio; porque los que no se ven: los átomos, que también son sistemas simétricos dinámicos,

también habría que incluirlos en la misma lista. (De los átomos hablaremos más adelante).

La simetría estática evolutiva es la que han desarrollado la gran mayoría de los seres vivos. Esta

simetría nace como repuesta a las necesidades de adaptación al medio, que surje desde los

primeros instantes en que la vida hace su aparición; ya sea sobre la Tierra o sobre otro planeta

habitable. Tanto los sistemas que poseen características de simetría dinámica como los que

poseen características de simetría estática, evolucionan continuamente desde el momento de su

gestación hasta su muerte; por esa razón les denominamos como sistemas evolutivos. Los

planetas, las estrellas, los sistemas solares, las galaxias y la vida en todas sus formas, evolucionan

a medida que pasa el tiempo en una búsqueda continua de equilibrio y de adaptación al entorno,

por medio de la regulación de los procesos internos.

En relación con la asimetría puede decirse que su existencia es escasa, en comparación con la

cantidad de objetos simétricos que hay; es decir, que la naturaleza tiene tendencia a crear

estados de simetría. Ningún objeto situado sobre un planeta, como por ejemplo la Tierra, puede

considerarse asimétrico; ya que esto equivaldría a decir que, considerando una esfera de piedra,

una de sus moléculas fuese asimétrica. No tendría sentido. Cada una de dichas moléculas forma

parte de un todo y está supeditado a él. Lo mismo ocurre con los objetos que existen sobre la

superficie terrestre: que forman parte del conjunto planeta Tierra y por ello forman parte de la

simetría total del sistema. Por lo tanto, los objetos que realmente sean asimétricos estarán

situados lejos en el espacio, entre los sistemas interplanetarios, interestelares e intergalácticos;

entre los que podemos considerar a los asteroides, meteoritos, cometas, nubes gaseosas, nubes y

partículas dispersas de polvo, etc. Una conclusión que se extrae de todo esto es que la asimetría

sólo se da a una distancia intermedia entre lo muy grande y lo muy pequeño; es decir, entre los

objetos llamados gravitacionales y los electromagnéticos.

Al igual que los objetos asimétricos, los seres vivos desarrollan su existencia a una distancia

intermedia entre lo muy grande y lo muy pequeño; sin embargo su existencia está supeditada a la

existencia y evolución de los sistemas simétricos, como son los sistemas solares y más en

concreto los planetas; dado que desarrollan su existencia sobre éstos.

Uno de los aspectos más interesantes de un objeto es que cuando presenta alguna característica

simétrica, automáticamente se crea en el mismo un centro o un eje de equilibrio; cuya localización

dependerá de las características del objeto y de la simetría que presente. Otro de los aspectos

interesantes de la simetría es que tiende a conservarse; como ya verificó la matemática Emmy

Noether allá por el año 1.915. Noether demostró matemáticamente que, tanto en la física

cuántica como en la clásica, toda ley de simetría origina una propiedad de conservación; es decir,

que el universo tiende a conservar las simetrías características de los objetos. Pero ésto no es lo

más importante; puesto que la tendencia del universo a conservar la simetría no es sino la

consecuencia directa de la tendencia que tiene el universo a crear simetrías; es decir, que en

primer lugar el universo crea simetrías, y luego lógicamente las conserva. Dicha tendencia

afecta a todos los objetos que contiene el universo, ya sean simétricos o asimétricos, por igual;

por un lado a los objetos simétricos, porque tendrán tendencia a crear conjuntos simétricos;

como por ejemplo los átomos, que se agrupan en grandes cantidades para formar estrellas y

planetas, las estrellas, que se reunen en grandes colonias para formar galaxias, éstas para formar

cúmulos de galaxias, etc.; y por el otro a los objetos asimétricos, porque tendrán tendencia a

crear nebulosas compuestas de gas y materiales diversos a partir de las cuales, en el futuro, se

podrán formar sistemas simétricos dinámicos, como estrellas o planetas. Por lo que podemos

comprobar que en el universo la búsqueda de la estabilidad es esencial y que dicha estabilidad se

manifiesta por medio de la simetría, y que afecta a todo, desde lo más pequeño a lo más grande.

La existencia y estabilidad de las leyes geométricas universales, dependen en gran medida de que

éstas se mantengan inalterables desde el nacimiento del universo hasta el final del mismo y en

cualquier situación física que se pueda dar. Un objeto que adopte las características de simetría

dinámica, podra estar constituido por cualquier material o fuerza; puesto que el universo no hace

distinciones en el material del que están constituidos dichos objetos; ya que lo que hace el

universo es conservar sus características simétricas y dinámicas. De tal manera que tenemos

objetos constituidos por estrellas, como las galaxias; por átomos, como las estrellas y planetas;

por neutrones, como las estrellas de neutrones; y por quarks, de los que supuestamente están

constituidos los agujeros negros. Tambien podemos observar que la vida media de estos objetos

es muy alta. Por término medio la edad de cualquiera de estos objetos supera facilmente los

5.000 millones de años. Así mismo los procesos mediante los cuales se generan tienen una

duración de varios miles de millones de años. Como puede observarse, los procesos tanto de

formación de objetos masivos como los que hemos reseñado, como los del desarrollo de su

existencia, así como los procesos de regulación interna, son extremadamente lentos; y tanto más

lento cuanto más masivos y densos son.

