EL HORIZONTE INTELIGENTE.

COMO SUPERAR LA VELOCIDAD

DE LA LUZ.

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Con este título no pretendemos mostrar el método exacto y la técnica necesaria para conseguir

dicho fin, sino simplemente mostraremos algunas lineas básicas, mediante la cuales se podría

conseguir nuestro objetivo, teniendo siempre muy en cuenta que hablamos de hipótesis.

Lo primero que vamos a hacer será enunciar algunos conceptos y el significado que les damos,

para más tarde poder comprender la idea principal: 

SISTEMAS DE FUERZAS: Todo aquello que existe en nuestro universo es un sistema de

fuerzas o depende de ellos para existir. Desde los quarks, los nucleones (Protones y neutrones),

pasando por los átomos, los planetas, las estrellas, las galaxias, hasta el mismo universo

en su totalidad, son sistemas de fuerzas. Pero no solo estos, ya que las configuraciones

de átomos que existen y que podemos crear son, así mismo, sistemas de fuerzas. El 

aire, el agua, la madera, el cristal, el plástico, etc., son sistemas de fuerzas que dependen de

los átomos y su estado para poder existir.

SISTEMAS DE FUERZAS EN EQUILIBRIO ESTÁTICO: Son configuraciones de átomos

que podemos encontrar en la naturaleza o crear artificialmente y que no están sometidos

a ningún tipo de esfuerzo externo. Además, no poseen un verdadero centro de gravedad,

pero si un centro de equilibrio y, por lo tanto, las fuerzas que se producen en dirección

a dicho centro, son las mismas que se producen hacia su exterior. Por otro lado, la masa 

total de dichas configuraciones suponen la suma de las masas de los átomos que las componen.

En este apartado podemos incluir los gases, los líquidos y los sólidos tanto naturales 

como artificiales, siempre y cuando no esten sometidos, como ya dijimos, a ningún tipo de 

esfuerzo externo.

SISTEMAS DE FUERZAS EN DESEQUILIBRIO: Son configuraciones de átomos que 

no se encuentran sometidos a ningún tipo de esfuerzo o tensión (en equilibrio estático), y

a las cuales se les somete a algún tipo de esfuerzo o tensión que les obliga a variar su volumen,

su forma, su temperatura, etc.. En el caso de los gases podríamos suponer un depósito

con cierta cantidad de gas en su interior y sometido a una presión, que puede ser, tanto

superior como inferior a la que se encuentra en el exterior del mismo. En el caso de un líquido,

podríamos suponer cualquier tipo de recipiente que contenga alguna clase de liquido.

A los sólidos se les puede someter a esfuerzos de tracción, torsión, presión, etc., etc., etc..

En todos los casos anteriores, siempre que desaparezca la tensión o el esfuerzo a los que 

les estamos sometiendo, las diversas configuraciones tenderán a recuperar su estado inicial,

y por tanto, su equilibrio estático, de una forma más o menos violenta. Las demás características

permanecen idénticas a las señaladas en el apartado anterior.

SISTEMAS DE FUERZAS EN EQUILIBRIO DINÁMICO: Son aquellos, que sin estar 

sometidos a ningún tipo de esfuerzo o tensión, producen una fuerza, que es independiente 

de la fuerza que producen cada uno de los elementos que lo componen, y que obliga, a dicho

sistema y a los elementos que lo componen, a permanecer de forma compacta y a 

existir y funcionar de forma autonoma. A diferencia de los dos apartados anteriores, la masa

total de estos sistemas es superior a la suma de las masas de los elementos que los componen.

Por otro lado, las fuerzas que se producen en su interior, van a ser crecientes en

dirección a su centro de gravedad y decrecientes en sentido opuesto, de forma que en su 

núcleo la materia se ve comprimida y condensada; aunque más bien hay que hablar de 

autocompresión y autocondensación, ya que es el propio sistema el que se produce a sí 

mismo dichas tensiones. En este apartado podemos incluir al quark, los nucleones, los átomos,

los planetas, las estrellas, las galaxias y así hasta llegar al propio universo.