En las condiciones iniciales del universo, sólo existía un objeto simétrico de gran densidad y que

estaba constituido por radiación y una sola fuerza. Este estado de supersimetría se rompe al

estallar y modificar toda su estructura de forma casi instantánea; violando la ley de la

conservación de la simetría que tanto empeño pone el universo en mantener. De ser cierta esta

hipótesis las simetrías estarían en peligro de extinción; dado que la más grande e importante de las

simetrías que existió jamas, se destruyó en apenas una fracción de segundo. Al ser una simetría

que se rompe a nivel universal, automáticamente estaría enviando una orden a nivel universal que

ordenaría la destrucción automática de todas las simetrías nada más fuesen creadas. No existirían

las estrellas, dado que estallarían nada más iniciarse los procesos de fusión y se transformarían en

supernovas un segundo despues de ser creadas; tampoco los planetas, y ni siquiera los átomos,

puesto que estarían violando las leyes que se establecieron desde el primer segundo de existencia

del universo, cuando se rompió la primera y más impresionante simetría que ha tenido el universo

y que está lanzando un mensaje al universo diciéndole que las simetrías son inestables; al contrario

de lo que ocurre realmente.

La rotura de las simetrías en el universo primitivo no están del todo claras, como puede

observarse. Habría que preguntarse: ¿cómo es que un objeto supermasivo, con una densidad

que supera con creces a la del agujero negro más masivo que pueda existir en nuestro universo,

estalló como lo haría un petardo de feria, en fracciones de segundo?. ¿Acaso no impide la presión

gravitatoria de una estrella como el Sol, que ésta estalle en mil pedazos debido a la enorme

cantidad  de energía que se está generando en su núcleo?. ¿Por qué no se creó un objeto

supermasivo en el centro del universo cuando estalló, al igual que ocurre con las supernovas?.

¿Que tipo de reacción puede hacer que un objeto de esa magnitud, estalle desde todos sus

puntos dimensionales a la vez?. Son preguntas que hay que responderse antes de dar por válidas

estas ideas.

La pregunta que debemos hacernos ahora es: ¿qué es lo que puede provocar que se rompa la

simetría de un objeto?. La respuesta es que un objeto simétrico sólo puede romper su simetría

si formaba parte de un sistema asimétrico anteriormente; es decir, que un objeto simétrico nunca

puede perder la simetría por sí mismo, sino que necesita el concurso exterior de un sistema

asimétrico que transforme al conjunto de los dos sistemas, volviéndolo inestable. Conclusión: el

universo no pudo desequilibrarse a sí mismo. Un ejemplo muy sencillo: supongamos una esfera de

un material dado, de madera por ejemplo. Vamos a situarla sobre una superficie perfectamente

lisa y nivelada con el horizonte terrestre. La esfera se mantendrá inmovil sobre la superficie lisa,

estable y en equilibrio, mientras no intervenga ningún factor externo. Podría estar años o quizá

siglos sin moverse del lugar en que la situamos. Así mismo, la simetría que posee su estructura

interna, impide que se produzca alguna reacción originada por sus moléculas componentes, que

pueda modificar su centro de equilibrio, su estabilidad o su estructura. La bola no rodará sola, no

estallará, ni modificará su estructura interna por sí misma. Sin embargo, al contrario de lo que

ocurrió en el Big Bang, la esfera, junto con la superficie lisa, forman un conjunto de sistemas al

que podemos denominar como: sistema simétrico en desequilibrio potencial. Para llegar a este

conclusión hay que tener en cuenta los siguientes factores: por un lado la esfera es un sistema

simétrico, tanto interna como externamente; sin embargo, toda su estabilidad depende de factores

externos a ella misma. La horizontabilidad de la superficie lisa, la gravedad terrestre y el viento,

son algunos de los elementos que intervienen en el sistema asimétrico que se ha generado, que

determinan la estabilidad y el equilibrio de la esfera; a pesar de que no sean elementos que se

hayan mencionado en un principio. Por un lado, la gravedad hace que la esfera pueda estar

apoyada sobre la superficie lisa, al hacer que caiga continuamente en dirección al centro de la

Tierra. La gravedad puede poner en peligro la simetría y la estabilidad de la esfera en un

momento dado. Para comprobarlo sólo tenemos que colocar la esfera a cierta altura sobre la

superficie lisa y soltarla. Si la altura es suficiente la esfera se romperá al llegar al suelo o resultará

dañada su superficie, modificando automáticamente su estructura o su simetría. Por otro lado, la

horizontabilidad de la superficie lisa puede verse modificada debido a los movimientos internos

que se producen en el interior de la Tierra, y que van modificando su corteza exterior mediante

movimientos de tierra; lo que provocaría la pérdida dehorizontabilidad de la superficie lisa y la

pérdida de la estabilidad de la esfera, que rodaría a lo largo de su superficie. Incluso un golpe de

viento podría modificar la estabilidad de la esfera.

Vamos con otro ejemplo potencialmente más violento. Vamos a imaginarnos una esfera de metal

hueca, y la vamos a rellenar de hidrógeno del que se utilizar para fabricar bombas termonucleares.

Ahora la vamos a colocar en el espacio exterior, lejos de toda influencia gravitatoria. Tanto su

forma como su estructura interior son simétricas, por lo que, por mucho que esperemos, la esfera

de hidrógeno no se volverá inestable, no estallará ni modificará por sí misma su estructura interna

o externa. Por tanto necesitará, como en el ejemplo anterior, de un objeto asimétrico externo

(una bomba nuclear), que desequilibre la estabilidad de todo el sistema y produzca una reacción

en cadena en el hidrógeno, cuyas consecuencias todos conocemos. Podemos observar que tanto

una esfera como la otra, sólo pueden desestabilizarse y perder la simetría si son influidas desde

el exterior, por medio de un sistema asimétrico.

Volvemos al tiempo cero, cuando el universo era un objeto supersimétrico y estaba a punto de

iniciar su andadura. Tanto su estructura interna como externa presentaban una simetría perfecta.

Sólo estaba el universo, el huevo cósmico. No había nada más. Nada exterior que pudiese

modificar su estructura interna o externa; ni nada interior que pudiese alterar la supersimetría

de su estructura. Solo existía la simetría.... y una simetría no se puede romper por sí misma.

El calor. Otra de las hipótesis de las que parte la teoría del Big Bang, es que la temperatura

del huevo cósmico era extremadamente alta en el tiempo cero: de unos 10³° millones

de grados kelvin (Un uno seguido de treinta ceros). La existencia de esta temperatura tan

elevada, se debe a la enorme presión gravitatoria que ejerce toda la masa del universo, que le

obliga a condensarse en una esfera del tamaño de un protón; ya que según las teorías actuales, al

comprimir una determinada cantidad de masa, se genera energía en forma de calor; como

aparentemente ocurre en las estrellas, en la Tierra o como ocurrió en el origen del universo. Así

que, como uno de los elementos cruciales que dió origen al universo fué el calor, vamos a

descubrir algunas de las características del calor.

El calor es una forma de energía que adquieren los cuerpos, y que se manifiesta por un aumento

significativo de la velocidad o vibración de las moleculas que lo componen. Podría decirse

también que es la respuesta que tiene la materia cuando se le aplica energía o se pone en contacto

con ella. Otra cosa es la temperatura. Al medir la temperatura de un cuerpo, lo que se hace es

medir la energía cinética que adquieren las moléculas del cuerpo en cuestión; es decir, que lo que

se hace es medir el movimento vibratorio de las moléculas.

El concepto está claro, el calor es una forma de movimiento que se observa en la materia; ¡pero

sólo y exclusivamente en presencia de la materia!. Hay que prestar toda la atención posible a este

hecho; ya que comprendiéndolo llegaremos al fondo de la cuestión.

Quizá le sea dificil de asimilar lo que vamos a decir a continuación, pero no se preocupe, le

pondremos algunos ejemplos para facilitarle la tarea. El calor es un concepto inseparable de la

materia; o dicho de otro modo: no es sino en presencia de la materia que cobra verdadero

sentido el concepto del calor. Es decir, y para resumir, sin materia no hay calor ni temperatura.

No tienen sentido estas palabras si no hay materia. Un ejemplo sencillo y facil de comprender:

el Sol nos está enviando grandes cantidades de energía de forma continua. Sin embargo, dicha

energía recorre la distancia que separa el Sol de la Tierra sin calentar el espacio por el que se

desplaza. ¿Por qué?, por que no hay materia que absorva dicha energía y emita calor. Ahora

supongamos que lanzamos dos naves y las colocamos en órbita geoestacionaria sobre la Tierra.

Una la situaremos de forma que esté recibiendo la energía del Sol de forma continua; y la otra la

situaremos en el lado opuesto de la Tierra, de manera que no reciba la más minima cantidad de

energía del Sol. La temperatura de la nave que está recibiendo la energía directa del Sol se podrá

elevar hasta los 120º C aproximadamente; mientras que la temperatura de la que está en el lado

opuesto descenderá hasta los 180º C bajo cero. La conclusión que se desprende es que: por

un lado, el espacio no está caliente; ya que si así fuese, la nave situada en el lado opuesto al Sol

tendría una temperatura muy superior a los 180º C bajo cero que se miden; y en segundo lugar,

ha sido necesario colocar una nave en órbita frente al Sol, para poder observar el fenómeno del

calor y el aumento de temperatura, donde antes no existían ninguno de estos conceptos.

¿Por qué no está caliente el espacio?. Porque la energía no lleva el calor en sí misma, ni siquiera

la emite, sólo transporta la información del calor. Esa es la razón, simple y llanamente. El único

elemento capaz de descifrar dicha información es la materia; por tanto, sólo los elementos

considerados como materiales pueden emitir o absorver calor. Ya puede estar el espacio repleto

de energía, que el fenómeno del calor no se manifestará hasta que no se situe un objeto material

en dicho contexto.

Ahora volvamos al tiempo cero; al momento en que el universo está a punto de estallar. En este

momento en el universo sólo existe energía en forma de radiación y una sola fuerza, que es la

suma de las cuatro fuerzas fundamentales. No hay espacio para la materia en el estado de energía

en el que se encuentra el universo; por lo que no existe el concepto de calor ni temperatura en

esas condiciones. ¿Y qué pasa si no hay calor?; pues que hace un frío de mil demonios, puesto

que el frío es la ausencia de calor. Pero tenemos otro pequeño problema: cómo medir la

temperatura del huevo original. Dificil papeleta la que nos ha tocado; puesto que lo que hace un

termómetro es medir la cantidad de energía cinética de las moleculas de materia... ¡y en el huevo

original no hay materia!. ¿Que hacemos?. ¿Cómo solucionamos este embroyo?.

La solución es que no hay solución. No podemos medir la temperatura de un medio en ausencia

absoluta de materia, y si no hay materia no hay calor y si no hay calor no hay temperatura... y eso

es lo que hay: una no temperatura. Han leido bien, la temperatura que había en el interior del

huevo cósmico no era una temperatura; como no lo es la temperatura de 0º kelvin, o dicho de

otro modo: el huevo cósmico se encontraba a cero grados absolutos. Esto quiere decir que

cuando un medio alcanza los cero grados absolutos, no se puede medir su temperatura; ya que

ésta no existe. En ausencia absoluta de calor el concepto de temperatura no existe; por lo tanto

dicho concepto deja de tener sentido. La conclusión más lógica y razonable a la que podemos

llegar es que nuestro universo nació del frío más absoluto.

Conclusión final: en el principio el universo tenía una simetría perfecta y su temperatura era de

cero grados absolutos. Estaba constituido por energía en forma de radiación y una sola fuerza.

No había calor ni temperatura y, por lo tanto, la fuerza unificada no se pudo escindir en las cuatro

fuerzas fundamentales ni formar quark ni neutrones ni materia; aunque lo más seguro es que en el

tiempo cero ni siquiera existiese la fuerza unificada y sólo existiese energia en forma de radiación.