FRECUENCIA: La frecuencia la emiten los diferentes sistemas de fuerzas en equilibrio

dinámico. De ella dependen su fuerza de atracción y el alcance de la misma, la densidad y 

la compresión en el interior de los mismos, y por último, su temperatura. (Que veremos a

continuación). Pero aunque todos los sistemas señalados poseen una frecuencia característica,

ésta puede variar, aunque siempre dentro de unos límites determinados para cada tipo

de sistema. Logicamente, los sistemas de fuerzas más pequeños son los que poseen una 

frecuencia más alta y a medida que el tamaño de los mismos aumenta, la frecuencia va 

siendo menor. Así mismo, de todos estos sistemas, el átomo es el que produce mayores

variaciones en su frecuencia, por lo tanto, será el que utilizaremos como guia para conocer 

el funcionamiento de dicha frecuencia.

Toda variación producida en la frecuencia del átomo, repercute automáticamente en lo que

podríamos llamar, sus constantes vitales (que ya vimos anteriormente). Ahora bien, el

átomo posee dos zonas bien diferentes, como son: la zona exterior y la zona interior. La

zona exterior es la que determina sus características físicas, que a su vez estan determinadas

por la fuerza electromagnética y por la temperatura (principalmente); de las cuales, aqui

solo haremos referencia a la fuerza electromagnética. A su vez, la fuerza electromagnética,

a la que tambien podemos denominar como campo de fuerzas, podemos subdividirla en dos

partes: la fuerza propiamente dicha, y el alcance de la misma.

La zona exterior es la que afecta directamente a las características físicas de la materia, de

forma que al disminuir la frecuencia de los átomos, la fuerza electromagnética de éstos

disminuye, pero el alcance de la misma aumenta, ya que el alcance de los campos de fuerzas 

y de atracción en general, están en proporción directa con su longitud de onda, de forma 

que a mayor longitud de onda, mayor es el alcance de los campos de fuerzas. (La longitud

de onda que emite un objeto viene determinada por la cantidad de vibraciones que genera

en una determinada cantidad de tiempo, que en el caso de emisiones electromagnéticas,

éste suele ser de 1 segundo. La cantidad de vibraciones que se producen en un segundo,

es a lo que denominamos frecuencia. Si la frecuencia de dicho objeto disminuye, la emisión

de cada una de las vibraciones emitida se espacia en el tiempo, y la longitud de onda se

hace mayor; ya que dicha longitud viene determinada por el espacio de tiempo que separa

una vibración de otra. De tal forma que cuanto mayor es el tiempo que transcurre entre la

emisión de un vibración y otra, mayor es la longitud de onda, y menor es la frecuencia.

Por otro lado, a cada una de las vibraciones emitidas por un objeto le acompaña una onda

que se aleja del mismo a la velocidad de la luz. En el momento en que se produce una nueva

vibración la onda anterior desaparece, pero dicha vibración genera una nueva onda que se

aleja del objeto a la misma velocidad que la anterior; y así sucesivamente. Si tenemos en

cuenta que cada una de las ondas emitidas ha recorrido una determinada cantidad de espacio

entre vibración y vibración, podremos observar cómo la longitud de onda emitida por

un objeto es determinante a la hora de conocer el alcance de su campo de fuerzas). En estas

condiciones la materia se vuelve blanda, maleable y elástica. Por el contrario, al aumentar

la frecuencia, aumenta la fuerza con la que se atraen los átomos, pero a su vez, la longitud 

de onda, y por tanto, el alcance del campo de fuerzas, disminuye. Todo esto produce una 

materia dura pero fragil a la vez. Esto es evidente, puesto que aunque la fuerza con la que 

se atraen los átomos es mayor, el alcance de la misma es menor, que es como decir, que si

en un principio los campos de fuerzas de los átomos se afectaban enteramente los unos a 

los otros, ahora solo se afectan en parte, lo que provoca que la unión existente entre dichos

átomos se rompa facilmente ante alguna acción violenta.