Por otro lado, la supersimetría no se pudo romper por sí sola, y puesto que lo único que existía

era el universo supersimétrico, no podía existir un elemento externo que pudiese romper su

simetría; y por último, de romperse su simetría el universo estaría enviando automáticamente un

mensaje a toda su estructura interna diciéndole que las simetrías son inestables y deben de

autodestruirse nada más formarse; impidiendo la formación de quarks, protones, neutrones,

electrones, planetas, estrellas, galaxias, etc; cosa que no ocurrió de ninguna de la maneras, dado

que todos estos elementos existen. Dos razones para pensar que: primero, no hubo gran

explosión; y segundo, no se pudieron dar las condiciones necesarias para iniciar los procesos de

creación de la materia.

Entonces se podría comenzar la historia del universo diciendo: "En el principio todo era oscuridad

y frío". (Véase: "El Universo: 2ª parte").

 

EL DESCUBRIMIENTO DE LA MATERIA.

La electricidad:

Para hacernos una ligera idea sobre los hechos que constituyeron el descubrimiento de la materia,

lo primero que tenemos que tener en cuenta es que el descubrimiento de las características de la

materia es un hecho que se apoya en el descubrimiento de las características eléctricas de la

materia y su desarrollo a nivel experimental.

Los fenómenos eléctricos son conocidos desde la antiguedad. Sin embargo, no fué sino durante

la época del renacimiento que se emprendieron los primeros estudios destinados a descubrir los

misterios de las manifestaciones eléctricas observadas en la naturaleza. Hacia finales del siglo

XVI, durante la época de Galileo, Sir William Gilbert, médico de la realeza inglesa, se dedicó a

estudiar de forma minuciosa los fenómenos eléctricos y magnéticos. Realizó importantes

descubrimientos relacionados con las propiedades de las cargas eléctricas. Observó que al frotar

una barra de ámbar podía atraer objetos, como pequeños trozos de papel, y que al cargarse de

energía eléctrica dichos papeles se repelían entre sí. También observó el fenómeno de la

conducción eléctrica a través de cuerdas mojadas o alambres metálicos, que hacía que la

electricidad de un objeto situado en el extremo de un alambre, pasase a otro objeto situado en el

otro extremo. Más adelante, hacia 1.733, los experimentos realizados por el físico francés

Charles Du Fay, pusieron de manifiesto la doble naturaleza de la electricidad. Por un lado está

la electricidad producida al frotar el ámbar, el lacre y otras sustancias resinosas, y por otro la

producida al frotar sustancias vítreas, como el cristal o la mica. Por lo que se consideraron dos

tipos diferentes de electricidad, la resinosa y la vítrea. Poco despues, el estadista americano

Benjamín  Franklin se dedicó a estudiar los fenómenos eléctricos y en 1.753 publicó un libro en el

que exponía el resultado de sus experiencias y observaciones. Hizo importantes aportaciones en

el campo experimental, descubriendo entre otros la naturaleza eléctrica de los rayos; sin embargo,

su interpretación teórica del fenómeno de la electricidad estaba equivocada. Pensaba, al contrario

que Du Fay, que la electricidad estaba constituida por un único fluido, el generado por las

sustancias vítreas, y que los dos fenómenos observados, eran el resultado de la falta o exceso de

dicho fluido. Fué el primero que acuñó los terminos de positivo y negativo para designar las

distintas manifestaciones que se observaban durante los fenómenos eléctricos. De tal forma que

a los objetos cargados con un exceso de electricidad, como la que se producía al frotar una

sustancia vítrea, los designaba como cuerpos con carga positiva, y a los que manifestaban una

falta de electricidad, como la que se producía al frotar una varilla de caucho, los designaba como

cuerpos con carga negativa. Descubrió así mismo que cuando dos objetos, uno cargado

positivamente y otro negativamente se juntan, la corriente eléctrica fluye siempre desde el

positivo al negativo. La idea de Franklin en la que se supone que existe un sólo fluido eléctrico, es

erronea desde el momento en que éste presuponía la existencia de un sólo tipo de partículas que

generan el fluido eléctrico: las positivas, y que el exceso o la falta de dicho fluido es el que origina

las distintas manifestaciones eléctricas observadas en los objetos; sin embargo, ésto no es asi

como ya sabemos. En este aspecto las ideas de Du Fay, que pensaba que existían dos fluidos

eléctricos, estaban más cercanas a la realidad que las de Franklin, dado que existen partículas

cargadas positivamente y partículas cargadas negativamente que reaccionan de diferente manera

según las condiciones eléctricas en las que se encuentren.

Luego llegaron científicos importantes que aportaron sus conocimientos y su experiencia al

progreso de la humanidad, como Charles Augustin de Coulomb que descubrió, aparte de otras

muchas cosas la ley de Coulomb, según la cual las fuerzas de repulsión y de atracción electricas

son proporcionales al producto de las dos cargas e inversamente proporcionales al cuadrado de

la distancia que las separa. Alessandro Volta que inventó la "pila de Volta" hacia 1.800; que no

es sino la antecesora de las pilas y baterias modernas; en honor a este físico italiano, desde 1.881

se denomina voltio a la diferencia de potencial existente entre dos puntos de un hilo conductor,

recorrido por una corriente constante de un amperio, cuando la potencia consumida entre estos

puntos es igual a un vatio.

Aunque existe una relación entre electricidad y magnetismo, los primeros científicos que

investigaron estos fenómenos no pudieron establecerla. No fué sino en el año 1.820 que el físico

danés Hans Christian Oersted descubrió dicha relación a la que denominó "electromagnetismo".

Oersted utilizó una pila de Volta y una aguja imantada que colocó cerca de un alambre

conectado a dicha pila. Al conectar los dos extremos del alambre a la pila, la aguja que se

mantenia en la dirección norte-sur, giro hasta colocarse en la dirección transversal al alambre.

Al conocerse esta noticia en París, el físico y matemático francés André-Marie Ampère descubrió

que además de actuar sobre una aguja imantada, la corriente eléctrica puede actuar sobre dos

alambres paralelos de forma que si circula una corriente eléctrica por cada uno de ellos y en la

misma dirección, se atraen, y si circula en dirección contraria, se repelen. En honor a este genial

investigador la unidad de intensidad de corriente eléctrica lleva su nombre. Siendo el amperio la

corriente eléctrica que circula por un conductor a razón de un culombio de carga eléctrica cada

segundo.

Mientras que en Francia Ampere investigaba los efectos de la corriente eléctrica y su relación con

el magnetismo, en Alemania el físico George Simón Ohm se dedicaba a estudiar los efectos de la

electricidad sobre distintos tipos de alambres por los que pasa, introduciendo el concepto de

resistencia eléctrica y descubriendo una de las leyes fundamentales de la corriente eléctrica y que

hoy conocemos como "Ley de Ohm": que establece que la corriente que circula por un circuito

eléctrico cerrado es directamente proporcional a la tensión que tiene aplicada, e inversamente

proporcional a la resistencia que ofrece a su paso la carga que tiene conectada. Ley que

descubrió en 1.827.

En 1.791 nace uno de los genios más grandes que ha dado la ciencia: Michael Faraday. De

origen británico, se dedicó a investigar en el campo de la física y de la química; llevando la

investicación sobre la electricidad y el magnetismo a lo más alto y abriendo la era de la ciencia

moderna. Faraday descubrió la inducción electromagnética, la electrólisis y el diamagnetismo e

inventó el motor eléctrico, el generador eléctrico y la dinamo. Pero hizo más cosas, descubrió el

benceno, fué el primero en licuar gases, descubrió las características magnéticas de la luz

polarizada, etc...

De todos los descubrimientos que realizó Faraday, el que más nos llama la atención es el de la

electrólisis. La electrólisis es un proceso que provoca la ruptura de moléculas por medio de una

corriente eléctrica. La solución a través de la cual circula la corriente se denomina electrolito y a

las varillas de metal que se introducían en la solución las llamó electrododos. Faraday evitó llamar

polos opuestos a dichas varillas, ya que demostró que no eran polos de fuerza. A lo que

consideramos hoy día como electrodo positivo le llamó ánodo y al negativo cátodo. A cada carga

que se desplaza a través de la solución la denominó ión, que significa viajero en griego; y por

último, a los iones que se desplazan en dirección al ánodo los llamó aniones y a los que lo hacen

en dirección al cátodo cationes. Como se ve, no designa como partículas positivas a aquellas que

se desplazan en dirección al ánodo ni negativas a aquellas que se desplazan en dirección al

cátodo. Con Faraday termina la edad de oro de la electricidad, por lo que comenzaremos con

nuestra exposición sobre la materia.

La materia:

A pesar que la existencia de los átomos ya se intuyó desde la Grecia antigua por los filósofos

Demócrito y los Epicúreos, no fué sino veintidos siglos despues, a principios del siglo XIX, que

se expone la primera teoría atómica con base científica. Teoría que fué desarrollada y expuesta

en el año 1.805 por el químico y físico ingles John Dalton; donde demuestra que la materia se

compone de partículas indivisibles denominadas: átomos.

Todas las investigaciones y descubrimientos que se realizaron en torno al átomo durante el siglo

XIX, fueron realizados con el convencimiento de que el átomo era indivisible. Esto nos puede dar

una idea aproximada del expectacular desarrollo de la física de partículas que se produjo en el

siglo XX.

La primera partícula subatómica que se descubrió fué el electrón. Su existencia fué postulada por

el físico irlandés George Johnstone Stoney, como unidad de carga en el campo de la

electroquímica y fué él el que acuñó el término electrón en el año 1.891. Sin embargo, fué el físico

Joseph John Thomson quien descubrió su existencia en el año 1.897. Mediante una serie de

experimentos, descubrió unas partículas a las que denominó "corpúsculos", las cuales poseían una

masa dos mil veces menor que la del hidrógeno y a las que más tarde identificaron como

electrones. Así mismo realizó un esquema del interior del átomo, al cual consideró como una

esfera de material cargada positivamente con una multitud de electrones esparcidos en su interior

como si fuese un pudin de pasas, donde las pasas negativas estaban distribuidas en el interior de

un pudin de materia positiva. Este modelo de átomo puede considerarse como estático, dado que

los electrones permanecen quietos en su interior, en un equilibrio que viene determinado por las

fuerzas de repulsión y de atracción electrostáticas que se dan en el interior de dicho átomo.

A principios de 1.900 el físico y químico británico Ernest Rutherford comenzó a realizar

importantes descubrimientos en el campo de la física del átomo. Entre sus muchas aportaciones

destaca  el descubrimiento de las partículas responsables de la radiación a las que denominó

rayos alfa, beta y gamma; identificando a los rayos alfa como núcleos de helio y descubriendo la

existencia del protón.

Sus investigaciones sobre la radioactividad le llevaron a sondear el interior del átomo

bombardeándolo con todos los nuevos tipos de proyectiles que la radiactividad había dejado al

descubierto. De esta manera lanzaba haces de partículas alfa sobre delgadas laminas de metal,

comprobando que aunque la mayoría de las partículas continuaban en la misma dirección, algunas

de ellas se desviaban de la misma o incluso rebotaban hacia atras. En contraposición a lo que

pensaba Thomson sobre el átomo en forma de pudin de pasas, Rutherford dedujo que la masa

del átomo poseía una carga positiva y estaba concentrada en el centro del mismo, ocupando una

porción muy pequeña con respecto al tamaño del átomo. Nace de esta forma el modelo de base

atómico, el cual se irá perfeccionando posteriormente con aportaciones de otros investigadores

científicos. De esta forma Rutherford desarrolló un nuevo concepto sobre la estructura del átomo,

donde había un núcleo pequeño y denso cargado positivamente y situado en el centro del átomo,

y a su alrededor girando, un enjambre de electrones.