La zona interior es la que determina el tipo de átomo, su peso atómico, su estabilidad, su 

volumen espacio-temporal, etc.. Todo esto viene determinado por la cantidad de elementos

(nucleones), que existen en su interior. Dichos elementos están, por decirlo de alguna manera,

en comunicación directa con la frecuencia del átomo, como si de una caja de velocidades

se tratara. De forma que al aumentar de frecuencia, el átomo se autocomprime y se 

autocondensa, obligando a los elementos que lo constituyen, a su vez, a aumentar de

frecuencia. Siendo una característica común a todos los sistemas en equilibrio dinámico, puede

observarse que se produce un efecto rebote entre los diversos sistemas, que en este 

caso comienza en el átomo y termina en el quark. Si tomásemos como ejemplo a la Tierra,

el aumento de frecuencia de la misma repercutiría automáticamente en la frecuencia de sus

átomos componentes, que aumentaría; y así sucesivamente. Así mismo, el aumento de

frecuencia de la Tierra provocaría un inmediato aumento de la intensidad de su campo

gravitatorio, lo que obligaría a la Tierra a disminuir de tamaño, ya que ésta caería con mayor

fuerza en dirección de su centro gravitatorio. Por el contrario, si la Tierra disminuyese de

frecuencia, disminuiría la intensidad de su campo gravitatorio y se dilataría, por así decirlo.

(Lo que provocaría la disminución de frecuencia de sus átomos y partículas subatómicas

que los componen, y por consiguiente, su aumento de tamaño). Siendo esta una

característica que se puede aplicar a todos los sistemas de fuerzas en equilibrio dinámico.

TEMPERATURA: La autonomia de los sistemas en equilibrio dinámico les permite, no solo

autocomprimirse y autocondensarse, sino que tambien les permite autoequilibrarse; 

puesto que al aumentar de frecuencia, dichos sistemas repliegan el campo de fuerzas sobre 

si mismos, estabilizando de esta forma su centro de gravedad. Siendo el calor una forma de

movimiento, podemos observar que al estabilizarse dicho centro de gravedad, se produce 

una disminución de las vibraciones, y por tanto, una disminución de la temperatura. Por el

contrario, al disminuir de frecuencia, su centro de gravedad queda desestabilizado, (al igual

que una peonza), aumentando la amplitud de las vibraciones y aumentando de temperatura;

pudiendo decirse que la amplitud de las vibraciones es inversamente proporcional a la

frecuencia emitida por los diferentes sistemas.

Una vez aclarado estos conceptos, vamos a pasar a desarrollar la idea principal:

COMO SUPERAR LA VELOCIDAD DE LA LUZ: En el universo, la existencia de la

materia puede quedar delimitada por algo tan simple como es, el movimiento relativo (la

velocidad). Pero evidentemente, la materia no desaparece al alcanzar dichos límites, sino

que se transforma en energía. Ahora bien, estos son los límites que la naturaleza impone a

la materia, algo que  por ahora esta fuera de nuestro alcance. Sin embargo, el hombre esta

capacitado para  poner fin a la existencia de la materia de forma artificial, liberándose grandes

cantidades  de energía en dicho proceso. Pero no toda la materia se transforma en

energía en el mismo; a modo de ejemplo, podemos decir que en la fisión del átomo solo se

transforma el 0,1% de materia  en energía, elevándose este porcentaje hasta el 0,5% en el

caso de la fusión. En cambio, cuando la materia alcanza los límites del movimiento relativo,

se transforma totalmente en energía.