En 1.913 entra en escena el físico danés Niels Bohr, que apoyandose en la teoría atómica de

Rutherford (de hecho eran amigos), diseña un nuevo concepto sobre la estructura interna del

átomo. Bohr dedujo que el átomo de Rutherford no podia existir nada más que durante una

fracción de segundo, el tiempo necesario para que el electrón se precipitase hacia el nucleo

emitiendo ondas electromagnéticas. De tal forma, que dado que las estructuras atómicas son

estables, Bohr dedujo que debía de existir un mecanismo que impidiese que los electrones

se precipitasen hacia el núcleo. Lo encontro por medio de la teoría de los quantos introducida

por el físico alemán Max Planck, que descubrió que la luz, así como toda radiación

electromagnética, se emite por medio de pequeños paquetes de energía, y no de forma contínua

como se creía hasta entonces. Bohr penso que al igual que la luz, la energía mecánica de los

electrones que giran alrededor del núcleo podía estar cuantizada; de esta forma las diferentes

órbitas que puede ocupar un electrón girando alrededor del átomo corresponde a los diferentes

estados de excitación del átomo. Órbitas que están definidas energéticamente y que el electrón

sólo puede alcanzar emitiendo o absorbiendo un cuanto de luz. Pero nos falta un elemento para

completar nuestro átomo: el neutrón; descubierto mucho después en 1.932 por James Chadwick.

Aunque al átomo de Bohr se le tuvo que dar algunos retoques posteriores, pensamos que la idea

de átomo tal y como la desarrolla Niels Bohr, es el concepto básico de átomo que existe hoy día.

Por lo que detendremos nuestra exposición de los hechos relativos al descubrimiento de la

estructura de la materia aquí; no sin antes recordarles algunas de las características de la fuerza

electromagnética: la fuerza electromagnética es la responsable de la fuerza de atracción que

se produce entre las partículas que tienen una carga eléctrica opuesta, y genera además todas las

formas en que la radiación electromagnética se manifiesta. Esta fuerza es la responsable directa

de la existencia de la materia, dado que es la que interviene entre protones y electrones para que

puedan formarse átomos y la que interviene entre los átomos para que puedan formar moléculas.

GIGANTES Y CABEZUDOS.

El concepto de contrario existe desde antiguo: el bien y el mal, la belleza y la fealdad, negro y

blanco, frío y calor, etc.; son conceptos que conocemos bien y que a menudo, en nuestra mente,

se nos aparecen como posturas enfrentadas; como si uno de los términos perteneciese a un

mundo y su contrario a otro. No en vano el término de contrario o antónimo se define como toda

palabra o cosa que se opone a otra.

Tomemos como ejemplo a una persona cualquiera. Podemos observarla y clasificarla mediante

los cánones mentales que nos hemos creado o que se acuerdan tácitamente por el grupo, ya sea

étnico, social, cultural, etc. en el que vivimos. Podemos decir, de acuerdo con nuestras

observaciones, que dicha persona es alta, baja, delgada o gruesa tomando como modelo

dichos cánones. Sin embargo los modelos de referencia cambian de un lugar a otro, de un nivel

social a otro, de un nivel cultural a otro, de un pais a otro, etc. No existe un punto de referencia

que sirva para todo el mundo, puesto que todos somos diferentes y cada grupo posee unas

características que les diferencian de otros grupos. No son diferencias importantes, pero que sí

les caracterizan.

Las escalas de valores y las reglas de medir que hemos ido creando y construyendo a lo largo de

nuestras vidas, las hemos ido adaptando a medida que ha ido pasando el tiempo de acuerdo a

nuestra localización geográfica, a nuestros gustos, a nuestras necesidades, a nuestros niveles de

compresión, etc. Aquello que se consideraba bueno y deseable en una época, no lo es tanto si

avanzamos o retrocedemos en el tiempo. Los tiempos cambian, y nuestra forma de ver las cosas

también.

Sin embargo, nuestra forma de ver las cosas choca con "la forma de ver las cosas" del universo.

Es lógico y normal, puesto que somos seres humanos y vemos las cosas desde nuestro particular

punto de vista. Hemos aprendido a valorar las cosas comparándolas con otras. Normalemente

necesitamos de un modelo de base o punto de referencia a partir del cual podamos hacer una

valoración aproximada de las características de un elemento en particular; ya sea una persona, un

objeto, etc. Una vez valorado dicho elemento extraemos nuestras conclusiones y lo clasificamos.

Normalmente el modelo de referencia solemos ser nosotros mismos o el establecido por el grupo

al que pertenecemos si el elemento valorado es una persona. Si el elemento en cuestión es un

objeto podemos valorarlo de acuerdo a nuestros gustos, a nuestras necesidades, utilizar el

sistema de medidas de uso normal en nuestro grupo para pesarlo, medirlo, etc.

Un ejemplo concreto: tomemos dos personas, una alta, que mida 1,90 metros por ejemplo, y otra

baja, de 1,60 de altura. La diferencia entre una y otra es de 30 cms. Alto y bajo nos parecen

términos contrarios o antónimos; sin embargo, los dos se refieren a la misma escala, la de medir.

¿Que pasaría ahora si trajésemos una tercera persona cuya altura esté entre medias de las dos?,

¿cómo la consideraríamos: alta o baja?.

Podríamos colocar una regla de medir en posición vertical y pegarla a una pared y realizar una

marca a medio metro y otra a dos metros y medio del suelo, y hacer pasar a todos los seres

humanos por delante. Prácticamente todos los seres humanos entraríamos dentro de dichas

medidas. ¿Donde ha quedado nuestra particular visión de los conceptos contrarios?, dentro de

una misma escala de medidas: la escala espacial. No existe ningún punto determinado en ella, que

nos pueda servir de referencia y a partir del cual podamos establecer nuestras escalas para

diferenciar a las personas altas de las bajas.

Con respecto a una escala de medir, como es en este caso la espacial, podemos decir que las

personas pueden ser más o menos altas, puesto que el universo no hace distinciones en cuanto a

las características físicas de los elementos que contiene, sino que somos nosotros los que los

clasificamos y calificamos con respecto a nuestra particular visión de las cosas.

Un ejemplo abstracto: tomemos un cuadro de algún pintor conocido, cualquiera. Mírelo,

obsérvelo. ¿Que le parece, le agradan las formas dibujadas?, ¿y los colores, le parecen lo

suficientemente vivos?. ¿Son expresivas las figuras?. ¿Que le hace sentir el cuadro?. ¿Cree que

otra persona sentiría lo mismo que Usted al mirarlo?. ¿Piensa que existe algún punto que le

pueda servir de referencia para valorar la obra que está mirando?. En este caso no existen reglas

de medir, de la misma forma que tampoco existían anteriormente; dado que la regla de medir sólo

existía en nuestra mente, al igual que en este último ejemplo. En los dos ejemplos nos hemos

ayudado de nuestra experiencia o de nuestros gustos para valorar la altura de una persona o la

calidad y belleza de una obra de arte, sin reglas de medir.

El universo esta ahí, y nosotros estamos en medio, situados entre lo más grande y lo más

pequeño, valorándo todo lo que nos rodea y buscando nuestro sitio dentro del universo. No

somos más que un punto perdido en la inmensidad del espacio. Fabricamos nuestras propias

escalas de valores y de medidas de acuerdo a nuestra forma de ver y entender el universo que

nos rodea, y esas escalas de valores y de medidas... sólo existen en nuestra mente.

El estudio del universo a través de la física, nos ha demostrado que nuestras percepciones y

valoraciones son siempre relativas. No existe una regla, modelo o punto de referencia absoluto

que nos indique que una cualidad observada sea única y exclusiva. La teoría de la relatividad

responde en cierto modo a la forma de ver y entender el universo que tiene el ser humano desde

que tuvo uso de razón. Para el ser humano no existe ningún punto que pueda servir como punto

de referencia a la hora de realizar una valoración determinada, de la misma forma que tampoco

existe para el universo.

Las reglas de medir que utiliza el universo son lineales. Sin puntos intermedios que puedan

servirnos de referencia y mediante los cuales podamos conocer alguna cualidad o característica

de forma absoluta sobre algún elemento en particular. Los objetos poseen una masa, unas

dimensiones o una temperatura determinada, sin que ninguna de ellas sea característica ni ninguna

de ellas nos pueda servir de referencia para establecer un modelo de referencia absoluto, con el

que poder valorar y clasificar a los demás objetos. Encontramos que todos los elementos y

objetos que contiene el universo poseen una masa determinada, así mismo todos poseen unas

dimensiones determinadas, una velocidad determinada, una temperatura determinada, etc; sin

embargo, encontramos que ninguno de los valores determinados para cada cualidad puede ser

igual o menor que cero. Éste es el único punto que podría considerarse como absoluto y que sin

embargo, es imposible de alcanzar o de conseguir. No hay ningún elemento en nuestro universo

cuya masa sea cero o nula; como tampoco hay ningún elemento que tenga unas dimensiones de

cero milímetros o algún objeto que se encuentre detenido absolutamente en el espacio o algún

otro que se encuentre sometido a una temperatura de cero grados absolutos, etc. De la misma

manera que tampoco existen objetos que posean alguna cualidad: como la masa, la velocidad, las

dimensiones, la temperatura, etc. que sea negativa. De forma que todas las cualidades que

caracterizan a un objeto son siempre positivas. De manera que para el universo los objetos no se

pueden clasificar según sus características, puesto que todos entran dentro de la misma escala.

Pudiendo decirse que un objeto puede tener más o menos masa, más o menos tamaño, más o

menos movimiento, más o menos temperatura, etc.; sin que ninguna medida sea característica y

sin que ninguna de ellas pueda llegar a ser negativa. Por otro lado, al no poseer ninguna

característica concreta, podemos decir que un objeto debe de tener unas cualidades tales que se

le pueda ver tanto de una forma como su opuesta; es decir, que un objeto o elemento que

contenga el universo debe de contener en si mismo cualidades opuestas. Por ejemplo: una

persona debe de ser alta y baja, gruesa y delgada, pesada y ligera, etc., y todo a la vez; y verlo

de una manera u otra dependerá del punto de vista de cada uno de nosotros. En el caso de

un objeto nos debe de parecer ligero y pesado, grande y pequeño, con más o menos movimiento,

frío y caliente, etc., e igualmente todo a la vez; es decir, que sería un objeto comparable a

otro y por tanto, de cualidades relativas. Es más, podríamos establecer una ley universal diciendo

que todo elemento u objeto que contiene el universo debe de contener en si mismo tanto una

cualidad como su opuesta. En caso contrario dicho elemento no podría existir, dado que sería un

elemento que tendría cualidades absolutas y no podría responder a ciertas preguntas formuladas

sobre sus características. Por ejemplo: supongamos un objeto determinado sobre el cual decimos

que tiene un tamaño grande. Lo primero que se nos ocurriría preguntar es: ¿cómo de grande?,

o ¿más grande que qué?. La mente nos llevará automáticamente a realizar una valoración

comparativa del tamaño del objeto en cuestión. Si aún así el objeto siempre sigue pareciéndonos

grande, lo siguiente que se nos ocurriría pensar es que no es un objeto normal, puesto que no

existe ningún objeto con el que se pueda comparar. Llegados al extremo de nuestra imaginación,

podemos llegar a la conclusión de que un objeto grande que no puede compararse a nada en

tamaño, debe de tener el tamaño del universo entero; y por tanto, no puede ser considerado