Evidentemente, el movimiento, en el sentido más amplio de la palabra, puede llegar a ser 

excesivamente grande o excesivamente pequeño, aunque tambien podría decirse, infinitamente

grande o infinitamente pequeño. Pero como el movimiento de la materia no puede 

ser infinitamente grande, la naturaleza lo ha limitado a 300.000 kms./seg., es decir, la velocidad

de la luz. Pero la naturaleza tambien crea las condiciones para que esto no llegue a 

ocurrir.

La barrera que impide que la materia alcance la velocidad de la luz, se crea gracias a la 

inercia. La gravedad es un campo de fuerzas inercial, que obliga a la propia Tierra y a todo

lo que se encuentra dentro de dicho campo, a caer hacia el centro de la misma. La inercia 

obliga a los vehículos a continuar andando una vez que se suelta el acelerador, hasta que se

detienen a causa de la gravedad y el rozamiento. Siendo la propia inercia la que delimita el 

movimiento máximo y mínimo de la materia en el universo, ofreciendo una resistencia

creciente a medida que nos acercamos a cualquiera de los extremos. Por lo tanto, uno de los 

elementos importantes a tener en cuenta a la hora de intentar superar la velocidad de la luz, 

suponiendo que nos desplazamos en el interior de una nave espacial, es anular la inercia 

de dicha nave. Con ello, lo que conseguimos es anular la barrera espacio-temporal que nos

impide conseguir nuestro objetivo; ya que tanto el espacio como el tiempo se terminan al 

alcanzar la velocidad de la luz. Por lo tanto, es evidente que para superar dicha velocidad, 

nuestra nave debe de recrear continuamente, su propio espacio y su propio tiempo,

transformándose en un sistema espacio-temporal con autonomia propia.

Visto del lado de los átomos, como sistemas de fuerzas en equilibrio dinámico, el aumento 

de velocidad incide directamente sobre la frecuencia de todos y cada uno de los elementos 

que los componen, disminuyendo progresivamente a medida que nos acercamos a la velocidad

de la luz. De forma que, si no existiese una barrera que nos impidiese alcanzarla, dicha

frecuencia continuaría descendiendo hasta detenerse por completo en el mismo instante

en que alcanzamos dicha velocidad. Lo que provocará que todos y cada uno de los elementos

que forman la materia, dejen de crear el campo de fuerzas que les obliga a mantenerse 

unidos, descomponiéndose la estructura de la materia y transformándose en energía. Por 

lo tanto, para intentar superar la velocidad de la luz, además de anular la inercia, debemos 

de impedir que los diferentes elementos que forman la materia, dejen de crear su propia 

frecuencia. Esta es la puerta que necesitamos abrir, y la llave se encuentra, justamente, en 

el extremo opuesto. 

Para alcanzar el extremo opuesto de la velocidad de la luz, debemos lograr que el movimiento

sea el menor posible, pero, aunque pueda parecer paradójico, no se trata de disminuir

de velocidad, ya que ésta siempre es relativa, sino que hay que conseguir que todos y 

cada uno de los elementos que forman la materia se muevan lo menos posible, y para

lograrlo, lo primero que hay que hacer es disminuir la temperatura. De esta forma, conseguimos

que la materia se estabilice en el espacio y disminuyan sus movimientos vibratorios,

aumentando de frecuencia y logrando que se comprima y se condense. Pero en este caso

tampoco podemos conseguir una temperatura infinitamente baja, sino que la naturaleza la 

ha limitado a -273,15 º C, a la que tambien denominamos como cero grados absolutos. 

Sin embargo, tambien en este caso la naturaleza crea una barrera que nos impide conseguir

dicha temperatura.

A lo largo de la historia se han hecho considerables esfuerzos para conseguir una temperatura

de cero grados absolutos, cosa que, como veremos más adelante, no es nada aconsejable.

La temperatura más cercana que se ha llegado a alcanzar, ha sido del orden de la

milmillonésima parte de un grado. Pero el esfuerzo que hay que realizar para llegar a conseguir 

dicha temperatura es considerable, y aún mayor deberá ser si queremos que la temperatura

siga descendiendo hasta el cero absoluto, volviendonos a encontrar con el problema de la 

inercia.

El obstáculo que nos encontramos al intentar bajar la temperatura de la materia, es que 

dicha materia, en su conjunto, se comporta como un sistema de fuerzas en equilibrio estático,

al que desequilibramos haciéndole bajar de temperatura y transformándolo en un sistema

de fuerzas en desequilibrio, y el problema es que los dos sistemas de fuerzas se oponen

entre sí. Por un lado, la materia tiende a subir de temperatura, y por el otro, tratamos que 

descienda su temperatura de forma artificial, lo cual no nos lleva a ningún lado. Lo que hay 

que conseguir es que dicha materia se transforme en un sistema de fuerzas en equilibrio

dinámico con autonomia propia; de esta forma conseguiremos que la materia se autocomprima, 

se autocondense y se autoequilibre al mismo tiempo; ya que, al fin y al cabo, al intentar

conseguir una temperatura de cero grados absolutos, lo que estamos intentando es conseguir 

la máxima densidad de la materia, y ello se consigue anulando todo movimiento vibratorio.

Al crear un sistema en equilibrio dinámico, conseguimos que la temperatura descienda por 

sí misma, sin necesidad de enfriarla artificialmente y siempre que la frecuencia de dicho

sistema aumente lo suficiente; ya que por el simple hecho de estabilizar los diferentes

elementos de la materia en el espacio, conseguimos eliminar toda vibración y, por

consiguiente, logramos que baje la temperatura de forma automática. El problema radica en

fabricar un sistema de fuerzas en equilibrio dinámico, cuya frecuencia podamos controlar a

voluntad y mediante el cual podamos conseguir nuestro objetivo. Pero la finalidad de esta

serie de ideas no es llegar a construir dicho ingenio, sino estudiar las fuerzas y los efectos

que producen los sistemas de fuerzas en equilibrio dinámico, dentro de los cuales se incluye

nuestro ingenio. Por lo tanto, vamos a suponer que podemos disponer de un ingenio como el

mencionado y vamos a proceder a estudiarlo con detenimiento.

Como comentabamos, al aumentar progresivamente la frecuencia de nuestro ingenio, éste 

se autocomprime y se autocondensa, estabilizándose en el espacio y disminuyendo de

temperatura, ya que al aumentar su frecuencia provocamos el aumento de frecuencia de los 

diferentes elementos que lo componen, desde los quarks, hasta los átomos. Ahora bien, al 

aumentar la frecuencia de dichos sistemas, conseguimos que aumente la intensidad de su 

campo de fuerzas, pero a costa de que éste disminuya su radio de acción, y entender este 

hecho va a ser fundamental a la hora de comprender lo que sucede a continuación.

Por el hecho de formar parte de un sistema, al que podríamos llamar de orden superior, los

átomos y los diferentes elementos que forman nuestro ingenio van perdiendo su propia  

inercia, ya que el control que tenemos sobre ellos es absoluto, (hay que tener en cuenta, 

que la inercia es la diferencia de tiempo entre una causa y su efecto, y ello esta directamente

relacionado por el grado de dependencia o independencia existente entre una causa y el 

objeto donde producimos dicho efecto), y en lugar de oponer resistencia, los diferentes 

elementos colaboran y están en sintonía con las fuerzas que le rodean; de tal forma que

responden de forma instantánea ante cualquier variación de frecuencia producida en nuestro 

ingenio. (Hay que aclarar que, como comentabamos en el apartado de "Sistemas de fuerzas

en equilibrio dinámico", las fuerzas que se producen en el interior de ellos, son crecientes 

en dirección a su núcleo y decrecientes en sentido opuesto. Por lo tanto, la parte de nuestro

ingenio en la que se producirán mayores cambios será en su propio núcleo, donde

conseguiremos anular la inercia y donde al mismo tiempo, conseguiremos el máximo de

densidad y el mínimo de temperatura). 