como un objeto. Sus características deberán ser entonces absolutas en cuanto a masa, densidad,

temperatura, tamaño, etc., puesto que no puede ser comparado con nada conocido. Pudiendo

decirse que cualquier cualidad no comparable de un objeto determinado, debe de considerarse

como absoluta, lo que llevaría a dicho objeto a ser considerado como único en su especie; como

es el caso del universo. Esta idea nos lleva a pensar que el universo termina donde sus cualidades

se vuelven absolutas; es decir, que cuando alguna de las cualidades del universo no pueda ser

comparable con otra, habremos llegado a los limites del universo; como ocurre en el caso que

expusimos anteriormente, donde el tamaño de un objeto llegaba a ser tan grande que no podía

ser comparado con ningún otro, y no quedaba más remedio que llegar a la conclusión de que

dicho objeto debía de tener el tamaño del universo. Ocurriría exactamente igual con las demas

cualidades que podamos encontrar en un objeto: como la masa, la densidad, la temperatura, etc.

Sin embargo, nos detendremos un instante para aclarar brevemente el caso especial de la

temperatura. Como habrán podido observar, si llevamos la temperatura de un objeto hasta el

extremo de que no pueda ser comparada con otra, podrían suceder dos cosas: o que la

temperatura de dicho objeto se eleve hasta el infinito o que su temperatura alcance los cero

grados absolutos. Si aplicamos este caso al universo como continente, obtenemos que éste sólo

podría aceptar dos estados térmicos: o uno en el que su temperatura es infinitamente alta u otro

en el que su temperatura es de cero grados absolutos. El primer caso no sólo es improbable, sino

que es imposible de aceptar; el universo no existiría tal y como lo conocemos en caso de que ésto

fuese cierto. El segundo caso es más probable; el universo como continente o soporte de todo lo

que contiene, podría estar sometido a una temperatura de cero grados absolutos (en adelante

0 K) y aunque no lo parezca, existe un mecanismo que permite que ésto pueda ser posible y

que explicaremos más adelante. Al someter al universo (como continente) a una temperatura no

comparable con otra, como en este caso es la temperatura absoluta de 0 K, simplemente estamos

permitiendo que las leyes universales se cumplan. De hecho en el universo existe una radiación

(denominada radiación del fondo de microondas) extremadamente homogenea, que puede ser

detectada en cualquier lugar del universo y que se encuentra emitiendo a una frecuencia

equivalente a unos tres grados absolutos; temperatura muy cercana a los 0 K. Lo cual nos indica

que efectivamente, en el universo estamos más cercanos a una temperatura fría que a una caliente.

Podríamos dibujar una serie de escalas horizontales y delimitadas en sus extremos en una pizarra

y designar a cada una de ellas con cada una de las cualidades del universo: como la masa, la

densidad, el volumen (tamaño), la temperatura, etc. A un lado de la pizarra colocaríamos el

término de mínimo, y al otro lado el término de máximo; entendiendo como mínimo y máximo los

extremos absolutos a los que puede llegar una cualidad determinada del universo. De esta forma

en el extremo de las escalas que se encuentran situadas en el lado del mínimo, las diferentes

cualidades reflejadas estarían reducidas hasta el mínimo absoluto; donde no podrían ser

comparadas con las características de ningún otro elemento: temperatura mínima, masa mínima,

densidad mínima, etc. Si observamos detenidamente nuestra pizarra, comprobaremos que en

ninguno de los extremos de las escalas podremos encontrar algún elemento cuyas cualidades

puedan ser medibles o verificables físicamente. Aquello que denominamos como universo físico,

estará comprendido entre dichos extremos, pero sin llegar a tocarlos. Por consiguiente no tendría

sentido hablar sobre lo que hay por debajo del mínimo o por encima del máximo, no existe para

nosotros.

Ningún objeto podría tener una masa, una densidad, un volumen, una temperatura, etc. igual o

menor que cero o igual o mayor que las del universo en su totalidad. También podremos

comprobar que todas las cantidades medidas sobre cada una de las cualidades reflejadas son

siempre positivas, o lo que es lo mismo, están reflejadas en positivo, nunca en negativo.

Las consecuencias que se derivan de este hecho son evidentes: no existen cualidades negativas en

el universo. Pudiendo extenderse esta característica tanto a nivel concreto como a nivel abstracto.

A nivel concreto ya lo hemos comprobado, no pueden existir elementos en el universo que

posean alguna característica como la masa, la densidad, etc. que sea negativa. A nivel abstracto

podemos utilizar el ejemplo más familiar que conocemos: el del bien y el mal. Visto desde nuestra

perpectiva, podemos observar que tanto el bien como el mal no tienen una entidad propia; no

pueden existir el uno sin el otro.El mal no existe por si mismo, de la misma forma que tampoco

existe el bien. Las cosas son buenas y malas a la vez, y verlo de una forma u otra dependerá de

nuestra particular forma de ver las cosas. Esta sería la visión más humana que podríamos realizar

respecto a dichos conceptos; sin embargo, si aplicásemos a alguna de las escalas de nuestra

pizarra el concepto del bien y del mal, obligatoriamente tendríamos que designarla con el término

de "bien", puesto que todas las cantidades reflejadas en nuestra escala deben de venir expresadas

en cantidades positivas, no en negativas; es decir, que en realidad nuestro universo produce única

y exclusivamente cosas buenas, cosas positivas, y somos nosotros, mediante nuestro punto de

vista, los que las vemos de una forma o de otra.

Hemos visto cómo las cualidades del universo y de los elementos que éste contiene se expresan

siempre en positivo, nunca en negativo; sin embargo, existen cualidades en el universo que no

cumplen esta regla: como la polaridad o la carga eléctrica.

Los términos positivo y negativo se aplican en física desde que se comenzaron los primeros

estudios y experimentos sobre la electricidad. Recordemos que el estadista y científico Benjamin