La estructura de la materia y de sus elementos en particular, se mantiene gracias a los diferentes

campos de fuerzas que producen y sobre todo, gracias a que dichos campos interaccionan

entre sí; es decir, que dos partículas se atraen entre sí, porque cada una de ellas 

se encuentra dentro del campo de fuerzas de la otra, de tal forma, que se crea una fuerza 

de interacción entre dichas partículas. Sin embargo, en el interior de nuestro ingenio la

estructura de la materia comienza a peligrar, ya que los campos de fuerzas que producen 

cada uno de los elementos que la forman, son cada vez más pequeños. 

Llegado el momento, la materia que se encuentra en el núcleo de nuestro ingenio alcanza 

los cero grados absolutos, y los diferentes sistemas que se encuentran en su interior han 

aumentado la intensidad de sus campos de fuerza hasta el máximo; así mismo, la frecuencia

de todos y cada uno de los diferentes sistemas ha aumentado igualmente hasta el máximo lo

que provoca que el radio de acción de los campos de fuerzas producidos por dichos sistemas

se reduzca a cero; es decir, desaparecen las fuerzas de interacción existente entre los

diferentes  sistemas y la materia pierde toda su estructura, transformándose en energía.

Consiguiendo, de esta forma, un núcleo de densidad máxima, cuya inercia se ha reducido

por completo y donde ha desaparecido toda vibración. 

Ahora bien, nuestro núcleo de energía, en su conjunto, crea un campo de fuerzas de alta 

intensidad y de alta frecuencia, que anula la inercia de los sistemas que se encuentran dentro

de dicho campo. Suponiendo que nuestro ingenio se encuentra en el interior de una 

nave espacial, esto quiere decir que: por un lado, las aceleraciones y deceleraciones producidas

por la misma no la afectan en absoluto, ya que se ha anulado la inercia en su interior, 

y por otro, que al aumentar de velocidad, los diferentes sistemas que componen nuestra 

nave no disminuyen de frecuencia, con lo cual eliminamos la barrera física que nos separaba

de la velocidad de la luz. (Los conceptos por medio de los cuales hacemos funcionar nuestro

ingenio, son faciles de entender: gracias a nuestro ingenio logramos crear un núcleo de energía

sometido a una temperatura extremadamente baja; esta energía, a su vez, enfría a nuestra nave

gracias al campo de fuerzas producido. Pero lo que realmente es importante de comprender, es

que nuestro núcleo de energía, !!ya es energía!!, y en consecuencia, no podrá transformarse en

energía al alcanzar la velocidad de la luz; creándose un circuito dinámico donde la materia de

nuestro ingenio mantiene a la energía confinada, y ésta, a su vez, mantiene la estructura de

nuestra  nave, impidiendo que ésta se transforme en energía al alcanzar la velocidad de la luz).

De esta forma, tambien hemos eliminado las barreras espacio-temporales que nos separaban

de nuestro objetivo, puesto que en el interior de la nave (gracias al campo de fuerzas

electromagnético producido por medio de nuestro ingenio), estamos produciendo nuestro

propio espacio y nuestro propio tiempo, en lugar de desplazarnos a través del espacio y

del tiempo, como hacíamos en un principio.

(De todo esto se deduce que un objeto, cuya temperatura este situada muy cercana a los cero

grados absolutos, tendrá muchas posibilidades de superar la velocidad de la luz, aunque sólo sea

en unos pocos mts/seg. o kms/seg., antes de transformarse en energía)

Solo quede por resaltar, que nuestro nucleo de energía deberá de continuar en iguales

condiciones, porque en caso contrario, es muy posible que dicha energía se liberase de forma 

espontánea. 

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